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Este domingo, apagones programados dejarán sin suministro eléctrico simultáneamente al 53 % del territorio cubano durante el horario “pico” —el de mayor demanda de energía—, informó la estatal Unión Eléctrica (UNE) con base en sus estimaciones elaboradas para EFE.
La crisis energética que atraviesa la isla desde mediados de 2024 se ha agravado en las últimas semanas tras la interrupción del suministro de petróleo desde Venezuela, principal proveedor de combustible para el sistema eléctrico cubano, después de cambios políticos en ese país y las restricciones impuestas por Estados Unidos.
Según la UNE, para la tarde–noche de este domingo la capacidad de generación disponible será de 1 532 megavatios (MW) frente a una demanda máxima de 3 180 MW, lo que supone un déficit de 1 648 MW. Para evitar apagones desordenados, la compañía calcula que desconectará 1 678 MW de consumo programado.
Las cifras de este domingo se producen en medio del peor escenario energético de los últimos años. El mayor apagón simultáneo registrado desde que la Unión Eléctrica comenzó a publicar datos regularmente en 2022 ocurrió el pasado 31 de enero, cuando la afectación llegó al 63 % del país.
El incremento de los cortes prolongados —que en muchas zonas superan las 20 horas diarias— refleja la combinación de factores que afectan al sistema eléctrico nacional: la falta de combustible para las unidades de generación distribuidas, que representan alrededor del 40 % de la matriz energética y llevan meses inactivas, y las numerosas averías y mantenimientos en termoeléctricas obsoletas que funcionan con décadas de explotación y escasos recursos de inversión.
Además de las medidas de racionamiento de combustible, el Gobierno cubano ha implementado un plan de emergencia que incluye la promoción del teletrabajo y clases semipresenciales en universidades, así como la suspensión de eventos culturales y congresos internacionales, como la Feria del Libro de La Habana, con el objetivo de reducir el consumo energético.
Expertos independientes señalan que la crisis responde en gran medida a una infrafinanciación crónica del sector eléctrico, agravada por la falta de inversiones y la dependencia de importaciones de combustible, aunque el Gobierno cubano atribuye el deterioro a las sanciones y al impacto del bloqueo estadounidense sobre la industria energética.
El persistente problema de los apagones ha tenido efectos significativos en la economía y en la vida cotidiana, en un contexto en el que la economía cubana ha mostrado contracciones y la población enfrenta restricciones crecientes en servicios básicos y transporte.









