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2019, el «annus horribilis» de las relaciones Cuba-EEUU

Foto: Otmaro Rodríguez.

El año que hoy termina está considerado por muchos analistas como el peor entre Cuba y Estados Unidos en los últimos tres años. El Departamento de Estado incluso ha admitido que no tiene gran interés en mejorar las relaciones mientras la isla no introduzca reformas y deje su alianza con el gobierno de Caracas.

Cuando el 17 de diciembre de 2014 se restablecieron las relaciones entre los dos países a nivel de embajadores y el 20 de marzo de 2016 el presidente Barack Obama desembarcó en el aeropuerto de La Habana, muchos seguidores de las relaciones bilaterales estimaron que no había retroceso en ese deshielo, que era un fait-accompli. Lo que nadie anticipó fue que en el destino de los países se iba a atravesar un empresario inmobiliario de Nueva York llamado Donald John Trump.

Durante la campaña electoral de 2016, Trump tuvo manifestaciones contradictorias sobre Cuba. Se balanceó mucho, como un péndulo. Comenzó por decir que quería un mejor acuerdo con Cuba que el negociado por Obama. Después dijo que no quería acuerdo alguno, coqueteó con el corte diplomático total y terminó diciendo que a lo mejor «se puede conversar con los cubanos porque yo soy el mejor negociador del mundo».

Pero cuando fue electo, una de las primeras cosas que hizo fue aparecerse en la Pequeña Habana, en Miami, y ante un auditorio de apenas 700 personas y dijo que lo suyo era acabar con la «dictadura cubana», garantizó que iba a ser «muy duro» con Cuba y estableció una serie de condiciones como la liberación de los presos políticos, la democratización del país y un retroceso en los acuerdos firmados por Obama. Llegó al punto de firmar una proclama presidencial para gaudium del auditorio y casi sortear la pluma Sharpie ante el alboroto de los que se encontraban más cerca.

El cumplimiento de ese plan comenzó con la creación de un grupo de asesores, pero se fue moviendo muy lentamente. Comenzó con el senador cubano-americano Marco Rubio, se amplió al asesor de Seguridad Nacional John Bolton, al que se les unió el asesor presidencial especial, el también cubano-americano Mauricio Claver-Carone. Pero los dos primeros años fueron muy lentos. De la Casa Blanca no llegaban cambios significativos. Algunos en Miami comenzaron a desesperarse.

El presidente Donald Trump muestra una orden ejecutiva firmada sobre la política con Cuba junto al entonces gobernador de Florida, Rick Scott el congresista Marco Rubio, el vicepresidente Mike Pence y varios miembros del exilio cubano. Foto: EFE.

Cuando todo comienza a cambiar

Foto: Rui Ferreira

En noviembre de 2018 se dan los primeros movimientos serios. Todo comienza cuando Bolton viaja a Miami para explicar la política latinoamericana del mandatario. Empezó por definir que para Trump, Cuba, Venezuela y Nicaragua integraban la «troika tiránica», aseguró que se aproximaban políticas duras contras los tres países, pero dejó a los asistentes con el agua en la boca porque no dio más detalles. Solo dijo que la administración estaba sopesando cuidadosamente reactivar el Título 3 de la Ley Helms-Burton, pero que todavía no había consenso, por lo cual «debemos aún estudiar más ampliamente el asunto para saber qué hacer».

Del mismo modo, cuando le sugirieron que Estados Unidos debería encausar «de inmediato» al primer secretario del Partido Comunista cubano, general Raúl Castro, por el derribo de las avionetas de Hermanos al Recate en 1996, lo que precisamente condujo a la promulgación de la Ley Helms-Burton por parte del ex presidente Bill Clinton, Bolton también se fue por la tangente y dejó a otros desilusionados: «Mejor lo dejamos para cuando Cuba sea un país democrático», afirmó. Y regresó a Washington.

El asesor de Seguridad Nacional John Bolton hace una pausa durante un discurso sobre las nuevas políticas del gobierno el miércoles 17 de abril de 2019 en Coral Gables, Florida, dentro de la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos en el 58vo aniversario de la fallida invasión a Cuba. Foto: Wilfredo Lee / AP.

