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Por Deniz Torcu, IE University
Hace unos días, The Guardian publicó una advertencia contundente: según Yvette Cooper, ministra del Interior británica, gobiernos extranjeros, con Rusia como actor destacado, están difundiendo vídeos falsos generados por inteligencia artificial para debilitar el apoyo occidental a Ucrania y fomentar la división en países europeos.
Estas campañas no son simples maniobras propagandísticas. Forman parte de una estrategia de desinformación a gran escala cuyo impacto va mucho más allá de la política. La desinformación, especialmente cuando utiliza IA generativa, se está convirtiendo en un riesgo económico estructural.
A menudo se interpreta la desinformación como un fenómeno social, político o cultural. Sin embargo, cada vez más investigaciones señalan que tiene efectos directos sobre la economía real. La erosión de la confianza, la polarización social, el retraso en decisiones de inversión, la desestabilización del mercado laboral y la dificultad para aprobar políticas públicas eficaces generan un coste económico creciente.
La confianza, un activo económico que se deteriora rápidamente
La confianza no es una abstracción moral, sino un recurso económico con impacto directo en el crecimiento. Investigadores como Robert Putnam y Luigi Guiso han demostrado que los países con mayores niveles de confianza interpersonal e institucional obtienen mejores resultados en inversión, productividad e innovación. Las instituciones internacionales también lo reconocen: el Banco Mundial incorpora la calidad institucional y la confianza en sus análisis de gobernanza.
La desinformación deteriora este recurso de forma acelerada. Cuando la ciudadanía duda de la autenticidad de lo que ve, escucha o lee, el consenso mínimo que permite coordinar decisiones económicas desaparece.
La evidencia económica confirma este efecto: la OCDE ha demostrado que la caída de la confianza institucional, uno de los primeros efectos de un entorno informativo contaminado, aumenta la incertidumbre, reduce la eficacia de las políticas públicas y frena las decisiones de inversión. Su informe “Trust and Public Policy” ofrece un análisis detallado de cómo la erosión de la confianza afecta al desempeño económico.
A ello se suma un creciente cuerpo de investigación que muestra cómo la desinformación erosiona variables económicas clave. Un modelo desarrollado por el investigador y profesor japonés Taiji Harashima demuestra que la difusión de información falsa reduce la confianza mutua, esencial para coordinar expectativas y productividad. Una revisión internacional de 2024 concluye que la desinformación debilita la legitimidad institucional y dificulta la implementación de políticas públicas. En Europa, un informe del observatorio de medios digitales IBERIFIER documenta cómo la degradación del ecosistema informativo agrava tensiones y afecta directamente a la gobernanza.
Cuando la confianza se erosiona, la economía pierde uno de sus fundamentos: la previsibilidad. Invertir, contratar o innovar se vuelve más difícil en sociedades que ya no comparten una base común de hechos.
Cuando una mentira se hace viral, la economía lo nota
La IA generativa ha transformado la escala y la velocidad de la desinformación. Ya no hace falta una maquinaria propagandística compleja. Se calcula que los deepfakes crecieron un 550 % entre 2019 y 2023, lo que ilustra hasta qué punto la capacidad de producir manipulación digital.
Basta un vídeo creado en segundos que simule declaraciones inexistentes para alterar la conversación pública. Un ejemplo reciente es el vídeo del expresidente estadounidense Joe Biden, difundido durante la campaña presidencial de 2024, en el que se mostraba un futuro caótico bajo un hipotético segundo mandato de Biden. Este tipo de materiales busca sembrar miedo, manipular la opinión pública, modificar agendas mediáticas, amplificar tensiones políticas y erosionar la confianza pública.
El vídeo, generado con IA, fue ampliamente compartido en redes sociales antes de que se confirmara que era falso y formó parte de un patrón más amplio de manipulación informativa durante la campaña.
