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¿Qué pasa si gana Trump?

Trump habla durante un mitin en el Aeropuerto Internacional de Lansing, Michigan, el martes 27 de octubre. Foto: Evan Vucci / AP.

A muy pocos días del 3 de noviembre, las encuestadoras en Estados Unidos están más celosas que nunca. Calculan y recalculan todas las posibles variables que pudieran reconducirlas al chasco del 2016.

Las encuestas parecen ser mucho más sólidas; dicen que la victoria de Joe Biden es la más probable, pero nadie hace público ese vaticinio. Quien sí se atrevió a hacerlo no es encuestador y ni siquiera político: el magnate Rupert Murdoch, propietario de todo un imperio periodístico del que forma parte Fox News, cadena noticiosa que apoya a Donald Trump. ¡Pero Murdoch no vaticinó la victoria de Trump, sino la de Biden! Incluso le pronosticó al diario digital Daily Beast que sería por una avalancha de votos. Para Murdoch, la derrota para Trump se deberá a su pésimo tratamiento de la pandemia actual.

Trump, a bordo del Air Force 1, aterriza en el aeropuerto de Goodyear, en Phoenix, el 28/10/ 2020. Foto: EFE.

Según la encuestadora FiveThirtyEight, una de las más técnicas, complejas y confiables en el mercado nacional de las encuestas, Biden tiene un 87 % de posibilidades de ganar las elecciones frente a un 13 % de Trump. Uno diría que entonces Biden va a ganar seguro. Pero como se dice en este país, “lo único seguro son la muerte y los impuestos”. Si a usted le dan un hipotético revólver con un tambor de diez tiros, donde habría una sola bala, para un 10 % de probabilidades de que se vuele los sesos, ¿estaría dispuesto a jugar a la ruleta rusa? 

Por eso, no hay nada totalmente seguro hasta el día 3 de noviembre y posiblemente hasta después, si la contienda es muy reñida. Hay que esperar a contar las boletas por correo, seguir interminables sesiones en las cortes y hasta en la Suprema Corte de Justicia.

EEUU: elecciones marcadas por tensiones pocas veces vistas 

Pero, al fin y al cabo, ¿qué pasará si gana Trump? Según comentaristas, expertos, conductores de programas, columnistas opuestos al presidente y cientos de miles de demócratas de a pie, la democracia se acabará para siempre en Estados Unidos. El panorama será desolador. Hasta la realidad circundante cambiará de color, hacia lo oscuro. Los supremacistas blancos se convertirán en milicias personales de Trump y se suspenderá toda inmigración para siempre. Hay hasta quienes comparan a Trump con Hitler.

En resumen, que lo que ha durado 244 años desde el cuatro de julio de 1776, una república democrática con fuertes instituciones y hegemonía mundial, se acabará con cuatro años más de Trump. No lo creo.

Estados Unidos ha disfrutado de una gran ventaja, que se convierte en desventaja ante las adversidades. Dentro de su territorio, en toda su historia, ha habido solo un gran conflicto: la Guerra Civil de 1861. Muy lejos de las tres grandes guerras europeas ––además de decenas de guerras locales–– que asolaron a Europa hasta el día de hoy. Después de todas esas guerras, donde de verdad se cambia el color de la realidad circundante hacia lo oscuro, Europa sigue siendo hoy un luminoso faro democrático, donde reina esa simple palabra que no admite apellidos: libertad.

Es cierto que en estos cuatro años el gobierno de Donald Trump nos ha mostrado su peor imagen: demagogia, mentiras, arrogancias y caprichos internacionales. Es un individuo que realmente conspira contra la estabilidad institucional en los Estados Unidos de América. Pero ¿qué pasa si al final de todo el proceso electoral, a pesar de acusaciones de fraude recíprocas, litigios en las cortes, ataques al corazón y manifestaciones populares, el sistema electoral estadounidense le otorga la presidencia a Donald Trump? Pues que a la mayoría ciudadana calificada1 en dicho sistema, que votó y eligió a Trump, le parece todo lo contrario que a mí: que no miente, ni es arrogante o caprichoso; que lo ha hecho estupendo, que está limpiando las instituciones de gente izquierdista, que es un gran patriota y ama mucho a la patria americana.

Entonces habrá dos rutas. La primera es aceptar los resultados electorales y seguir navegando por las difíciles y amenazadas rutas de la democracia bajo Trump, para no perderla queriendo defenderla, manteniendo el sistema político más estable del mundo por los últimos 244 años. La segunda es no reconocer los resultados electorales, abriendo las puertas a cuatro años más de discordias políticas y sociales, y a una posible nueva guerra civil––aunque sea de baja intensidad–– , 165 años después que terminara la primera. Ese conflicto afectaría al mundo entero.

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Nota:

1 Se usa el término “mayoría ciudadana calificada” ya que en Estados Unidos no se elige al presidente por una mayoría absoluta de votantes, sino por las mayorías estatales, que determinan los votos electorales.