|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
La actual ruina del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) es la crónica de una muerte anunciada. El más reciente de sus derrumbes, hace apenas unos días, es apenas un episodio más de una triste historia que pudo haberse evitado y que ha privado a La Habana —y a la educación cubana en general— de un sitio emblemático no solo por sus columnas y paredes.

Aunque hace ya algunos años que la hoy derruida edificación —situada en Belascoaín, entre Estrella y Maloja, Centro Habana— no acoge clases ni el trasiego de profesores y estudiantes, para muchos sigue siendo el ISDI y siempre lo será. Su pérdida es, por tanto, un dolor que trasciende a la comunidad universitaria para calar profundo en su vecindad y en toda la capital cubana.

Inaugurado en 1860 como Hotel Militar y Club de Oficiales, el edificio pasó por múltiples usos antes de albergar al ISDI: fue asilo de viudas y huérfanos, sede del Estado Mayor de las tropas estadounidenses y luego del Ministerio de Salud Pública. En 1984 se convirtió en la sede del instituto, adaptado con nuevos niveles y un teatro que sobrecargaron su estructura original.
El deterioro se aceleró por su uso intensivo, la falta de mantenimiento y trabajos a la postre fallidos. Así, debió cerrar sus puertas en 2022 por un “complicado fallo arquitectónico” que terminó pasándole factura y provocando varios derrumbes que han afectado las calles y viviendas circundantes y, con su aluvión de escombros, han diluido cualquier promesa de salvación.



Con más de tres mil profesionales graduados en más de 40 años, el ISDI ha tenido que peregrinar por varios espacios desde su cierre y ha seguido desde la distancia la debacle de su histórica sede. El año pasado se anunció su traslado definitivo a un politécnico situado en Playa, aunque para ello debía remozarse primero esa edificación, por lo cual su mudanza definitiva aun podría demorar.
La ruina del antiguo edificio no es solo una pérdida arquitectónica: dispersó y perdió archivos, proyectos de tesis y materiales que eran referencia para el diseño cubano. Para los egresados y profesores, el colapso simboliza el abandono de un espacio de innovación y formación que marcó generaciones, en un barrio de Centro Habana donde el deterioro generalizado ya era la norma.
En el muy difícil escenario que atraviesa hoy Cuba, agravado por creciente presión de EEUU a la isla, el caso del ISDI resume la magnitud de la crisis: falta de recursos para restauraciones, sobrecarga y derrumbe de inmuebles históricos y la dificultad de sostener centros educativos clave cuando el país enfrenta largos apagones, elevada inflación y una severa escasez de materiales.

Lo que queda del antiguo ISDI es una ruina penosa, los vestigios de un deterioro sostenido mientras sus vecinos viven entre la resignación y el temor a lo que pueda caer. De esa forma, resulta en metáfora de una Habana que va perdiendo pedazos de su patrimonio constructivo, una lamentable realidad que nos presenta hoy con su lente el fotorreportero Otmaro Rodríguez.
















