Una de las mayores rivalidades en el béisbol de Grandes Ligas es la de Boston Red Sox y New York Yankees, franquicias históricas que personifican desde hace más de un siglo el clásico duelo entre dos urbes enfrentadas por el reinado de la División Este de la Liga Americana.
De acuerdo con la potente base de datos de Stathead, estas novenas han jugado un total de 2273 veces, con ventaja en el apartado de victorias (1245 por 1028) para los Bombarderos del Bronx, aunque el balance es parejo (12-12) en partidos de postemporada. En este récord se incluyen más de 200 desafíos entre 1903 y 1912, período en el que los Yankees eran conocidos como los Highlanders.
Si nos guiamos por estos archivos, la primera vez que las franquicias cruzaron armas fue el jueves 7 de mayo de 1903 en el Huntington Avenue Baseball Grounds de Massachusetts, donde más de 5400 aficionados disfrutaron con la victoria 6-2 de los anfitriones. En ese momento, Boston llevaba el sobrenombre de Americans, el cual sostuvieron hasta 1908, cuando se definieron como los ya legendarios Red Sox.
Desde entonces, la porfía ha crecido hasta niveles inusitados, sacando la mejor parte los neoyorkinos, que ostentan 27 títulos de Serie Mundial y 41 pergaminos de la Liga Americana, por nueve y 14 de Boston, respectivamente. Además, desde que comenzó la Era Divisional en 1969, los Yankees han ganado el Este en 21 ocasiones por diez de las Medias Rojas.
Cubanos entre dos aguas turbulentas
Tanto los Red Sox como los Yankees han apostado por peloteros cubanos a lo largo de su historia. Cada una de las franquicias ha contado con los servicios de 21 jugadores nacidos en la isla. El camino lo abrieron los Bombarderos del Bronx el 20 de agosto de 1914, cuando Ángel Aragón apareció como emergente en el Polo Grounds frente a los Cleveland Naps.
El habanero saltó al diamante con la camiseta neoyorkina y conectó un sencillo al jardín central. Aragón tuvo una presencia testimonial en esa campaña, pues solo participó en 6 desafíos, la mayoría de ellos como suplente. No obstante, su único choque como titular fue precisamente contra Boston el 8 de septiembre de 1914, cuando se convirtió en el primer cubano en jugar un clásico entre Yankees y Red Sox.
Tras él vinieron otros como Armando Marsans y Mike Herrera, quienes vivieron los años iniciales de la rivalidad, o los ilustres Willy Miranda, Mike Fornieles y Pedro Ramos, protagonistas de estos desafíos entre las décadas del 50 y 60 del siglo pasado.
Luis Tiant, de Boston a la Gran Manzana
Y si bien son varios los nombres de peloteros cubanos inscritos en las memorias históricas de dos de los mejores equipos de MLB, solo cuatro han tenido el honor de vestir ambos uniformes. El primero en consumar la permuta fue el estelar lanzador Luis Tiant, quien llegó a los Red Sox en 1971 poco después de una lesión en el hombro.
En ese momento, Tiant sumaba 82 victorias y efectividad de 2.88 en siete temporadas de Grandes Ligas, pero las dudas sobre el estado de su brazo eran mayúsculas. No obstante, Eddie Kasko, mentor de Boston, sí apreció su potencial para regresar a los planos estelares y volver a ser aquel tirador que propinó nueve lechadas y consiguió 21 triunfos en 1968.
Cuando las Medias Rojas lo firmaron, no podían imaginar que el derecho nacido en Marianao, ganaría más de 140 juegos en las siguientes 12 contiendas y se convertiría en el más prominente serpentinero de la isla en Las Mayores.
Kasko le dio un voto de confianza al antillano, pese a que en su primer año con los Red Sox solo ganó un choque en 21 salidas, diez de ellas en rol de abridor. En el siguiente curso, si bien partió desde el bullpen, aprovechó la oportunidad cuando lo movieron a rotación a inicios de agosto. Desde ese momento, sumó 14 aperturas, ganó 11, los contrarios le batearon .172 en casi 500 comparecencias al plato y dejó efectividad de 1.20.
De la noche a la mañana, Tiant se convirtió en la estrella de las Medias Rojas y terminó la temporada con el mejor promedio de carreras limpias (1.91) de todas las Grandes Ligas. Ese fue el verdadero punto de partida para una carrera legendaria en Boston, donde ganaría al menos 18 partidos en cuatro campañas consecutivas, incluyendo tres cursos con más de 20 éxitos.