El año 2019

En abril de este año, coincidiendo con el aniversario del desembarco de Playa Girón/Bahía de Cochinos, curiosamente una iniciativa fracasada de Washington, el secretario de Estado Mike Pompeo da una rueda de prensa y anuncia que la administración decidió la aplicación integral de la Ley Helms-Burton, lo cual permite que estadounidenses y cubanos naturalizados demanden a empresas extranjeras que operan en Cuba.

Y comienza todo el retroceso. La administración inicia una ofensiva casi total de desmantelamiento de lo que se había logrado durante el deshielo de Barack Obama. Se trata de una serie de sanciones con impacto casi inmediato en la vida de la isla, sobre todo en el incipiente sector privado, que se ve privado de su principal clientela foránea con el fin de los cruceros a la isla, las restricciones de los vuelos directos con Estados Unidos, lo que provoca una seria merma en la clientela de los restaurantes privados, el alquiler de apartamentos y habitaciones privados, el servicio de taxis y la industria privada de souvenirs, los guías de turismo y toda una gama de profesiones que habían surgido alrededor del turismo.

En términos nacionales, es casi el desastre absoluto con el recrudecimiento de las sanciones a las empresas gubernamentales, principalmente las que se encuentran bajo administración militar. Como dijo a OnCuba el ex diplomático cubano Carlos Alzugaray, si los dos años anteriores fueron mal, 2019 ha sido el peor.

«Desde que asumió Trump, cada año ha sido peor debido a las acciones unilaterales de su gobierno. Toda la política del presidente ha sido una suerte de emulación con sus predecesores, que tuvieron como objetivo un cambio de régimen en Cuba y por métodos coercitivos. Lo interesante y paradójico es que se han recrudecido hasta el paroxismo todo tipo de sanciones constitutivas del bloqueo después que bajo Obama se habían restablecido las relaciones diplomáticas e iniciado un proceso de normalización”, afirmó.

En su opinión, parece que el presidente Trump «se encuentra enfrascado en revertirlo todo y retrotraerlo a los años 1961-1977, en que no había ninguna relación y en que hasta los contactos pueblo a pueblo eran inexistentes», agregó el ex diplomático, para quien no hay motivo ninguno para «este recrudecimiento, como pudo existir durante los años de la Guerra Fría».

Habaneros despiden al último crucero el pasado 5 de junio. Foto: Reuters.

Un dato en este enfrentamiento actual es el papel de la prensa norteamericana, que se ha desentendido del asunto y se ha enfrascado en «campañas de noticias falsas en torno al rol de Cuba en Venezuela y su política de cooperación en materia de salud». Además, el cambio de política de Trump se debe a «consideraciones de índole doméstica, como favorecer a un sector del electorado de Florida partidario de acciones duras contra Cuba o la regional como la situación en Venezuela y Sudamérica», subrayó Alzugaray.

Sin embargo, el reforzamiento de las restricciones económicas y sociales no parece conducir al corte total de relaciones. «Se han recibido señales de ambas partes de que no están interesadas en una ruptura total, lo que hace pensar que, de haber un cambio de gobierno en Estados Unidos en el año 2020, se podrán recuperar en un periodo relativamente corto», enfatizó el ex diplomático cubano, para quien si hubo algo de positivo en todo este proceso es «la inteligencia de la diplomacia cubana en no dejarse provocar, incluso a pesar de las muy agresivas acciones de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, sobre las cuales solo puedo decir que no tienen nada de diplomáticas».

Para el académico cubano Rafael Hernández, el deterioro tiene otros matices «menos peores».

«Lo ‘más peor’ de la política de Estados Unidos hacia Cuba ha sido la virtual suspensión del flujo migratorio ordenado (acordado desde 1995-96), al cerrar la oficina consular en La Habana con el pretexto de los ataques sónicos«, una situación completamente decidida del lado norteamericano que ilustra el efecto contraproducente, más que sobre el gobierno de la isla, sobre todos los cubanos, aquí y allá”, afirmó a OnCuba el también director de la revista Temas.