Incertidumbre creciente y menor inversión
La inversión depende de la previsibilidad y estabilidad del entorno. La proliferación de vídeos falsos, audios manipulados o campañas coordinadas introduce ruido informativo y aumenta la percepción de riesgo.
Según un análisis de la consultora Deloitte, los países que tienden a registrar un crecimiento del PIB per cápita más alto y un aumento de diez puntos porcentuales en la proporción de personas que confían pueden elevar el crecimiento anual del PIB real per cápita en alrededor de medio punto porcentual.
Es decir, pequeñas variaciones en la confianza social pueden tener efectos acumulativos significativos sobre la economía, lo que convierte a la desinformación en un riesgo económico mucho más profundo de lo que parece a simple vista.
Un riesgo sistémico para un continente ya tensionado
Europa afronta una combinación de retos sin precedentes. Envejecimiento acelerado, pérdida de competitividad industrial, dependencia exterior en tecnología y energía, tensiones geopolíticas en Ucrania, también en Oriente Medio, y presión migratoria creciente.
En este escenario, la desinformación funciona como un amplificador de fragilidades. No genera los problemas, pero los magnifica hasta convertirlos en crisis.
La alerta publicada por The Guardian debe leerse en este marco. La instrumentalización de la mentira con fines geopolíticos se inserta en un contexto en el que la desinformación ha sido identificada como uno de los principales riesgos globales. Para el Foro Económico Mundial (World Economic Forum), la desinformación y la información errónea constituyen el riesgo más grave a corto plazo a escala mundial, ya que puede erosionar la cohesión social, intensificar la polarización e incrementar la inestabilidad política en sociedades ya tensionadas.

En este sentido, los países que consigan reforzar sus defensas informativas y su resiliencia institucional estarán mejor posicionados para sostener su crecimiento y estabilidad, mientras que aquellos más expuestos a la desinformación podrían experimentar un deterioro de su cohesión social, su atractivo inversor y su influencia internacional.
Qué puede hacer Europa para mitigar el impacto económico
Las respuestas existen y muchas están ya sobre la mesa.
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Regulación tecnológica y trazabilidad obligatoria. El Digital Services Act y el AI Act de la Unión Europea suponen avances importantes, pero no suficientes. La trazabilidad de contenidos generados por IA, como marcas de agua digitales obligatorias, será esencial para impedir que vídeos manipulados se difundan sin control.
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Educación mediática para toda la población. La alfabetización informacional no debe limitarse a jóvenes y estudiantes. Es necesario formar también a adultos, trabajadores y responsables públicos. Los países nórdicos ofrecen un ejemplo valioso: en países como Finlandia, la educación mediática está presente desde la infancia y se extiende a lo largo de toda la vida, con políticas públicas que integran la alfabetización mediática en todos los niveles del sistema educativo y en programas de formación continua para adultos.
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Fortalecimiento de los medios y del ecosistema informativo. La OCDE y el Foro Económico Mundial han señalado que un periodismo sólido es un estabilizador económico, no solo democrático. Apoyar medios rigurosos y reforzar los mecanismos de verificación contribuye a reducir la incertidumbre.
Políticas públicas que regeneren el capital social
La cohesión social también es una inversión económica. Estudios recientes muestran que son las sociedades con mayores niveles de confianza, inclusión y estabilidad institucional las que tienden a registrar mejor desempeño económico. Un análisis de 2025 demuestra que la cohesión social tiene efectos positivos, directos e indirectos, sobre el crecimiento, especialmente a través de una mayor inversión. Además, la política de cohesión de la Unión Europea ha documentado históricamente que reducir desigualdades territoriales y sociales contribuye al desarrollo económico sostenible.
Por ello, fortalecer la igualdad de oportunidades, la participación ciudadana y el tejido comunitario no es solo una cuestión democrática: es una estrategia económica que aumenta la resiliencia frente a la desinformación y facilita la adopción de políticas públicas eficaces.![]()
Deniz Torcu, Adjunct Professor of Globalization, Business and Media, IE University
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.