Por si fuera poco, lideró a la novena rumbo a la Serie Mundial de 1975, en la que los Red Sox estuvieron a punto de romper la “maldición del Bambino”, que arrastraban desde que decidieron no mantener a Babe Ruth en su nómina en 1920. Tiant participó en las 3 victorias de las Medias Rojas en aquel Clásico de Otoño contra Cincinnati, pero finalmente cedieron en siete encuentros.
A pesar de esta decepción, Luis Tiant fue un caballo de batalla en aquellos años para Boston. Aunque en sus dos primeras campañas trabajó más de la mitad del tiempo como apagafuegos (35 relevos en 64 salidas), el derecho de Marianao fue el onceno lanzador de Grandes Ligas con más juegos completos (113) entre 1971 y 1978.
Si nos enfocamos en la muestra a partir de 1973, entonces el cubano sería el quinto serpentinero de MLB con que más veces caminó toda la ruta (100), solo superado por Gaylord Perry (121), Nolan Ryan (119), Jim Palmer (113) y Bert Blyleven (108), cuatro miembros del Salón de la Fama de Cooperstown.
El antillano es el quinto lanzador con más victorias (122) en la historia de la organización, únicamente superado por Roger Clemens (192), Cy Yong (192), Tim Wakefield (186) y Mel Parnell (123). Además, forma parte de un exclusivo grupo de 6 tiradores que ganaron más de 100 juegos y lograron efectividad inferior a 3.40 en su trayecto con Boston.
Sin embargo, esto no motivó a la gerencia de los Red Sox para ofrecerle un contrato de más de un año en 1979, por lo que Tiant se marchó a los Yankees, que le dio la posibilidad de firmar por dos campañas. En el Bronx, con 38 años, logró 21 victorias en 55 aperturas en las que dejó efectividad de 4.31 con 332 episodios de labor.
Un apagafuegos, un artillero y un lanzallamas
Como ya avanzamos, la lista de cubanos que han jugado en los Red Sox y los Yankees no es muy larga. Después de Luis Tiant, el próximo antillano que vistió las dos casacas fue el también lanzador Tony Fossas, quien debutó tarde en Las Mayores, con 30 años, pero logró establecerse como un relevista muy recurrente durante casi una década.
Nacido en La Habana y criado en Guanajay, el zurdo salió de Cuba siendo un niño y se radicó en Boston, donde vivía su tío. Se enamoró de la ciudad y de los Red Sox, a los que veía ocasionalmente los fines de semana en Fenway Park.
“Se me partía el corazón cuando veía a los Red Sox. Cuando se encendían las luces del Fenway quedaba maravillado. Viendo a Burleson, Freddie Lynn, Jimmie Rice y Yastrzemski, le decía a mi papá lo que quería ser de grande”, confesó en una entrevista hace tres años.
Su sueño se cumplió en 1991 cuando firmó por las Medias Rojas. Allí permaneció durante cuatro temporadas, en las que trabajó 160.2 entradas en 239 partidos, con efectividad de 3.98. Se especializó en los enfrentamientos contra bateadores zurdos y no le fue mal, pues en casi 800 comparecencias le promediaron para un bajo OPS de .584.
Temporadas más tarde, ya con 41 años y a las puertas del retiro, tuvo la oportunidad de lanzar con los Yankees, aunque la experiencia fue efímera. Solo salió al centro del diamante en cinco ocasiones y le batearon con facilidad. No obstante, vive agradecido por pertenecer también a los Bombarderos del Bronx, cuyo dueño (George Steinbrenner) le había financiado su educación universitaria mucho tiempo atrás.
“Estaba emocionado por la oportunidad. ¡Actuaba como un niño pequeño, a los 41 años! Vi a George [Steinbrenner] y simplemente le di un fuerte abrazo y le dije: «Siempre estaré en deuda contigo». Él respondió: «Hijo, no te preocupes. Fue un placer»”, relató Fossas, el segundo cubano vistió el uniforme de rayas de los Yankees y el de Boston.
Tras él, llegó el turno de José Canseco, el principal artillero antillano en la historia de los Red Sox. El jardinero llegó a Boston en 1995 como una de las máximas estrellas del béisbol. En el momento de su desembarco había sumado 276 jonrones y 870 impulsadas en sus primeras 10 campañas, con un altísimo slugging de .512, el cuarto mejor entre todos los jugadores de MLB con al menos 1000 partidos jugados entre 1985 y 1994.