Otro matiz «peor» es «el uso del miedo, y su impacto sobre las visitas y el contacto entre las dos sociedades. Junto a la cancelación de las licencias de viajes pueblo a pueblo y el fin de los cruceros, el enrarecimiento de las visitas a Cuba, y en particular la afectación a los intercambios académicos y culturales, construidos contra viento y marea durante más de tres décadas, se han visto dañados como nunca antes. A pesar de mantenerse el interés entre instituciones de ambos lados, y de no haberse cancelado la licencia general para estos intercambios, las ‘advertencias de seguridad’ que emite el gobierno de Estados Unidos sobre las visitas a Cuba han tenido un efecto inhibitorio», puntualizó.

Una adversidad, sin embargo que ha puesto tanto más de relieve la fuerte motivación de académicos y artistas, iglesias, empresarios, aerolíneas, científicos, etc. de sobreponerse a las restricciones a la libertad de información y al bloqueo, y provocado una rechazo «de los cubanos de aquí y de allá que no se resignan al aislamiento», dijo Hernández.

El académico es partidario de ver las crisis bilaterales en términos de «vasos medio llenos», por lo cual «no me voy a referir a la muy conocida lista del daño (o retroceso) infligido a Cuba mediante acosos y sanciones», sino  a «la lista de ‘lo que pudo haber sido, que es significativamente larga».

Así las cosas, «no se  suspendió la cooperación entre los servicios de guardacostas en materia de migración y narcotráfico, ni se cancelaron las doce categorías que permiten visitar la isla (solo la de pueblo a pueblo), ni se suspendió el servicio de las catorce aerolíneas que viajan (se restringieron a La Habana, pero siguieron a varias ciudades de Estados Unidos), ni se puso a Cuba en la lista de países terroristas, ni se cerraron las licencias concedidas al Rockwell Institute y a la cadena hotelera Starwood, ni se ilegalizó la actividad cubana de Airbnb, ni los permisos a Google y otras empresas de comunicación, ni se prohibieron las relaciones académicas y artísticas».

Esto, en su opinión, muestra que «más allá de diferencias ideológicas, tenemos intereses comunes, evidencia que se expresa en la continuidad de las visitas a la isla y las remesas, y demuestra que ninguna de estas políticas restrictivas responde a una base política cubana, ni al mito de que los emigrados votan con los pies cuando se van de la isla. Por encima de todo, el puente entre la sociedad cubana y su emigración se reafirma», acotó. Pese a que Estados Unidos cerró su Consulado en La Habana y perjudicó altamente los viajes de cubanos a su vecino del norte.

Aún así, los dos analistas coinciden en que, como expresó Hernández, «el saldo de 2018-2019 es negativo en términos absolutos, y ha sido enteramente obra norteamericana».

Cronología

17 de abril: El secretario de Estado Mike Pompeo anuncia que el presidente Trump no suspendería por ningún período adicional de tiempo el Título III de la Ley de Libertad Cubana y Solidaridad Democrática, más conocida como Ley Helms-Burton. Este título permite a los ciudadanos estadounidenses cuyas propiedades fueron nacionalizadas en los años 60 a demandar en los tribunales a cualquier persona, al margen de su nacionalidad, que «trafique» a sabiendas e intencionalmente con esas propiedades, e incluye a aquellos ciudadanos cubanos interesados, que fueron nacionalizados estadounidenses con posterioridad a las expropiaciones de los años 60.

2 de mayo: El asesor de seguridad nacional de la administración Trump, John Bolton, declara que Cuba tiene 20.000 soldados en Venezuela y que estaba interviniendo en sus asuntos internos. No presenta evidencias.

3 de mayo: La administración Trump activa el Título III de la Ley Helms Burton. A partir de 1996, en que fue firmada por Bill Clinton, las sucesivas administraciones habían pospuesto cada seis meses su aplicación tras un acuerdo con varios socios comerciales con inversiones en la Isla, en particular de la Unión Europea y Canadá.

