El Gobierno cubano negó este domingo la existencia de bases extranjeras y organizaciones terroristas en la isla, y aseguró estar dispuesto a “reactivar” la cooperación con EE.UU.
Tales afirmaciones fueron hechas por el Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) en una declaración emitida este domingo, en medio de la creciente tensión bilateral y las fuertes presiones de Washington a La Habana tras los sucesos del pasado 3 de enero en Venezuela.
En particular, el comunicado resulta una nueva respuesta de las autoridades cubanas a la reciente orden ejecutiva de Donald Trump que busca bloquear el suministro de petróleo a la isla.
En esa orden, firmada el pasado jueves, Trump declaró a Cuba como un riesgo extraordinario para la seguridad nacional de Estados Unidos. La medida prevé aranceles contra países que vendan o suministren petróleo a la isla, lo que en la práctica amenaza con una asfixia energética.
Entre los argumentos de la Casa Blanca para adoptar esa draconiana decisión se haya la acusación de que Cuba alberga “las mayores instalaciones de señales de inteligencia en el extranjero de Rusia”, además de supuestas relaciones con organizaciones terroristas.
Analistas señalan que estos argumentos de la Administración Trump reviven narrativas de la época de la Guerra Fría y buscan justificar nuevas medidas de presión contra la isla.
Minrex: ni bases extranjeras ni vínculos con el terrorismo
En su comunicado, la Cancillería cubana rechazó de manera tajante las acusaciones de Trump.
“Cuba no alberga bases militares o de inteligencia extranjeras y rechaza la caracterización de ser una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos. Tampoco ha apoyado ninguna actividad hostil contra ese país ni permitirá que nuestro territorio se utilice contra otra nación”, señala la declaración.
La Habana subrayó que su política exterior se basa en el respeto a la soberanía y la independencia, y que no existe evidencia que respalde las acusaciones de Washington.
Además, el Minrex señaló la condena “inequívoca” de Cuba al “terrorismo en todas sus formas y manifestaciones” y declaró “categóricamente” que la isla “no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas”.
“Nuestro país mantiene una política de tolerancia cero frente al financiamiento del terrorismo y el lavado de dinero, y está comprometido con la prevención, detección y enfrentamiento de actividades financieras ilícitas, en consonancia con los estándares internacionales”, afirmó.
Asimismo, aclaró que “cualquier interacción pasada” con personas posteriormente designadas como terroristas “ocurrió únicamente en contextos humanitarios limitados, vinculados a procesos de paz reconocidos internacionalmente, a solicitud de sus respectivos gobiernos, de manera plenamente transparente”, en referencia a los guerrilleros del ELN albergados en su momento.
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Disposición a cooperar “sin renunciar jamás” a la soberanía
A través del Minrex, el Gobierno cubano reiteró su disposición a dialogar y cooperar con Estados Unidos, aunque con la soberanía y la independencia como líneas rojas.
“Cuba está dispuesta a reactivar y ampliar la cooperación bilateral con los Estados Unidos para hacer frente a amenazas transnacionales compartidas, sin renunciar jamás a la defensa de su soberanía y la independencia”, refiere la declaración oficial.
En particular, La Habana propone a Washington “renovar la cooperación técnica” en áreas como “la lucha contra el terrorismo, la prevención del lavado de dinero, el combate al narcotráfico, la ciberseguridad, la trata de personas y los delitos financieros”.
Además, el comunicado asegura que la isla “continuará fortaleciendo su marco jurídico para respaldar estos esfuerzos, consciente de que cuando ha existido voluntad de las partes, se ha podido avanzar en estos frentes.”
Finalmente, el Minrex consideró que “el pueblo cubano y el pueblo estadounidense se benefician del compromiso constructivo, la cooperación conforme a la ley y la coexistencia pacífica”, y reafirmó la disposición cubana a “mantener un diálogo respetuoso y recíproco” con EE.UU.
Tal diálogo, dijo, debería estar “orientado a resultados tangibles” y basarse “en el interés mutuo y el derecho internacional”.
La declaración del Minrex llega tras otros pronunciamientos desde La Habana que apelaban a la resistencia frente a las medidas de Washington, aunque sin cerrar del todo la puerta al diálogo, y también en medio de rumores e informaciones sobre posibles reuniones entre ambas partes.
El propio Donald Trump ya ha dicho que se han realizado contactos, aunque sin ofrecer detalles, y ha instado al Gobierno cubano a “hacer un trato”, mientras La Habana no confirmado esos supuestos encuentros.
La antigua base de Lourdes
Tras las afirmaciones de Trump sobre bases rusas en Cuba, expertos y medios han recordado que la base de Lourdes, ubicada al sur de La Habana, fue cerrada en octubre de 2001 por decisión del presidente Vladimir Putin, tras más de tres décadas de operaciones en Cuba.
El centro, inaugurado en 1962, era considerado la mayor instalación de señales de inteligencia fuera de Rusia, capaz de interceptar comunicaciones en gran parte de la costa este de Estados Unidos.
Putin anunció el retiro de las tropas y técnicos rusos en un encuentro con sus generales, en el que argumentó razones económicas y estratégicas, en un contexto de redefinición de prioridades militares tras el colapso de la Unión Soviética en 1991.
El cierre de Lourdes marcó el final de un símbolo de la alianza militar entre Moscú y La Habana, que había sobrevivido incluso a la desaparición de la URSS. La decisión fue interpretada como un gesto de acercamiento de Rusia hacia Washington en plena posguerra fría, aunque significó para Cuba la pérdida de una fuente importante de ingresos y cooperación tecnológica.

En 2002, el Gobierno cubano decidió aprovechar la infraestructura existente para fundar la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), concebida como un proyecto estratégico para el desarrollo de la informática y las tecnologías de la información en la isla.
La UCI se inauguró oficialmente en septiembre de 2002 y se convirtió en una de las universidades más grandes de Cuba, con capacidad para decenas de miles de estudiantes.
El campus, levantado sobre las antiguas instalaciones de la base de inteligencia soviética/rusa, fue transformado en aulas, laboratorios y residencias estudiantiles, marcando un giro simbólico: de un centro de espionaje militar a un espacio de formación académica y producción de software.
Entre sus atributos arquitectónicos se halla la Plaza Niemeyer, inaugurada en enero de 2008. Se trata de un espacio monumental de más de 20 mil metros cuadrados con capacidad para 13 500 personas, concebido como un homenaje del célebre arquitecto y urbanista brasileño Oscar Niemeyer al pueblo cubano y a su amistad con Fidel Castro.












