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Un nuevo peldaño en una larga escalera

Foto: Kaloian Santos.

En los últimos años se ha convertido un dato habitual escuchar y leer sobre múltiples planes y programas encaminados a resolver todo tipo de problemas en la nación cubana, económicos o de otra índole. No es algo negativo por sí mismo, pero debiera ser más eficiente trabajar de forma ordenada sobre políticas trazadas y estrategias definidas con planes y definiciones, y no hacer las cosas “improvisando”.

Lo problemático es cuando se montan planes y documentos programáticos unos detrás de otros. Muchas veces solo representan intenciones, deseos, más que estrategias o definiciones. Y peor, muchos contienen postulados que se contradicen entre sí.

Ahora muchos de esos deseos reciben el nombre de “medidas”. Suponen infinidad de horas dedicadas a crear estos planes, discutirlos, analizarlos en diferentes niveles, muchas veces sin verse un resultado práctico y palpable y con falsas expectativas.

En su más reciente legislatura el Parlamento cubano ha tomado la decisión de aprobar 75 medidas encaminadas a recuperar la economía. Nuestros deseos es que se logren, pero para eso hay que subir más rápido los escalones. Y la escalera no puede seguir alargándose.

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De esas 75 medidas anunciadas, las autoridades competentes del MINCEX y del MINCIN acaban de explicar las siguientes:

La aprobación de estos negocios será realizada por la autoridad competente. Para ello se debe velar que estén en correspondencia con los objetivos para los que fueron aprobados. Esto no amerita una opinión. Es elemental.

Si se manejaran sin burocratismo y sin las trabas por la que ha atravesado la inversión extranjera en el sector estatal, estas medidas podrían significar un gran salto en la producción de bienes y servicios.

Algunos economistas y otros estudiosos han dicho que no entienden las razones que existen para seguir manteniendo el monopolio estatal sobre el comercio exterior. Pero las autoridades persisten y persisten en demostrar que es y será así.

Ana Teresita González Fraga, viceministra primera de Comercio Exterior, dijo el pasado 15 de agosto ante la televisión cubana lo siguiente: ”hoy hay quienes intentan mostrar el monopolio estatal sobre el comercio exterior como un capricho centralizador y sobre esa opinión se vierten numerosas críticas en este tema”. Señaló que se debe partir del control estatal sobre la actividad de comercio exterior y la ejecución por entidades estatales de las operaciones de exportación e importación. “Al monopolio del comercio exterior no hemos renunciado ni renunciaremos. Este es un elemento muy importante que se debe tener en cuenta”, afirmó.

Evidentemente, esas frases están encerradas más en razones político-ideológicas que en técnicas, como ha sucedido en el pasado con otras decisiones que, al cabo del tiempo, han tenido que modificarse. Si lo que pretende la política económica cubana es propiciar el mejoramiento del bienestar y atenuar las desigualdades creadas en la sociedad, un error estratégico es justamente mantener el monopolio estatal del comercio exterior. Los desequilibrios estructurales visibles hoy en la economía son resultado no solo del Bloqueo, sino también de decisiones económicas mal tomadas. Y es evidente que dentro de ellas ha estado la forma de hacer el comercio exterior.

Hace un tiempo escribió en OnCuba el economista Oscar Fernández: “El control estatal absoluto sobre el comercio exterior está lejos de constituir un principio del socialismo, y mucho menos si funciona a través de una estructura monopólica. Lo único que produce eficientemente son obstáculos al desarrollo de las fuerzas productivas, así como un formidable instrumento de control y recaudación no tributaria. Promover la importación comercial privada tendría más costos que beneficios si se le sugiere únicamente para establecer un sistema no estatal de comercio interior. Pero, al mismo tiempo, para el desarrollo acelerado de producciones domésticas que deben ser acometidas por el sector privado y cooperativo sí resulta imprescindible”.

Lo importante no es solo la autorización para importar, sino qué actividad se desarrollará con los productos importados. Lo importante es autorizar el comercio minorista más extendido. En definitiva, el hecho de que hoy las mipymes hayan tenido que importar a través de una empresa estatal, no ha impedido en todos los casos que desarrollen su actividad. Puede costarles un poco más el producto; puede existir alguna que otra demora burocrática, pero ese no ha sido el problema mayor. El problema mayor ha sido cuando esa mipyme le ha pagado el valor del producto a la empresa estatal de comercio exterior y esta última no ha podido honrar su deuda al exportador extranjero con los recursos líquidos obtenidos de la mipymes porque el país ya no cuenta con ellos. O porque los haya utilizado en la mayor de las urgencias de la sociedad.