12 de mayo: Los senadores Marco Rubio y Bob Menéndez presentan un proyecto de ley para prohibir el reconocimiento oficial o derechos de marcas comerciales cubanas en Estados Unidos.

5 de junio: El Departamento del Tesoro anuncia la política de no permitir viajes culturales y educativos de contacto con el pueblo cubano, más conocidos como people-to- people, y otras medidas relacionadas con los servicios de viaje y transporte, remesas, banca, negocios de comercio y telecomunicaciones. “Estas acciones ayudarán a mantener a los dólares estadounidenses fuera del alcance de los militares y los servicios de inteligencia y de seguridad cubanos”, dijo el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin.

5 de junio: Parte de La Habana el último crucero de Estados Unidos, terminando así con un breve boom.Llegaron a operar 17 compañías y 27 buques. Según John Kavulich, presidente del U.S.-Cuba Trade and Economic Council, los cruceros aportaron al gobierno cubano entre $63 millones y $107 millones, una ínfima parte de los $2,500 millones en ingresos que reportó el Ministerio de Turismo ese año.

6 de septiembre: El Departamento del Tesoro modifica el Reglamento de Control de Activos de Cuba para imponer nuevas sanciones a Cuba. “A través de estas enmiendas regulatorias, el Tesoro está negando el acceso de Cuba a las divisas y estamos frenando el mal comportamiento del gobierno cubano mientras continuamos apoyando al pueblo de Cuba que tanto sufre”, dijo el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin.

Las nuevas sanciones aumentan las restricciones para el envío de remesas y transacciones bancarias. Estados Unidos impone un límite de mil dólares por trimestre en el envío de remesas familiares. También prohíbe el envío de remesas a familiares cercanos de funcionarios cubanos y miembros del Partido Comunista.

Asimismo, impone restricciones a las transacciones U-turn, que consisten en transferencias de fondos llevadas a cabo mediante un banco estadounidense, pero que no se originan ni tienen como destino a ese país, y en las que ni el emisor ni el receptor están sujetos a la jurisdicción norteamericana. Con la nueva regla, la Casa Blanca pone fin a un permiso previo autorizando estos movimientos.

25 de octubre: El gobierno estadounidense anuncia que va a suspender los vuelos de aerolíneas comerciales al interior de la isla. A partir del 10 de diciembre, solo estarán autorizadas a aterrizar en La Habana. Ello significa la suspensión de vuelos a otros 10 aeropuertos a lo largo de la Isla. La prohibición de vuelos al interior no se aplica a los vuelos chárter.

15 de noviembre: Coincidiendo con la celebración del 500 aniversario de La Habana, el gobierno de Estados Unidos añade cinco hoteles a su lista de empresas con las que los estadounidenses tienen prohibido negociar. En un comunicado emitido un día antes de ese aniversario, el Departamento de Estado informa que estos cambios entrarán en vigor el día 19 de noviembre.

27 de noviembre: Las nuevas restricciones de viaje a Cuba impuestas por Estados Unidos repercutieron negativamente en el sector turístico del país caribeño. En septiembre del año 2018 viajaron a Cuba 51.776 estadounidenses, en el mismo mes del 2019 solo lo hicieron 13.094, para una disminución del 74,7%.

De enero a septiembre de este año los visitantes estadounidenses disminuyeron un 5,2 %, pasando de 460.288 a 436.453.

10 de diciembre: Entra en vigor la medida sobre los vuelos comerciales anunciada el 25 de octubre.

16 de diciembre: Carlos Fernández de Cossío, director del departamento de Estados Unidos de la cancillería cubana declaró en La Habana que: “Cuba quiere relaciones normales con EEUU, pero si la administración del presidente Donald Trump rompe los nexos oficiales entre los dos países, La Habana no va a perder el sueño”.

Epílogo

En los primeros días de enero, Trump viene a Miami hacer un discurso que, sin duda, abordará las relaciones con la isla y Venezuela. Será momento para constatar si el annus horribilis del 2019 se prolongará en el decenio que se abre.