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Las cifras terribles de las plataformas de transporte

Foto: Pxhere.

Hace un par de semanas un colega de Uber colocó un comentario en su página de Facebook que me llamó poderosamente la atención. Decía que se había comprado una pequeña cámara de video que colocó dentro del carro apuntada hacia dentro para poder defenderse de las falsas acusaciones que le pudieran imputar sus pasajeros.

El comentario vino a colación por un caso de otro colega a quien una pasajera acusó de intento de violación. El colega en cuestión terminó siendo absuelto pero el peligro, y el temor, quedaron.

Cuando inicié mi proceso de inscripción para manejar Uber y Lyft, una de las cosas que me llamó la atención fue que ninguna de las dos plataformas de transporte me pidió una declaración de antecedentes penales. Y, aunque la segunda me contrató a los dos días la primera tardó tres semanas en responder porque, según me explicaron, tenía en mi pedigree una multa de exceso de velocidad de seis años antes. Aparentemente se supone que la multas de tráfico se borran de los antecedentes a los cinco años y eso no había pasado en ese entonces.

No hay duda que eso para Uber es más importante que un antecedente penal de índole criminal. Incluso, hace dos meses se descubrió que un criminal de guerra de Sudán se refugió en Estados Unidos hace como 10 años y estuvo dos de ellos trabajando con Uber. El asunto salió a relucir cuando el hombre fue detenido por el FBI ya que constaba en una lista de personas buscadas y se descubrió su conexión con Uber. La empresa, naturalmente, lo sacó de la plataforma con discreción e intentó aplacar el escándalo con la explicación de que desconocía el pasado del individuo.

Esta semana Uber hizo un esfuerzo para ser un poco más transparente y reveló algunas cifras. Son espeluznantes. Según el primer informe que ha publicado desde su fundación hace 10 años, Uber ha tenido que lidiar presuntamente con 3,045 asaltos sexuales por parte de sus chóferes sólo en el año 2018. Lo anterior, no se sabe.

En una nota que publicó el The New York Times sobre el asunto, se demuestra que a menos que Uber hubiera voluntariamente presentado la cifra real, nunca hubiéramos sabido la dimensión real del problema porque el departamento de Policía de Nueva York solo tiene registrados 533 violaciones y otros crímenes sexuales ocurridos en el año 2018.

Para el asesor legal de Uber, Tony West, estas cifras son “difíciles de digerir” pero también demuestran que Uber es “una reflejo de la sociedad a la que sirve”. Es una explicación traída por los pelos porque solo a partir del año pasado fue que Uber comenzó a indagar los antecedentes penales de su gente, no apenas los de tránsito y, a consecuencia de ello, han cortado relaciones con 40.000 colaboradores en todo el mundo.

Desde entonces la empresa lo único que ha hecho es duplicar el número de empleados de su división de seguridad, pero nada más. Los choferes no hemos recibido ninguna instrucción en particular y mucho menos un entrenamiento, aunque fuera virtual, para saber cómo actuar, por ejemplo, frente a acusaciones falsas.

Es más, existe un llamado «botón de pánico» que está solamente accesible al pasajero pero es complicado de usar. ¿Se imaginan un chófer amenazando el cliente y buscando el botón en medio del ataque? Especialmente porque tiene que pasar por tres pantallas antes de aparecer el botón. El botón llama automáticamente al teléfono de emergencias del país pero como la llamada se origina en un celular el operador del número de emergencia no tiene una idea exacta de dónde se está dando el incidente. Y los choferes, esos, pobres de nosotros, ni botón de emergencia tenemos.

Se sabe que en todos lados hay manzanas podridas. Uber y Lyft no son excepciones, y todo el mundo sabe que un ataque, una violación, incluso un intento de besar al cliente, son delitos serios en este país. Es cierto que muchos de estos comportamientos se deben al estado de ebriedad de los choferes, otro delito que además conlleva automáticamente a la expulsión de la plataforma. Y esto también es válido para los pasajeros, porque al menos el año pasado 8% de los delitos sexuales fueron perpetrados por los pasajeros.

Hasta ahora no me he sentido amenazado por nadie. Pero me temo que el asunto pudiera agravarse, porque solo en el año 2018 ocho choferes fueron asesinados, contra siete pasajeros. No es un cifra cualquiera, porque la ideal debiera ser cero. Nosotros no andamos ni debemos andar armados, pero Uber, la mayor plataforma mundial de transporte público, tampoco nos ha explicado cómo defendernos ante un ataque. El seguro que nos facilitan solo cubre el pasajero.