Lino Novás Calvo: el cronista que no se conocía

Lino Novás Calvo

Lino Novás Calvo

La reciente aparición por la editorial villaclareña Capiro de España Estremecida (Crónicas en Orbe) compilado por la investigadora cubana Cira Romero, redescubre para los actuales lectores de Cuba el periodismo vital de Lino Novás Calvo, un escritor fundamental para la historia de la literatura cubana, cuya obra de ficción comenzó a ser de nuevo publicada a finales del siglo pasado en la Isla tras años de imperdonable silencio.

El hecho de que Novás Calvo, nacido en Galicia en 1903 y residente en Cuba desde la infancia, emigrara a los Estados Unidos en 1960, lo borró durante un largo período del canon insular, a pesar de ser considerado uno de los precursores del “boom” latinoamericano de los 60, especialmente por su novela Pedro Blanco el Negrero,de 1933.

Pero su revalorización como escritor, ocurrida en 1990, cuando el ya fallecido escritor Jesús Díaz realizara para Letras Cubanas una antología que incluía sus libros de cuentos y su novela cumbre, no ocurrió pareja a un reconocimiento de la vasta labor periodística de una figura que formó parte de la nómina de las más importantes publicaciones de su época y que hizo de este oficio una expresión al nivel de sus grandes aportes literarios.

Muchos escritores cubanos y de otras partes del mundo han ejercido la escritura al mismo tiempo que se convirtieron en grandes cronistas. Pero siempre suele verse al periodismo como algo menor, una especie de aporte curioso a todo el quehacer de la poesía o de la prosa de ficción.

Últimamente ha habido, sin embargo, en la Isla, una especie de renacer del trabajo para la prensa de algunos de sus autores mayores como son los casos de Alejo Carpentier, Gastón Baquero (cuyo Paginario Disperso fue recogido por Carlos Espinosa) y ahora Novás Calvo de quien, por cierto también Espinosa publicará en breve otros trabajos en el Fondo de Cultura Económica también relacionados con la guerra de España.

Según la compiladora de España Estremecida, Cira Romero, la situación económica de Lino Novás Calvo era bastante inestable y, a la sazón, se presentó la oportunidad de que a su gran amigo José Antonio Fernández de Castro, que había dirigido el suplemento literario del Diario de la Marina, la propia empresa editorial le encomendara la jefatura de redacción de un semanario gráfico e informativo de actualidad mundial que llevó por título Orbe.

Así, entre 1933 y 1939, Novás escribió desempeñando sus funciones de corresponsal en Madrid las cincuenta crónicas que componen este volumen, publicado por primera vez en 2013 por la editorial española Renacimiento.

Destaca Romero que no puede obviarse el artista que había en el autor de Pedro Blanco… y su conocimiento del periodismo norteamericano, a partir de su perfecto dominio del idioma inglés.

“Este nuevo periodismo que comenzó a gestarse en la prensa de Estados Unidos a comienzos del siglo XX, y cuyos límites se entrecruzaban entre la creación literaria y el hecho mismo, y que aportó el cuidado del lenguaje, la correspondencia exacta entre lo objetivo y lo subjetivo y la adopción de puntos de vista, unido a la metaforización de la vida cotidiana, fue el que cultivó este hombre llamado Lino Novás Calvo”, afirma la prologuista y compiladora.

Asimismo opina Romero que para el escritor el trabajo en Orbe, además de proporcionarle lo indispensable para sobrevivir, le aportó ganancias mucho más solventes en el orden de la escritura: le enseñó a observar que no es lo mismo que ver, le enseñó a escrutar en el entorno buscando claves que le permitieran irrumpir en la impronta de una escritura que a él se le daba con cierta facilidad.

En este sentido habría que remitirse también al prólogo de la antología de ficciones publicada por Jesús Díaz en donde este afirma que aquel viaje a España y los sucesivos que realizó a Francia y Alemania lo pusieron en contacto con la cima universal del período junto a las traducciones que realizó de autores como Faulkner, Huxley y Laurence.

Refiréndose a su experiencia de la Guerra de España, Díaz también señalaba que allí le tocó, entre otras experiencias, ver la muerte de su amigo Pablo de la Torriente Brau.

Pensé –dijo entonces Novás Calvo– que hubiera querido morir con él, luchando a su lado. Hubiera sido un morir doblemente bello, morir como un héroe.y con sus camaradas resumidos en la misma persona.

La publicación de estas crónicas servirá, sin duda, para un conocimiento mayor de la obra de este grande de la literatura cubana.

Como bien se expresa en la nota de contracubierta, en estas (las crónicas) como en sus cuentos están presentes recursos literarios como las aliteraciones, las metáforas salidas del contacto con el pueblo, los retruécanos que ya van enriqueciendo una prosa que ha sido diseñada, quizás sin proponérselo, para dialogar de manera sui-géneris con una realidad compleja que tiene su propia temperatura, que no es otra que la temperatura de la realidad, del calor de la vida.

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