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Análisis Económico: El dilema del dólar ‘cash’ en Cuba

A partir de este 21 de junio, las bóvedas de las instituciones bancarias cubanas se cierran para los billetes más usados en el mundo. Desde ese día, sólo se aceptan dólares a través de transferencias.

Según la economista y Máster en Desarrollo Local Tamarys Lien Bahamonde, la decisión afectará directamente a las familias que utilizan esa moneda para comprar artículos de primera necesidad en las tiendas de MLC (Moneda Libremente Convertible). Tanto para quienes reciben dólares en efectivo, como para quienes los adquieren con sus ingresos en pesos cubanos, la medida representa un encarecimiento de los productos, debido el costo añadido por el canje monetario.

Bahamonde considera que, con la directiva del Banco Central de Cuba, se transfiere el costo de las tasas de cambio a los ciudadanos. De esa forma, se añade una carga más a las familias que sufren de desabastecimiento y una reducción constante de su poder adquisitivo, debido a la hiperinflación.

El rechazo de los dólares en efectivo por los bancos cubanos es también un lastre para las PYMES (Pequeñas y Medianas Empresas) que habían adoptado esa moneda para sus operaciones corrientes. “Las más afectadas serían los negocios de restauración y hostería”, estima la catedrática.

El impacto de la decisión sobre el turismo es igualmente inquietante para Bahamonde, pues se trata del sector en el que Cuba deposita sus esperanzas de recuperación económica. Aunque se planea la implementación de sistemas de tarjetas prepago para extranjeros, “es muy difícil pedirle a un turista que viaje sin dólares, que es la moneda que opera internacionalmente”.

La economista reconoce que “se han empeorado las condiciones para Cuba en los mercados financieros internacionales desde 2005”, pero con mayor agresividad desde la administración Trump. No obstante, el escenario que ha conllevado a esta medida no es una sorpresa, sino “un impacto totalmente esperado” y era una responsabilidad de los diseñadores de políticas públicas preverlo y limitar su impacto.

En este sentido, la profesora de la Biden School of Public Policy and Administration observa una “tendencia en los últimos meses a priorizar la economía por encima de los impactos sociales de las políticas”. A su juicio, no se aprecia “una intención objetiva, directa o explícita de tomar medidas alternativas” que frenen el deterioro de la calidad de vida de los cubanos. Hasta el momento, señala la economista, tampoco se han concretado iniciativas hacia lo interno para incrementar la productividad y suplir los productos que no se pueden adquirir en los mercados internacionales.