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Tres militares estadounidenses murieron y otros cinco resultaron gravemente heridos durante los ataques de Estados Unidos contra Irán, informó este domingo el Comando Central según un despacho de la agencia AP.
Se trata de las primeras bajas estadounidenses en una ofensiva de gran escala que ha desatado represalias de la República Islámica y ha elevado la tensión en Oriente Medio a un nivel sin precedentes, configurando un escenario tan peligroso como volátil.
Sin ofrecer detalles sobre las circunstancias de las bajas mortales, el ejército señaló que “varios otros sufrieron heridas leves por metralla y conmociones cerebrales” y que regresarían pronto al servicio. La situación fue descrita como “cambiante”, mientras se aguardaba la notificación oficial a las familias de los caídos.
El presidente Donald Trump había anticipado que soldados estadounidenses podrían morir o resultar heridos en la operación. “Las vidas de valientes héroes estadounidenses pueden perderse, y podemos tener bajas. Eso a menudo ocurre en la guerra. Pero no estamos haciendo esto para el ahora. Lo estamos haciendo por el futuro”, declaró en un mensaje en video difundido el sábado.
La administración ha insistido en que la ofensiva busca debilitar la capacidad militar de Irán tras la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, en un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel.
Escalada regional y la controversia en torno al portaaviones Lincoln
Los duros contraataques iraníes han alcanzado bases estadounidenses en Bahréin y Emiratos Árabes Unidos, entre otros enclaves de la región, además de objetivos en Israel. La Guardia Revolucionaria ha prometido lanzar su “operación ofensiva más intensa” contra instalaciones militares israelíes y norteamericanas.
Entre los blancos figuran aeropuertos internacionales en Dubái, Kuwait y Erbil, así como áreas residenciales en Israel y Catar. El Comando Central estadounidense negó, sin embargo, que el portaaviones USS Abraham Lincoln hubiera sido alcanzado por misiles balísticos, asegurando que “los misiles lanzados ni siquiera se acercaron”.
Sin embargo, un comunicado este domingo del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), citado por la agencia iraní Fars, aseguró que el barco fue alcanzado por cuatro misiles balísticos.
Antes de los ataques, Trump había concentrado la mayor presencia militar en Oriente Medio en décadas. El portaaviones USS Gerald R. Ford y varios destructores fueron enviados desde el Caribe para reforzar la flota. El Ford participó en la captura del líder venezolano Nicolás Maduro en enero, operación que dejó heridos pero ninguna baja mortal estadounidense.
A su vez, el CGRI confirmó que la sexta fase de la operación Verdadera Promesa IV se llevó a cabo con extensos ataques con misiles y drones contra los territorios ocupados palestinos por Israel y las bases militares estadounidenses en la región.
Al respecto, precisó que 27 bases estadounidenses en la zona, junto con la base de Tel Nof, ubicada en el centro de los territorios ocupados; el cuartel general del ejército israelí en HaKirya, en el corazón de Tel Aviv, y el gran complejo industrial de defensa de Tel Aviv, fueron algunos de los objetivos atacados, de acuerdo a informe publicado por el portal iraní HispanTV.
Contactos diplomáticos: Trump abre la puerta a negociaciones
En paralelo a la ofensiva, Trump ha manifestado disposición a negociar con la nueva dirigencia iraní. “Quieren hablar y he accedido […], así que vamos a hablar con ellos. Tendrían que haberlo hecho antes. Han esperado demasiado”, declaró en una entrevista telefónica con la revista The Atlantic.
Fuentes de la Casa Blanca matizaron que esas conversaciones no ocurrirán a corto plazo y que la operación militar continúa. “Por ahora, la Operación Furia Épica continúa sin merma”, señaló un portavoz presidencial.
Por su parte, el ministro de Exteriores de Omán, Badr al Busaidi, aseguró que su homólogo iraní, Abás Araqchí, le transmitió la disposición de Teherán a “cualquier esfuerzo serio que contribuya a detener la escalada y restablecer la estabilidad”. Irán agradeció los esfuerzos diplomáticos de Omán, aunque la mediación no logró frenar el estallido de la guerra.
Araqchí afirmó que los bombardeos contra Teherán “no tienen impacto en nuestra capacidad para librar una guerra” gracias a un sistema de defensa descentralizado. “Decidiremos cuándo y cómo terminará la guerra”, dijo en redes sociales.
Los ataques iraníes han causado víctimas en Israel. Un misil impactó en la localidad de Beit Shemesh, derrumbando un edificio residencial y dejando al menos nueve muertos y 40 heridos. Entre los objetivos también figuró la refinería de Haifa, la mayor instalación petrolera del país, que suspendió operaciones de manera preventiva.
Opinión pública en EE.UU, petróleo en alza y amenaza inflacionaria
Una encuesta de Ipsos y Reuters reveló que solo uno de cada cuatro estadounidenses aprueba los ataques contra Irán. El 27 % manifestó apoyo, mientras que el 43 % los desaprueba y el 29 % dijo no estar seguro. La división es marcada entre republicanos y demócratas: 55 % de los primeros aprueba la ofensiva, frente a apenas 7 % de los segundos.
El mandatario aseguró que la campaña militar no afectará las elecciones de mitad de mandato previstas para noviembre. “Tenemos la mejor economía que haya tenido nunca el país”, afirmó, restando importancia al impacto del conflicto en el precio del petróleo.
Trump también expresó confianza en que habrá un levantamiento interno contra la República Islámica. “La gente está gritando en las calles con alegría, pero al mismo tiempo están cayendo muchas bombas”, dijo.
En medio del conflicto en Medio Oriente, el crudo Brent subió este domingo un 10% —a razón de unos 80 dólares el barril— en el mercado extrabursátil y los analistas advierten un aumento abrupto que podría alcanzar los 100 dólares el barril.
Actualmente, más del 20% del petróleo mundial se transporta a través del Estrecho de Ormuz, en este momento cerrado por Irán al trasiego comercial.
Situado entre Omán e Irán, esta arteria clave para el comercio del crudo conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo.
Un barril de petróleo a 100 dólares representaría un fuerte impulso inflacionario para Estados Unidos, ya que encarecería de inmediato los combustibles y el transporte, elevando los costos de producción en sectores clave como la industria química, la aviación y la logística.
Ese aumento se trasladaría a los precios finales de bienes y servicios, presionando la inflación general en torno a 0,5 a 1 punto porcentual adicional si se mantiene en el tiempo.
Además, la Reserva Federal podría verse obligada a endurecer su política monetaria para contener el alza de precios, mientras el gobierno recurriría a liberar reservas estratégicas de crudo para moderar el impacto interno.










