Desde la populosa avenida Galiano hasta la bucólica Quinta de los Molinos, corre la calle Salud. Entre fachadas mayormente desgastadas, tendidos cruzados y el bullicio de vecinos y vendedores, esta emblemática arteria atraviesa el corazón de Centro Habana con su atmósfera densa y ruidosa.
Su recorrido está marcado por el cruce de importantes vías como Belascoaín e Infanta y su proximidad a otras avenidas como Zanja, Reina y Carlos III. Por demás, en ella radica la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, consagrada a la Patrona de Cuba, y en sus cercanías se encuentran lugares como el parque El Curita, el Barrio Chino y el Hospital Emergencias.

El nombre de la calle viene de otro tiempo, cuando se levantaba allí la ermita del Señor de la Salud. Convertido después en parroquia durante el siglo XVIII, en los bordes de un antiguo camino que comunicaba la ciudad amurallada con sus alrededores, aquel templo desapareció, pero su denominación y legado aún da identidad al lugar.
Con el paso de los siglos, la expansión urbana de la ciudad llenó los vacíos de aquella zona. Se edificaron nuevas manzanas; se construyeron comercios, fondas, casas altas de vecindad. De esta forma, la antigua ruta hacia los afueras se convirtió en una calle habitada y de intenso trasiego.

Mucho ha llovido desde los orígenes de esta calle y, si piensa en el significado de su nombre, su entorno actual muestra entonces una imagen que para muchos roza la paradoja.
Como sucede a tantas otras calles a lo largo de la isla, Salud es una vía marcada por el deterioro, la precariedad cotidiana, la insalubridad que aflora en baches y acumulaciones de basura, en el azote de los apagones y la epidemia de arbovirosis que se extiende por toda la ciudad y el país.
Sin embargo, a pesar de no pocas dificultades esta arteria habanera conserva su espíritu y vitalidad. Aun con el visible contraste entre su nombre y el desgaste de construcciones y aceras —al margen de casas y negocios restaurados por sus propietarios—, vecinos y comerciantes sostienen la vida y la memoria del barrio.
Salud, entonces, no solo es un nombre, sino también de alguna forma un reflejo de la persistencia en medio de la precariedad. Así nos la muestra hoy Otmaro Rodríguez en su habitual recorrido fotográfico de cada domingo por la capital cubana.










