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Esta isla es un paraíso. Cuba.
Si me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba.
Federico García Lorca
Dicen que Federico García Lorca fue inmensamente feliz en Cuba. Tal vez fue esa la razón por la que el poeta y dramaturgo —fusilado el 19 de agosto de 1936 y cuyos restos desaparecieron bajo la dictadura franquista en su España natal— pasó en la isla caribeña 98 días del año 1930. Como si fuera un viaje de vuelta a la influencia de aquellos días en el poeta, a lo que significó Cuba para Federico y viceversa, este año vio la luz el documental Lorca en La Habana, que los espectadores cubanos tuvieron la oportunidad de ver durante las jornadas de la reciente edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
Los directores de este largometraje, José Antonio Torres y Antonio Manuel, han logrado realizar un ejercicio de memoria vital para las presentes generaciones, tantos años después del horror y la brutalidad ciega que acabaron, entre decenas de miles de personas, con la vida del poeta. Ahora vivimos tiempos en los que la barbarie parece olvidarse, relativizarse, incluso romantizarse por ciertos discursos que hoy ganan elecciones en España, en Europa y en otras partes del mundo.
Lorca en La Habana se transita casi como un antídoto contra los discursos del odio, porque Federico, su vida y su obra, son un remedio per se contra cualquier tipo de intolerancia. Lo logrado por los realizadores de este documental va más allá de lo investigativo, del conocimiento de la historia y de los detalles de aquel viaje, para convertirse en un recorrido creativo, como solo podría reverenciarse la obra del poeta granadino, mezclando música y teatro con la documentación, la visión de los investigadores y los testimonios de quienes conocieron a Lorca en Cuba, interpretados por actores y actrices que ponen delante de cámara a figuras como Nicolás Guillén, Lydia Cabrera o Flor Loynaz.

“Creo que hemos conseguido que la gente se sienta identificada con la historia y, sobre todo, que sea una historia contada por cubanos”, comenta a OnCuba, tras el primer pase de la película en el festival, José Antonio Torres, uno de los directores del documental, quien destaca el reto de buscar actores para interpretar los testimonios de quienes vivieron los días de Lorca en La Habana.
“Obviamente, las personas que conocieron a Lorca han fallecido. Pero sí podíamos darles vida para contar la historia de otra manera. Esos testimonios son muy importantes para entender que la vida de Lorca en Cuba fue muy diferente a cómo fue en España”, explica el codirector, quien confiesa que aquella decisión fue como tirarse a una piscina sin conocer su profundidad.
“Siempre he defendido el cine antropológico y tratar de contar la realidad tal como la han vivido sus protagonistas. Es jodido que venga alguien de fuera a contar tu historia. Por eso, los cubanos debían tener la voz para contar este viaje”, acota.

Lorca en La Habana ya había tenido una primera presentación en Cuba, en junio pasado, de la mano del Instituto Cervantes y su director, Luis García Montero. Aquella proyección aconteció en los predios de la Universidad de La Habana, para la comunidad académica que recibió el material con satisfacción, recuerda José Antonio. Antes, el documental se estrenó en el Festival de Málaga y realizó un periplo por otras ciudades y festivales del sur de España, como Granada —donde nació Lorca—, Sevilla, Almería, Benalmádena y Huelva —llegó al evento Cubacultura, que acontece cada año en el pueblo de Trigueros—, además de un recorrido internacional por algunos certámenes en Argentina. Luego del paso por La Habana este diciembre, sus realizadores tienen previstas otras presentaciones durante el próximo año. Y volverán a Cuba, auguran, durante el Festival Internacional de Cine de Gibara. “Siempre hay un motivo para volver a Cuba”, acota José Antonio.
Un tríptico para contar los días en la “Andalucía liberal” de Federico
“Él descubre en Cuba una Andalucía liberal, para la época, y se siente en su salsa”, asegura José Antonio Torres, en un intento por resumir la razón principal por la que Lorca se quedó tres meses en la isla. Inicialmente, el poeta granadino venía a Cuba por unos días para impartir tres conferencias, invitado por don Fernando Ortiz y la Sociedad Hispano-Cubana de Cultura. “Es tan importante la huella cubana en Lorca como la huella de Lorca en Cuba. Ninguna de las dos las conocíamos, así que había que narrarlas”, destaca el realizador.
Para José Antonio, había muchas zonas de oscuridad en la vida del personaje sobre las que buscaban arrojar luz desde el inicio de la investigación y la concepción dramatúrgica del documental.
“Lorca era, ante todo, un ser humano, con sus luces y sus sombras. Era un hombre que escribía y concebía un teatro extraordinario. Tenía unas habilidades sociales tremendas, pero también era un hombre que sufría, que se enamoraba, que tenía su sexualidad, sus vicios. Aquí en Cuba es donde encontramos la manifestación clara de todo eso. No tenemos referencias amplias de Federico en España. Aquí es donde verdaderamente se abre, se expresa sin máscaras y deja rastros”, explica.

