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La madrugada del sábado 28 de febrero, cuando los primeros misiles estadounidenses e israelíes alcanzaron objetivos en Irán y mataron al líder supremo Alí Jamenei, Donald Trump abrió un frente que ninguno de sus predecesores en la Casa Blanca había querido cruzar.
Trump lo cruzó con una llamada telefónica a Netanyahu y un video publicado en redes sociales a las 2:30 de la madrugada. Lo que nadie esperaba, sin embargo, no fue la guerra misma, sino el silencio, la frialdad o el franco rechazo con que buena parte de los propios votantes de Trump la recibió.
Las encuestas: una guerra sin respaldo popular
Los números son desalentadores para la Casa Blanca. Una encuesta de Reuters/Ipsos realizada entre el 28 de febrero y el 1 de marzo encontró que solo el 27 % de los estadounidenses aprueba los ataques. El 43 % los desaprueba y un 29 % adicional dice no estar seguro.
La división partidaria es total pero asimétrica: el 74 % de los demócratas desaprueba los ataques, frente a un 7 % que los aprueba. Entre los independientes, el 44 % desaprueba y solo el 19 % aprueba. El propio Partido Republicano está lejos de la unanimidad: un 55 % respalda los ataques, pero el 31 % dice no tener opinión formada aún, una cifra inusualmente alta para una acción presidencial de esta magnitud.
Quizás el dato más revelador para la política interna: más de la mitad de los encuestados, incluyendo el 23 % de los propios republicanos, considera que Trump usa la fuerza militar “con demasiada frecuencia”. Y el 42 % de los republicanos dijo que sería menos propenso a apoyar la campaña si lleva a “bajas de tropas estadounidenses en Oriente Medio”, según la encuesta. La aprobación de Trump bajó un punto a 39 %, en la misma encuesta.
Hasta este lunes se ha informado de la muerte de cuatro militares estadounidenses y cinco gravemente heridos. “Varios más sufrieron heridas leves por metralla y conmociones cerebrales”, según un comunicado de ayer domingo del Comando Central de Estados Unidos (Centcom).
El arco político: de la euforia neocon al quiebre MAGA
La reacción política en Washington siguió, en términos generales, las líneas partidistas, pero con fracturas notables en el flanco republicano.
Los halcones: el sueño cumplido. En el ala más intervencionista del Partido Republicano, los ataques fueron recibidos con euforia. El senador Lindsey Graham celebró la operación en Meet the Press declarando que la “madre de todos los terrorismos se está hundiendo”.
La junta editorial del Wall Street Journal aplaudió la operación, pero lanzó una advertencia que delata la profundidad de sus preocupaciones: el “mayor error” que podría cometer Trump sería “terminar la bombing campaign demasiado pronto”. Ese editorial, que celebra el inicio de un conflicto de consecuencias imprevisibles y pide que continúe, dice mucho sobre lo que este sector del conservadurismo desea.
Los demócratas: indignación sin unidad. La respuesta demócrata fue ruidosa pero fragmentada. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, calificó los ataques de “catastrófica escalada en una guerra de agresión ilegal” y señaló que los estadounidenses quieren alivio de la crisis de asequibilidad, no otra guerra.
“Los ataques militares de hoy contra Irán, perpetrados por Estados Unidos e Israel, marcan una escalada catastrófica en una guerra de agresión ilegal. Bombardeando ciudades. Matando civiles. Abriendo un nuevo escenario de guerra. Los estadounidenses no quieren esto. No quieren otra guerra para un cambio de régimen. Quieren alivio a la crisis de asequibilidad. Quieren la paz”, dijo en una publicación en X.
Por su parte, el senador Tim Kaine de Virginia, miembro de los comités de Servicios Armados y Relaciones Exteriores del Senado, que copatrocina la resolución sobre poderes de guerra, calificó los ataques de “trágicos” en un artículo de opinión del Wall Street Journal publicado el domingo.
Kaine declaró a NewsNation que quiere que las próximas sesiones informativas se hagan públicas: “Si estamos perdiendo tropas, si están perdiendo la vida y resultando heridas, ¿cómo es que nos van a dar una sesión informativa en un entorno clasificado? Si se sienten cómodos con lo que hacen, no les importaría compartirlo”.
Demócratas en el Congreso planean forzar una votación de poderes de guerra esta semana, argumentando que el presidente no puede iniciar una guerra sin autorización del Congreso. Los representantes Ro Khanna, demócrata por California, y Thomas Massie, republicano por Kentucky, presentaron una medida conocida como resolución de poderes de guerra.
Pero la oposición demócrata careció de una voz única. El senador demócrata John Fetterman de Pennsylvania rompió con su partido para defender los ataques en CNN: “No entiendo por qué no podemos simplemente decir: ‘¡Gracias a Dios!'”