No se había clamado solo por la liberalización de las importaciones con carácter comercial, sino también por la apertura de los mercados minoristas de consumo a las mipymes, cooperativas y a la inversión extranjera, como lo expresa el colega Pavel Vidal en un artículo del 4 de agosto del 2022. “¡Entiéndase de una vez y por todas: la sociedad no puede continuar tomando los recursos que no le pertenecen, sean de una mipyme o de un particular, ¡o de una empresa estatal! Ese es uno de nuestros tantos nudos gordianos.”

En las medidas recién aprobadas vuelve a repetirse que la liquidez que obtenga el país por concepto de impuestos y otros ingresos asociados a estos negocios se dedicará a estimular la producción nacional, respaldar las importaciones de los productos de línea económica y comercializarlos a la población en pesos cubanos. Una pregunta: ¿Y eso mismo no se argumentó cuando aparecieron las tiendas en MLC? ¿Cuáles han sido los resultados? Desabastecimiento en todo el comercio en moneda nacional.

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Muy buena idea la planteada de facilitar que las modalidades de inversión extranjera establecidas en el país para la prestación de bienes y servicios puedan vender en el segmento del comercio mayorista, incluyendo a las formas de gestión no estatal, ONG, embajadas, representaciones empresariales y sucursales en Cuba.

Hay preguntas que se hace la población constantemente sobre las cadenas de ventas en MLC, estatales por cierto. ¿Por qué las tiendas en MLC están llenas de productos que tienen poca rotación o ninguna, muchas con vencimiento o caducidad? ¿Quién decidió su compra? ¿Quién rinde cuentas por eso? Creo que el privado puede cuidar mejor su dinero.

Habría que preguntarle a los proveedores extranjeros que se encuentran en el país por qué desconfían del sistema bancario nacional. Por qué están siempre buscando variantes de pagos en el extranjero. Qué sucede con las transferencias al exterior. ¿Se trata únicamente de las presiones del bloqueo de Estados Unidos? que, por cierto, no las minimizo.

Se conoce (y no es nada novedoso) que las empresas de comercio exterior, salvo excepciones, tienen mucha burocracia. Pareciera que la orientación que reciben consiste en trabar los procesos.

Es además preocupante la discrecionalidad que lleva este proceso, es decir, la utilización de criterios de selectividad para aprobar que hagan comercio exterior a un grupo de “actores no estatales”. Se conoce que eso, a veces, le abre el camino a la corrupción.

Pero, además, se menciona que hay que eliminar el carácter excepcional de la participación de la inversión extranjera en el comercio minorista. Hoy no es excepcional, pero tampoco es abierto completamente. “Tiene que primar un mercado estatal y hoy defendemos programas sociales que atendemos, por lo cual no será un comercio minorista abierto, pero tampoco restrictivo como estaba establecido hasta el momento”. Se vuelve una y otra vez a estas frases, hay que decirlas para estar bien con otras entidades o con el gobierno, pero a la vez se quiere dar esperanza.

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En conclusión, hasta el momento las instituciones cubanas y el gobierno no han sido capaces de concebir a Cuba sin un fuerte control, sin una elevada centralización —es decir, sigue vigente un modelo muy vertical. De ahí entonces que se ha llegado a un nivel de deterioro de casi todos sus indicadores, incluso afectando los logros sociales alcanzados en esferas como la educación y la salud. Como decía el también economista Mauricio de Miranda: “Un buen gobierno no consiste en controlar a la sociedad, sino en utilizar mecanismos reguladores para evitar los fallos del mercado, sin que ello implique que imperen los del Estado”. Y luego: “Pretender que se mantenga el modelo de economía centralmente administrada, cuando existen evidencias de que en lugar de promover el desarrollo lo frena, es asegurar la persistencia del subdesarrollo, el deterioro del nivel de vida de la población y el aumento de la sangría migratoria”.

En definitiva, las nuevas medidas recién aprobadas están apelando a buscar fuentes de recursos externos. Y estoy de acuerdo. Pero, a la vez, debería facilitarse aún más la gestión de las empresas privadas —es decir, la inversión nacional—, para que ellas también participen en el comercio mayorista y minorista.

En general son medidas positivas, aunque insuficientes, pero permiten subir un peldaño más en la escalera que nos coloque en el piso de la esperanza.