El proceso de investigación fue mostrando cómo contar la historia. Entonces, los creadores decidieron desarrollarla a través de una especie de tríptico: el teatro, la recreación de los testimonios y la música. El otro codirector, Antonio Manuel, escribió el libreto de un unipersonal protagonizado por Lorca: una obra de teatro.
“Representar a Lorca fue otro reto. Decidimos presentarlo así, como un artificio: un actor —Javier Jiménez Noia— representando a Federico en una obra de teatro”.
En la pieza representada, Federico se encuentra en el dilema de volver a La Habana o ir a Granada, donde sería asesinado tiempo después. Esa interpretación contrasta con los testimonios de los entrevistados “resucitados”.
“Por supuesto, hicimos una selección atendiendo a cómo queríamos contar la historia, mezclada con algunas intervenciones de los investigadores vivos”, aclara José Antonio.
Entre los investigadores consultados figuran Luis Machado Ordext, autor del libro Lorca, el inquietante; la lingüista Tania Licea Jiménez; Ciro Bianchi, autor de García Lorca: pasaje a La Habana; y Urbano Martínez Carmenate, autor de García Lorca y Cuba.
“Son intelectuales que estudiaron aquellos días. Ciro Bianchi, como periodista, conversó en su momento con muchos de esos protagonistas que conocieron a Federico. Eso, para un documental, es un regalo. Si hubiéramos tenido un Ciro en Santiago de Cuba, en Cienfuegos, en Sagua la Grande, en esos años, sabríamos mucho más de Federico”, apunta el director.

La tercera arista fue la musical.
“Lorca vivió Cuba también en un sentido musical. Llegó a La Habana el 7 de marzo de 1930; venía de Nueva York, de contemplar los efectos del crack del 29. Sufrió aquello, el caos del capitalismo salvaje, y vio la diferencia entre el negro norteamericano y el negro cubano. Él asociaba la figura del negro cubano a la del gitano; le estremeció ese contacto, sintió esa emoción y quiso adentrarse en esas realidades de la isla. En ese contexto, la música, el son, fue clave”.
“La música tiene una posición importante para contar este documental”, interviene Xavi Rosell, periodista español, quien realizó labores de asesoría para Lorca en La Habana. Comenta que lo fácil habría sido tomar la música de Ignacio Piñeiro, ‘El manisero’ de Moisés Simons o el danzón. “En cambio, Antonio Manuel buscó recrear una banda sonora original y compuso la letra de ‘La habanera de la máscara’”.
Se escucha también una versión de ‘La Morena Trinidad’, la primera música que escucha Federico, refieren, cuando llega a Cuba.
“Era una canción que él le escuchaba a su madre”, retoma José Antonio.
“Si me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba”
El codirector arroja una reflexión clave sobre la utilidad de Lorca en La Habana en el presente. “Siento que ha servido para alejar a Federico del martirologio en que lo pusieron sus propios victimarios. Cada vez que hablamos de encontrar el lugar donde está enterrado Federico, siento que estamos actualizando el discurso de los vencedores de aquella guerra fatal —la Guerra Civil española—, esa que ganaron los fascistas, y estamos reforzando la idea de que ellos son los dueños de esa memoria y del paradero del poeta. A mí el que me importa es el Federico vivo, no el Federico muerto”, cavila José Antonio.
Buscar sus rastros en la isla caribeña ha sido, para estos creadores, una forma de celebrar la vida del poeta. “Federico fue inmensamente feliz en Cuba”, repite en varias ocasiones el realizador. Lorca se escapaba por la ciudad, iba a las fritas en Marianao, a los prostíbulos, se metía en las realidades más disímiles; estuvo en Guanabacoa, en Pinar del Río, en Sagua la Grande, en Cienfuegos y viajó solo a Santiago de Cuba. “Aquí escribió Son de negros en Cuba, inició El público, Yerma, obras capitales de su producción”, detalla el documentalista.
“Lorca era un seductor y un atrapaespíritus —comenta—. Él se ponía a hablar y enganchaba a su interlocutor. Así lo describían muchos de los que coincidieron con él: el magnetismo, su voz. Ese fue otro de los problemas que enfrentamos, porque no conocemos la voz de Lorca, cómo hablaba. Eso sí, es seguro que hablaba en andaluz porque era ‘granaíno’, así que evitamos castellanizar su voz”.
Lorca en La Habana también es la confluencia de varios caminos creativos. Mientras José Antonio Torres venía de la realización de otros documentales con elementos de ficción, como El complot de Tablada (2021), enmarcado en los inicios de la Segunda República española y la figura del político Blas Infante, Antonio Manuel aportaba una trayectoria como escritor que conectaba con el quehacer del codirector. Por otro lado, uno de los asesores del proyecto, Xavi Rosell, está vinculado a Cuba desde hace 35 años y, como periodista, estuvo relacionado con el escritor Víctor Amela y su novela Si yo me pierdo, sobre los 98 días de Lorca en Cuba. La confluencia estaba servida.

