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De Costa Rica hacia el norte… a pie

 

Ramón Iván se cansó de esperar. Tiene 21 años y dice que no puede narrar nada impresionante, porque si alguien ha tenido buena suerte es él. Era uno de los miles de migrantes cubanos varados en Costa Rica. Ya no. No quiso esperar por un entendimiento entre diplomáticos y funcionarios migratorios. Consiguió una forma de seguir su camino hacia Estados Unidos, atravesando el espinazo de América Central y cruzando el río Bravo por un puente de Texas.

“Allí pasaba de todo” le contó a OnCuba acerca del albergue de Peñas Blancas, donde habitó durante un mes con otras quinientas personas. “Hubo peleas serias. La comida dejó de llegar y por ende dejaron de dárnosla a nosotros. Pasó más de una vez. Incluso la información, que al principio llegaba de primera mano a cargo de vicecancilleres y todo tipo de funcionarios del gobierno, se transformó en volantes pegados a la pared.”

La desesperación fue clave en su decisión y más cuando se percató de que Costa Rica no manejaba, a mediados de diciembre, ninguna solución concreta.

Ramón Iván conoció a un mexicano quien le presentó la oportunidad de cruzar. Recibió la oferta y no lo pensó dos veces. Dice que no confía en gobiernos ni en políticas, pues eso siempre va a ser incierto. No quería que su futuro dependiera de una promesa.

Salió de Costa Rica a pie, caminando diez kilómetros (calcula él) por una selva en compañía de un coyote y de otro cubano, su compañero de viaje desde Ecuador, cruzando ríos,  hasta alcanzar Nicaragua. Entonces comenzó la parte complicada: un segundo coyote los llevó hasta una rastra. Los encerraron dentro, sin ninguna ventilación y compartiendo oxígeno con otras treinta personas. Empezaban un viaje por carretera de seis horas hasta Managua.

En el camino, solo detuvieron el vehículo una vez, durante una hora. No sabe qué habló el chófer con la policía. En Managua, bajo la guía de un tercer coyote, unas busetas los condujeron a él y a otros cuatro cubanos hasta la frontera con Honduras, donde se entregaron a la policía de ese país. Lo más difícil terminó donde mismo acababa Nicaragua. Demoró treinta horas en llegar a México, con la asistencia del cuarto y hasta un quinto coyote.

“Guatemala la crucé sin problemas porque pagué. Todo estaba bien cuadrado, organizado a un nivel que ninguno de nosotros tiene idea”, recuerda Ramón Iván, asombrado por la precisión con que lo desplazaron. Conoce a otras personas que siguieron su mismo camino y tuvieron menos suerte. Sabe que muchos fueron estafados y merodearon durante días perdidos en la selva costarricense, sin tropezar con el río San Juan, que marca la frontera con Nicaragua.

Dice que no es el más valiente pero tampoco el más cobarde. Calculó riesgos. Pidió garantías. Cruzó América Central y llegó a Chiapas, México. Alcanzar ese país era el dilema detrás de la situación de los cubanos a la espera en Costa Rica, aunque su objetivo final sea los Estados Unidos. Los diplomáticos del gobierno de Enrique Peña Nieto pedían que los migrantes cubanos llegasen a su territorio por un tercer país, que serían Guatemala y Belice.

Antes de iniciar su odisea centroamericana, Ramón Iván vivió y trabajó durante un mes en Ecuador, con la idea de hacer un dinero antes de emprender el viaje. Siguió el camino de otros tantos cubanos, hasta que le cortaron el paso, y comenzó a vivir la crisis migratoria que ha sido noticia durante semanas y que involucra a otros miles de cubanos.

“Yo cogí gases lacrimógenos, bro” me cuenta a través del chat acerca del violento incidente con el ejército de Nicaragua cuando él y otros 800 cubanos intentaron acceder a ese país el pasado 15 de noviembre. “Llegué cuando estaban abriendo el portón de la frontera. Ellos nos dejaron pasar y después hicieron lo que hicieron. Al primer disparo que oí me quede congelado.”

En México se enteró del acuerdo político para permitir el traslado de los 8 mil cubanos en Costa Rica. Pero Ramón Iván hizo ese mismo día su propio puente aéreo: un vuelo lo sacó de Chiapas hacia una localidad fronteriza con Texas. Pasaporte cubano en mano, se “entregó” a las autoridades migratorias en uno de los cruces. Los migrantes sin visa, nacidos en Cuba, escuchan a los oficiales migratorios de Estados Unidos recibirlos con un “Welcome to the United States of America”.