Aunque se perdió más de 120 choques entre 1995 y 1996, Canseco dejó excelentes números: 52 cuadrangulares, 163 empujadas, 105 boletos, 132 anotadas, 101 extrabases, 225 jits y línea ofensiva de .298/.389/.571/.960.
Su aventura con los Yankees fue más corta, pero la terminó con el trofeo de la Serie Mundial en el 2000. Ese año, a solo unos meses de retirarse, participó en 37 encuentros con los neoyorkinos en los que conectó seis vuelacercas. En la postemporada casi no se le vio (solo consumió un turno), pero forma parte de la foto de campeones.
Por último, Aroldis Chapman se convirtió este 2025 en el primer cubano de la historia que consuma la permuta de New York a Boston, pues Tiant, Fossas y Canseco habían hecho el viaje en el sentido inverso. El zurdo holguinero culminó en 2022 su paso de 7 temporadas por los Bombarderos, con quienes logró 153 de los 336 salvamentos de su carrera, aunque, válido aclararlo, su salida de la Gran Manzana no se produjo en los mejores términos.
Chapman tuvo diferencias notables con la dirección y la gerencia de la franquicia, que lo apartaron del roster de la postemporada y dejaron caer que el cubano no había mostrado el compromiso suficiente durante aquella campaña.
Muchos pensaron que ese sería el fin del lanzallamas, pero lejos de rendirse ha dejado sensaciones positivas en sus periplos por Kansas, Pittsburgh y Texas, con este último coronado como campeón de la Serie Mundial en 2023.

El colofón para Chapman llegó a finales del pasado año, cuando firmó un contrato de una temporada con los Red Sox, necesitados de fortalecer su bullpen para pelear en la incómoda División Este de la Liga Americana, donde uno de sus principales rivales será, precisamente, los Yankees.
Esto nos garantiza el retorno del zurdo holguinero a la Gran Manzana. Ese choque de trenes podría producirse el próximo 7 de junio, cuando ambas novenas se enfrenten por primera vez esta campaña. ¿Cómo recibirán los fanáticos de los Yankees a Chapman? ¿Podrá el cubano imponerse con todo su arsenal en su antigua casa del Bronx? No falta mucho para despejar estas dudas.
El primero con “doble vida”
El pique entre Boston y New York trasciende por completo el ámbito del músculo, de hecho, es la disputa socio-industrial y financiera más enconada de Estados Unidos desde 1783. Como es lógico, esta “guerra” por ser la ciudad más potente del noreste del país también dio pie a una rivalidad deportiva brutal, al punto que en ambas plazas se desarrollaron diferentes versiones de béisbol en el siglo XIX.
Teniendo en cuenta estos antecedentes, pudiera parecer temerario jugar en las dos novenas representativas de estas urbes, pero varios peloteros aceptaron sumergirse en esa “doble vida” desde la génesis de ambas escuadras en Grandes Ligas. El primero que completó la improbable mudanza fue Merle Adkins, un discreto lanzador nacido en Wisconsin que comenzó su corta carrera en Las Mayores con Boston, en 1902, y al año siguiente pasó a New York.
Adkins no destacó en ninguno de los dos elencos, de hecho, en esas temporadas registró efectividad de 5.00, con solo tres ponches y una docena de boletos en 27 entradas y seis partidos de labor. Tras sus pasos fueron Tom Hughes, Patsy Dougherty, Jesse Tannehill o Bob Unglaub, también pioneros en estas permutas.
A lo largo de la historia, un total de 250 peloteros han jugado para Yankees y Red Sox, de ellos 116 lanzadores. En la lista aparecen nombres ilustres del deporte de las bolas y los strikes, como Waite Hoyt, Herb Pennock, Red Ruffing, Babe Ruth, Jack Chesbro, Lee Smith, Wade Boggs o Rickey Henderson, todos miembros del Salón de la Fama de Cooperstown.
También sobresalen George Burns, Jackie Jensen, Elston Howard o Don Baylor, ganadores del premio de Jugador Más Valioso, o los serpentineros Bob Turley, Sparky Lyle, David Cone, Roger Clemens, Bartolo Colón o Corey Kluber, quienes ganaron el Cy Young como los mejores lanzadores de sus respectivos circuitos.