Entre los primeros documentos a los que tuvieron acceso los documentalistas estuvo el texto de una de las conferencias que impartió Federico en La Habana, dedicada a la arquitectura del cante jondo.
“El cante jondo —explica— le debe mucho a Federico y a Manuel de Falla. Ellos crearon en 1922 el primer festival, en Granada, dedicado a ello. Para aquella ocasión, Lorca preparó una conferencia titulada ‘Arquitectura del cante jondo’. Tenía conocimientos musicales y entendía perfectamente la anotación musical. Cuando está en La Habana, le escribe a su madre diciendo que ha modificado la conferencia”.
“El porqué del cambio no lo explica, pero parece obvio. Cuando escucha el son cubano, en su momento de auge, frente al jazz que venía escuchando de Nueva York, siente curiosidad. Creemos que le dio importancia a ese hecho como para modificar su conferencia. Cuando ves las dos copias de aquel texto, hay una en la que aparecen correcciones. Ese fue el primer misterio que tuvimos delante con la historia de Lorca en Cuba. Eso, sumado al desconocimiento general que, al menos en España, existe sobre este viaje”, detalla.
El rodaje se realizó en La Habana y en Matanzas, en el Valle de Yumurí. “Nos hubiera gustado hacer todo el recorrido que hizo Lorca —estuvo en al menos 11 puntos de la geografía cubana—, pero ¿te cuento los problemas que tiene Cuba?”, dice José Antonio en tono de broma, en alusión a las dificultades de transporte durante el período de filmación.
“De alguna manera —explica— suplimos los lugares a los que no pudimos llegar con la intervención de Rubén Darío Salazar y sus títeres, en una obra suya de Teatro de las Estaciones titulada La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón, inspirada en el libro homónimo de Lorca. Tuvimos suerte de llegar a Matanzas en el momento en que esa obra estaba programada; también la de Teatro Trébol Gitano, con su versión de La casa de Bernarda Alba, y pudimos filmarla”.
Para mayor obra de las casualidades, el momento en que los realizadores llevaron por primera vez Lorca en La Habana a Cuba, en junio pasado, coincidió con la huelga de estudiantes universitarios ante el tarifazo de ETECSA, que elevó los precios de la conectividad para toda la población. “Resulta que Federico participó en una huelga de teléfonos cuando estuvo aquí en Cuba. Cuando salió esa anécdota en el documental, los espectadores de aquella proyección reaccionaron, evidentemente. Son casualidades históricas que parecen regalos”.
¿Quién sabe? Tal vez Federico hubiera participado también de estas movilizaciones estudiantiles, en pleno 2025.
Lorca era un señorito andaluz, un niño pijo. Aquí, fíjate, la familia que lo acogió fue la de los Loynaz. Pero tenía una sensibilidad extraordinaria y se adaptaba muy bien a todos los medios: se condolía por el otro, se reconocía en las clases más populares.
Después de todo este proceso, ¿cómo considera que debemos dialogar hoy con la figura de Lorca, en los tiempos que viven nuestras sociedades?
Para mí, la figura de Lorca representa el valor de la libertad, en toda su dimensión. La extrema derecha está contaminando el panorama político y social, y lo que hace es negar esa libertad. Es gente que se mete con los homosexuales, con las mujeres, con el derecho al aborto; son despreciables, y Federico es el lado opuesto a todo eso. Precisamente, él se va de España huyendo de esa gente.
Este proceso me ha servido, además, para comprobar la dimensión universal de Federico. En España, a veces, no sabemos realmente el alcance que tiene su obra, su nombre. Cuando llegas a Cuba, te paras en la puerta de un instituto y preguntas a chavales de 14 o 15 años si conocen a Federico García Lorca, te responden que sí. Y saben qué es La casa de Bernarda Alba. Y cuando ves que una de las salas más importantes de la capital lleva su nombre, o encuentras sus versos —”Iré a Santiago”— en una pared de la calle Enramadas, en Santiago de Cuba, entonces comprendes su universalidad.
Siento que con este documental desenterramos a un Lorca vivo. En España se intenta buscar bajo tierra, pero nosotros lo hemos buscado sobre la tierra. Y encontramos a un Lorca desconocido: feliz, alegre, disfrutón, bebedor, fumador. Son rasgos de su personalidad que hoy se conocen gracias a su paso por Cuba.