La fractura MAGA: el quiebre más significativo. La señal más llamativa no vino de los demócratas sino del propio ecosistema trumpista. El periodista conservador Tucker Carlson, en una entrevista con Jonathan Karl de ABC News, calificó los ataques de “absolutamente asquerosos y malvados” y advirtió que “esto va a barajar las cartas de manera profunda”.
La excongresista y partidaria de MAGA Marjorie Taylor Greene publicó en X una diatriba de casi 700 palabras: “La administración Trump realmente preguntó en una encuesta cuántas bajas estaban dispuestos a aceptar en una guerra con Irán??? Cero, pandilla de mentirosos enfermos… Votamos por América Primero y CERO guerras.” En un segundo mensaje añadió: “Esto no es lo que pensamos que MAGA iba a ser. ¡Vergüenza!”
En otro post dijo: “Ya no somos una nación dividida entre la izquierda y la derecha, ahora somos una nación dividida entre aquellos que quieren pelear guerras por Israel y aquellos que solo quieren la paz y poder pagar sus cuentas y su seguro médico”.
El representante Thomas Massie de Kentucky fue igualmente directo: “Me opongo a esta guerra. Esto no es ‘América Primero'”. Estas voces son minoría dentro del Partido Republicano. Pero su significado político es enorme.
Nick Fuentes, un podcaster de 27 años extremista de ultraderecha que ha acompañado, no sin contradicciones, al universo MAGA con su estela de millones de seguidores groypers, ha reaccionado airadamente. “Algo ha salido terriblemente mal”. Su enfoque en el América Primero es opuesto a financiar o desatar guerras en el extranjero. “¿Qué hace esta administración, aparte de encubrir los archivos de Epstein, malversar dinero a través de contratos gubernamentales y llevarnos a la guerra por Israel?”, dijo Fuentes. “Esta Administración necesita cerrarse de inmediato. No voten en las elecciones intermedias, y si lo hacen, voten por los demócratas, al diablo con esto”.
El costo electoral: una apuesta de alto riesgo
Un análisis publicado hoy, citando a dos altos funcionarios de la Casa Blanca y a un republicano cercano a la Administración, revela que Trump fue adelante con los ataques a pesar de advertencias privadas de sus propios asesores sobre los riesgos políticos de cara a noviembre.
“Ninguno de esos funcionarios prevé consecuencias políticas inmediatas. En cambio, prevén lo que uno describió como un ‘efecto de combustión lenta’, impulsado por la duración del conflicto, el alcance de las represalias, el número de bajas estadounidenses y el impacto en los precios de la gasolina”.
“La yuxtaposición entre un discurso del Estado de la Unión exitoso centrado en la asequibilidad y entrar en guerra en Oriente Medio días después es no solo desconcertante, es alucinante”, declaró Rob Godfrey, estratega republicano. “Hacer que los votantes de mitad de período se sientan cómodos con esa yuxtaposición será una de las tareas más importantes de la Casa Blanca en las próximas semanas.”
Los modelos políticos de la Casa Blanca muestran decenas de distritos electorales reñidos donde incluso un escepticismo moderado de los votantes podría resultar decisivo, o al menos obligar a representantes republicanos vulnerables a votar sobre las espinosas resoluciones de poderes de guerra. Actualmente, los republicanos controlan el Congreso con un estrecho margen de 218 escaños frente a 214 demócratas.
“¿Por qué empezó esta guerra, señor presidente?”
Esa pregunta, que el New York Times convirtió en título de su editorial del sábado, resume la perplejidad que atraviesa el espectro político americano.
El Washington Post publicó dos piezas de opinión clave: una advirtiendo que Trump abre “una guerra sin salida fácil” y otra señalando que el presidente fue a la guerra “sin haber presentado un buen argumento”, comparando la decisión con la de Irak en 2003 y recordando que si no hubiera sido por esa guerra, Barack Obama probablemente no habría llegado a la presidencia en 2008.
El Wall Street Journal reportó que los objetivos de guerra de Trump cambiaron al menos dos veces en un solo domingo, “complicando la misión”. Las justificaciones de Trump han incluido la amenaza inminente, que el propio Pentágono desmintió ante el Congreso, la eliminación de capacidades nucleares (argumento que contrasta con su afirmación previa de haberlas “destruido” en junio), y la retórica del “cambio de régimen” tomada en préstamo del vocabulario neoconservador que siempre dijo despreciar.
El Washington Post también reportó que los ataques se producen justo cuando se acercan las primeras primarias de las elecciones de mitad de período, lo que eleva las apuestas políticas de una operación cuya duración el propio Trump estimó en “unas cuatro semanas”.
Si esa guerra es rápida y decisiva, la política interna puede absorberla. Si se extiende tal como ocurrió en Afganistán e Irak, sugiere que ningún derrumbe de régimen es rápido ni limpio y el precio político podría ser perder el Congreso en noviembre. Y con él, la agenda doméstica que Trump prometió a los mismos votantes que hoy miran hacia las acciones contra Teherán con desconfianza.












