Un grupo de productores tabacaleros de Villa Clara donó 48 estaciones fotovoltaicas a instituciones sociales y de salud en la provincia, en medio de la crisis energética agudizada por el bloqueo petrolero de EEUU hacia Cuba, que amenaza con empeorar aún más.
El donativo favorecerá a hospitales, policlínicos, hogares maternos y de ancianos, así como a funerarias y casos puntuales del territorio, de acuerdo con la primera secretaria del Partido en Villa Clara, Susely Morfa, citada por Radio Rebelde.
Por su parte, Milaxy Yanet Sánchez Armas, gobernadora de la provincia, destacó que otros actores económicos, entre estatales, mipymes, trabajadores por cuenta propia y proyectos de desarrollo local, ya confirmaron su incorporación a la iniciativa.
La donación se suma a la reparación integral del Hospital Pediátrico José Luis Miranda, donde los mismos tabacaleros invirtieron 10 millones de pesos en impermeabilización de la cubierta, equipos de climatización, carpintería, mobiliario y pintura.
La crisis de energía actual, sin precedentes, se ha visto agravada al extremo tras el establecimiento de un bloqueo petrolero de Estados Unidos, que ha dejado a la isla sin importaciones de crudo desde diciembre.
Este viernes, durante la transmisión de la Mesa Redonda, el viceprimer ministro Óscar Pérez-Oliva Fraga subrayó que el Estado también distribuirá paneles solares a trabajadores esenciales, centros sociales y bancos.
Parques fotovoltaicos, la alternativa
El ejecutivo explicó que la primera decisión del país es continuar con el desarrollo del programa de instalación de parques solares fotovoltaicos, bajo los auspicios de China.
El jueves, el presidente Miguel Díaz-Canel anunció la instalación de cinco mil módulos fotovoltaicos más en centros vitales para dar servicios a la población. Dijo que 161 hogares maternos en el país van a ser beneficiados con estos módulos.
“Se puede ir la corriente en esos lugares y los hogares maternos van a tener energía. Se han ubicado módulos de este tipo a niños con enfermedades que necesitan tener energía en su casa todo el día; el año pasado se los instalamos a 161 niños y este año se los vamos a instalar a 121 más”, agregó.
Asimismo, detalló que los módulos serán instalados también en 156 hogares de ancianos, 305 casas de abuelos, y en 556 policlínicos, en los que “por lo menos el cuerpo de guardia y una parte importante van a tener estos sistemas”.
Para fines de 2026, esta fuente de energía debe entregar unos 2 mil MW al mix energético de la isla, que ahora mismo sufre de apagones de más de 20 horas consecutivas en todo el país, salvo en La Habana, donde las interrupciones han alcanzado hasta 17 horas en las últimas semanas.
Desabastecimiento agudo de combustible
El Gobierno se asoma ante la posibilidad de que la isla, poco más de un mes después de la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, quede al borde de un “desabastecimiento agudo de combustible”.
En una inusual comparecencia televisiva, Díaz-Canel reconoció que la situación energética es “compleja” y que, tras el cierre del grifo desde Caracas, los cubanos van a “vivir tiempos difíciles (…), muy difíciles”.
Cuba responde con medidas de supervivencia al desafío de un colapso energético diseñado por EEUU
Según distintos cálculos independientes, el petróleo venezolano cubrió en 2025 un 30 % de las necesidades energéticas de la isla. De igual forma, dos terceras partes del combustible que precisa el país debe ser importado.
Al respecto, Díaz-Canel reconoció dos puntos que dejan entrever la agudeza de la crisis. Por una parte, la isla no ha recibido combustible desde el exterior desde el pasado diciembre. Por otra parte, La Habana ha paralizado toda su producción energética con motores de diésel y fueloil (40 % del mix energético) debido al bloqueo petrolero de EE.UU.
Por el momento, las autoridades han priorizado la poca generación eléctrica para atender durante el día las actividades económicas, como el riego en los campos, y el funcionamiento de “entidades productivas”.
Más allá del parón petrolero, la sociedad cubana padece los efectos combinados de la crisis dejada tras la pandemia de covid-19, las pésimas decisiones económicas que dispararon la inflación y la pobreza generalizada.
A ellos se suma el agotamiento de un modelo de gestión productiva centralizada y las sanciones de Washington, ahora elevadas a la categoría de asfixia energética.












