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- abril 4, 2025 -
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Ailynn Torres Santana

Académica y militante feminista. Investigadora postdoctoral del International Research Group on Authoritarianism and Counter-Strategies (IRGAC) de la Fundación Rosa Luxemburgo, investigadora asociada de FLACSO Ecuador y parte de la Red “El Futuro es Feminista” de la Fundación Friedrich Ebert. Doctora en Ciencias Sociales por FLACSO Ecuador.

Que no valga la pena

Al comenzar la vida sexual-amorosa, se han visto suficientes telenovelas y / o suficientes películas infantiles donde princesas se enamoran de monstruos o esperan a príncipes encantados que las despierten de letargos o las liberen de hechizos. Se han escuchado las suficientes canciones de todo género donde el amor es el anhelo o del desamor el motivo de hondo sufrimiento. Se ha tenido noticia de número suficiente de historias más o menos cercanas donde el amor hizo milagros o desastres. En todo caso, al amor hay que buscarlo incansablemente.

¿Eres libre?

No es libre la mujer que, por no “trabajar en la calle”, depende del marido para vivir cada día. No importa que su compañero sea un “buen marido”, y que ella confíe en que él custodia los intereses de la familia. No importa que el “buen marido” le entregue su salario íntegro, porque ella lo administra como nadie. No importa que ella crea que por llevar-tan-bien-la-casa, tiene poder para negociar y decidir. No importa que, en efecto, él no intervenga en lo que ella compre o no compre, cambie o no cambie en su mundo privado.

Nadie se debe meter

La que vive al lado de tu casa y escuchas llorar a veces. La de la otra cuadra, que han llegado a pegarle en la calle, pero nadie “se mete” porque, “al final”, ella lo defiende… ya saben lo que dice el refrán: “entre marido y mujer, nadie se debe meter”. La que escuchaste que era tan buena trabajadora como su compañero, que tenía los mismos títulos y el mismo desempeño, pero no la ascendieron porque es mejor alguien con “mano dura” o que no se ausente cuando el hijo se enferme. La que salió en el periódico porque trabajaba en el restaurante privado hasta que tenía la barriga a punto de explotar, pero no tuvo licencia de maternidad. Tú misma. Yo.

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