El director de cine independiente Miguel Coyula habita en una contradicción absurda: Vive y filma sus multipremiadas películas en Cuba, pero para el Gobierno no es cineasta y sus largometrajes, a efectos prácticos, no existen en el país.
Esa incoherencia, apunta una entrevista de EFE, puede explicar el nombre de su más reciente trabajo: Crónicas del absurdo.
La cinta acaba de ser seleccionada como Mejor documental en los premios Cinema Tropical de Nueva York, tras lograr el mayor reconocimiento del Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam.
La obra es una recopilación de 10 años de “absurdo” en un formato atrevido y astuto a la vez. Una suerte de catarsis, como explica en la entrevista, ya que los trabajos de Coyula solo pueden proyectarse en el salón de su casa en el céntrico barrio del Vedado.
Audios, grabados con un celular escondido
En su nuevo trabajo, a lo largo de poco más de una hora, el realizador expone audios, grabados con un celular escondido, de distintas veces en las que él y su pareja, la actriz y escritora Lynn Cruz, han sido interrogados por las autoridades cubanas.
La intimidación y la censura parten de algo que también considera como una carta de presentación: ser independiente, ya que el creador no forma parte del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).
Coyula cree en la independencia absoluta: “en contenidos y en formas”. Es también por eso que marca su distancia de la Asamblea de Cineastas Cubanos (ACC), un colectivo creado en 2023 que ha buscado terminar con la censura en el sector a través de denuncias y foros con las autoridades.
“Siento que, mientras siga el gobierno actual, cualquier diálogo es sordo. Y sobre todo para el cine que a mí me interesa hacer. Nunca van a ceder. Yo digo que estamos en la Tierra por un tiempo bastante limitado, y es mejor aprovecharlo para crear en vez de ir a reuniones inútiles”, reflexiona.
Un documental usando grabaciones de audio y subtítulos
El relato de Crónicas del absurdo es crudo, cuenta el periodista Juan Carlos Espinosa: Es una denuncia que no requiere de la voz de un narrador o un recorrido para poner al espectador en contexto. Su intención es la de exponer la actuación del aparato estatal y de los círculos oficialistas del cine cubano.
El reto para Coyula, sin embargo, fue más bien técnico: ¿cómo hacer un documental usando solamente grabaciones de audio y subtítulos?
“No pensé que tenía suficiente material. Sobre todo, con un formato tan intrínsecamente anticinematográfico, si entendemos el cine como imágenes en movimiento”, reconoce.
Miguel Coyula después del premio a la Mejor película en Festival de Ámsterdam
Coyula logró construir el relato emparejando los archivos de audio con imágenes de cuadros de la pintora cubana Antonia Eiriz. Usó las obras de la artista para representar los rostros de los burócratas que los interrogaban.
El ejercicio, sin embargo, fue también una prueba de ecuanimidad para Lynn Cruz. El documental expone momentos tensos para la actriz, como su expulsión de la agencia estatal de actores por expresar opiniones políticas en redes sociales; o su denuncia de negligencia médica en el tratamiento de su padre, que falleció en 2021, apunta la agencia española.











