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Danza Contemporánea de Cuba toma la escena en la sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba este 15 de febrero, a las 5:00 p.m., con un programa que incluye dos piezas de especial relevancia. Una es ya una obra conocida del repertorio: Consagración, de Christophe Béranger y Jonathan Pranlas-Descours. La otra, Waves & Edges (Olas y límites), será un estreno mundial firmado por la coreógrafa bielorrusa Olga Labovkina, y supone para el público cubano la oportunidad de descubrir a una creadora de amplia versatilidad artística.
Labovkina llega por primera vez a La Habana invitada por la compañía para trabajar con sus bailarines en un montaje que representa, según ella misma, “un viento fresco” en medio de la compleja realidad que atraviesa hoy la sociedad cubana.
Con más de dos décadas de trayectoria profesional, la creadora se ha movido entre la danza contemporánea, las artes visuales, el teatro físico y el performance en distintas ciudades del este europeo. Nunca había trabajado con bailarines cubanos, por lo que asumió esta experiencia como una aventura que la llevó a un proceso previo de investigación sobre el vocabulario técnico y estético de la compañía.

Al entrar en contacto con varias obras del repertorio de Danza Contemporánea de Cuba, confiesa que sintió una profunda inspiración para crear, junto a su asistente Daniil Kirilko, un proyecto que estuviera a la altura de “la genialidad de estos bailarines”. Entre las piezas que marcaron ese proceso menciona Súlkary, de Eduardo Rivero, una obra referencial del repertorio: “Es una creación auténtica, que refleja rasgos esenciales de la identidad cubana”.
Acostumbrada a trabajar con una gran carga escenográfica, Labovkina optó esta vez por un planteamiento minimalista. “Eso, por supuesto, le dio otro giro y otra perspectiva a nuestro trabajo”, señala.
El concepto central de Waves & Edges dialoga con el presente global. “No se centra en ninguna persona ni en una circunstancia específica. Nuestra concepción tiene que ver con una idea más amplia que resume las tensiones de la sociedad actual y las múltiples concepciones del mundo”, explica.

Una cercanía muy genuina
La coreógrafa lleva cerca de un mes trabajando con los bailarines de la compañía en La Habana. Recuerda que el primer día fue invitada a participar de manera improvisada en la clase: “Sentimos muy rápido una cercanía muy genuina, propia de Cuba, y eso me hace sentir muy bien”.
Para Kirilko, el intercambio ha sido impactante: “Cada vez que viajamos a otro país nos encontramos con una cultura distinta. Pero aquí descubrimos una mentalidad muy flexible y una forma de relacionarse muy abierta. En Moscú, donde trabajamos, las personas suelen ser más cerradas y formales, y eso a veces dificulta la creación. Aquí todo fluye con más naturalidad”.

“Para nosotros esta es una gran oportunidad, llena de curiosidades y emociones encontradas”, añade Labovkina, quien conversa con OnCuba sobre su proceso creativo, su carrera independiente y las claves de Waves & Edges.
Esa cercanía que usted celebra influye en su visión de la danza. ¿De qué manera la forma cubana de vivir la creación transforma su mirada artística?
Por supuesto. Venimos a otro país, otra cultura, otro mundo. Aquí encontramos nuevas personas, ideas y maneras de pensar que solo pueden enriquecer mi forma de ver el baile y mis futuros proyectos. Espero que sea un conocimiento mutuo: no solo yo aprender de ellos, sino que ellos también aprendan algo de lo que intento transmitirles.

Waves & Edges plantea la noción de los límites en un momento histórico en el que parece no haberlos.
Utilizamos el término “límites” desde una perspectiva de energía psicológica. Me interesa mostrar los conflictos que atraviesan las personas en la sociedad. El mundo vive hoy grandes tensiones, y esta obra reflexiona sobre los límites extremos a los que puede llegar el ser humano, para bien o para mal.
Vivimos en una época saturada de información. Se lee menos y de otra manera. Hay mucha información innecesaria. Queremos reflejar cómo ha cambiado el mundo actual y cómo, a pesar de la inestabilidad, podemos aspirar a cierta armonía.

¿Ve la danza como refugio o como respuesta a esos problemas sociales?
Para mí el baile es ambas cosas. Hay quien baila solo por moverse o por placer. Pero en el escenario, la danza transmite información y mensaje. Como coreógrafa utilizo distintos métodos: a veces parto de la improvisación para conocer a los bailarines, para que expresen lo que sienten. A los bailarines de Danza Contemporánea de Cuba les di esa libertad.
¿Dónde pusieron el énfasis en el trabajo con la compañía?
En todo el proceso (sonríe). Trabajamos de lo general a lo particular, de lo complejo a lo simple. Primero por bloques, luego en grupos pequeños y finalmente de manera individual. Mi idea inicial se transformó cuando ellos me mostraron otra forma de ver el mundo. De esa confluencia surgió la obra.

Usted y Daniil Kirilko trabajan juntos desde hace varios años.
Aproximadamente tres. Empezó siendo mi asistente en la escuela y luego se convirtió en mi colaborador profesional. Ahora pensamos nuestros proyectos juntos.
¿Cómo describiría la escena de la danza contemporánea en Rusia?
Existen varias compañías pequeñas y grandes, pero con apoyo estatal hay muy pocas. La danza clásica sigue siendo dominante. Para un país tan grande como Rusia, el movimiento contemporáneo aún es reducido.
¿Cuál es su eje metodológico como creadora?
No me baso en un solo método. Todos se complementan. La creación sucede cuando no sabes cuál será el resultado final. El mejor método es encontrar salidas posibles y consensos para desarrollar la obra.





¿Ese proceso es una aventura?
Si deja de ser una aventura, se acaba el baile.

¿Por qué eligió la coreografía?
Yo no escogí ser coreógrafa: la coreografía me escogió a mí. Desde niña quería “hacer el baile”, no solo bailar. Luego estudié, fundé una compañía independiente en Bielorrusia que duró diez años. Fue una gran aventura sin apoyo estatal. La cerré cuando sentí que necesitaba crecer y abrirme a nuevos proyectos.
¿Qué espera del público cubano ante este estreno?
Es difícil saber cuál será el impacto. Pero creo que hay elementos con los que el público puede identificarse. Para nosotros no es tan importante que entiendan la obra, sino que la sientan como parte de sus propias vidas.











