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“Mi amolll, tírame una foto. Que ninfas así quedan pocas en este mundo”, dijo la mujer cuando me cruzó en plena avenida 23 y advirtió mi cámara colgada al cuello. Se detuvo, posó y sonrió. Yo alcé la cámara y clic. La escena duró apenas unos segundos y, sin embargo, condensó algo que se repite una y otra vez en estas fotografías. Se trata de esa relación casi natural que muchos cubanos establecen con la imagen, como si el gesto de ofrecerse al lente fuera parte orgánica de la vida cotidiana.

El cubano es dado a la foto. O, mejor dicho, la foto parece sentirse cómoda y a gusto entre los cubanos. No se esconde, no se evita, no genera rechazo de entrada. Más bien se vuelve parte del diálogo, del intercambio, de una manera de afirmarse en medio de la calle. Y, me atrevo a decir, eso ocurre en muy pocos lugares del mundo.

Todo esto sucede incluso dentro de un contexto complejo. Un contexto atravesado por la escasez, la desolación, las colas que se vuelven paisaje, los apagones que interrumpen el ritmo de la vida y la incapacidad repetida de quienes gobiernan. A ello se suma el peso del bloqueo y esa cadena de grises que termina marcando el día a día en la isla. Sin embargo, junto a todo eso, todavía se respira un aire propio y difícil de explicar. Circula por las calles, se mueve entre los barrios y parece sostenerse en la memoria compartida. Es una brisa tierna, persistente, donde la desesperanza no termina de instalarse del todo y donde siguen apareciendo gestos de cariño, actos de solidaridad y pequeñas formas de cuidado, incluso en los momentos más difíciles.




En Cuba, la fotografía rara vez se vive como una intromisión. Más bien funciona como un intercambio. Hay cercanía, confianza rápida, complicidad espontánea. La cámara se transforma en un punto de encuentro, una excusa para conversar, para bromear, para decir algo de uno mismo mientras queda registrada la imagen. Retratar, en muchos casos, también es conversar y escuchar. Es abrir un espacio breve donde alguien se nombra y se reconoce frente al lente.
Hace ya casi dos décadas que me dedico a la fotografía. Durante buena parte de ese recorrido procuré no interferir en lo que sucedía delante del lente. Prefería la espontaneidad, el gesto que aparece sin pedirlo, la escena que se arma por sí sola mientras el fotógrafo apenas acompaña. Con el tiempo, sin embargo, empecé a romper de a poco esa regla personal. Empecé a pedir retratos, a invitar a las personas a posar, a proponerles que se quedaran un segundo más frente a la cámara. Ese cambio se dio, sobre todo, en Cuba. Allí siento, como en ningún otro lugar, que la gente y la cámara construyen un vínculo particular, una confianza que nace rápido y que permite trabajar con otra proximidad.




Estas fotos no buscan maquillar la realidad ni convertir la crisis en un espectáculo. Tampoco aspiran a ofrecer una versión definitiva del país. Intentan, más bien, acercarse a ese lugar donde conviven la dureza del contexto y la obstinación por seguir adelante; donde el cansancio es evidente, pero también lo es la voluntad de sostener la vida, el humor, los vínculos y cierta dignidad que no se rinde con facilidad.



Fotografiar Cuba implica aceptar esa complejidad. Implica caminar, escuchar, conversar, quedarse un rato más y entender que detrás de cada imagen hay una historia que no siempre puede verse completa. Implica mirar sin romanticismos, pero también sin cinismo. Mirar con cuidado, con respeto, con la conciencia de que cada retrato involucra a alguien que se abre por un instante ante la cámara.
Porque, a pesar de todo, hay algo que persiste. Persisten los vínculos que sostienen la vida cotidiana. Persiste el humor, que aparece como defensa y también como alivio. Persiste la memoria, que insiste en no desaparecer. Persiste una dignidad que, aun golpeada, encuentra la manera de afirmarse. Y es por esa persistencia cotidiana, silenciosa y muchas veces invisible, que sigo creyendo que mi pueblo merece todo lo bueno que la vida —y quienes deberían administrar con responsabilidad el destino del país— todavía le deben.












