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Más allá de la bodega

Foto: Kaloian Santos.

El comercio  ya sea estatal o privado, interior, exterior, mayorista, minorista, de productos agropecuarios o de productos industriales, de “garaje” o de “candonga”, por la “derecha” o por la izquierda, ha sido y es una de esas piedras con la que el sapiens cubanus ha estado chocando de forma ininterrumpida desde hace casi seis décadas. De hecho es de las piedras que amamos tanto que la cargamos con nosotros y para no extrañarle nos la lanzamos delante una y otra vez. Creo que lo mismo podríamos decir de la gastronomía, en este caso, en especial de la gastronomía estatal, aunque la otra, la “no estatal” también da para varios episodios.

Quizás sea muy difícil comprender cómo es posible que todavía hoy después de tantos e incontables sinsabores, tantas críticas desde el ciudadano de a pie, de tantas subvenciones a empresas ineficientes, de tantas apropiaciones privadas de bienes públicos, de tantas juicios por robo, exista ese empeño por cargar al Estado cubano con tamaña rémora. Y si bien es cierto que puede haber mucho de subjetivo y mucho de personas que han utilizado el sector para su beneficio personal, quiero aclarar que otras muchas personas de ese sector son buenos ciudadanos, igual que muchas de las personas a quienes se le han asignado ese trabajo, frente al cual los doce trabajos de Hércules palidecen. No creo pues que sea un problema de mujeres  y hombres, aunque sin dudas hay mujeres y hombres en esos problemas.

Entonces intentemos entender que no es por inclinación masoquista que el Estado sigue cargando con la piedra y lanzándosela delante. Vayamos a los números.

El comercio y los ingresos del presupuesto del Estado

En el año 2020 los ingresos brutos totales al presupuesto del Estado fueron 55 451,3 millones de pesos cubanos, de ello, el Impuesto de circulación y sobre las ventas alcanzó los 14 497,6 millones de pesos esto es el 26,1% de los ingresos brutos totales y el 35,8% de los ingresos tributarios que en ese mismo año fueron 40 440,1 millones de pesos cubanos. Lo que resulta más interesante es que los ingresos no tributarios (aportes de las empresas estatales y las provenientes del cobro de las tarifas de servicio no mercantiles y otros) alcanzaron 15 011,2 millones de pesos cubanos, no mucha más que el impuesto de circulación y sobre las ventas. Habría que decir que el 2020 fue un año atípico pues por lo general el impuesto de circulación y ventas sobrepasa a los ingresos no tributarios. Quizás se entienda que se corre un grave peligro si la desestatización del comercio implica una reducción sustancial del impuesto de circulación, algo que en un inicio podría ocurrir y que atentaría contra un presupuesto ya en difíciles condiciones, tanto por lo menguado de sus ingresos, como por lo excesivo de sus gastos. ¿Puede el Estado prescindir de esos ingresos? ¿Una desestatización masiva del comercio y su reconversión a formas cooperativas o privadas garantizaría un nivel de ingreso parecido?

Una bodega no es importante, muchas bodegas parece que sí.

El aporte sectorial al PIB

Si examinamos la composición por sectores del producto interno bruto de Cuba a precios constantes es posible también apreciar la importancia del sector. Para el año 2020, el comercio alcanzó los 9 001 millones de pesos (17,7% del PIB), ningún otro sector de la economía nacional, con excepción de la Salud Pública tiene una participación tan alta en el PIB. Desprenderse de un sector que a pesar de sus ineficiencias tiene un peso determinante en el PIB, no es solo un asunto económico, sin lugar a dudas.

Además, en el mercado estatal se realiza más del 70% del consumo de los hogares según el anuario del 2020. Tener un control sobre el 70% del mercado tampoco es un elemento a subvalorar, aun cuando mucho de ese control es ineficiente.

En términos de empleo, en ese año, el comercio participaba con el 10,4% del empleo, solo superado por la agricultura y la salud pública. En otras palabras, es la tercera fuente de empleo del país. Una segunda lectura es un poco más preocupante, esto es, el 10% de la población del país se emplea en un sector de baja productividad, con empresas que por más de cinco décadas han demostrado ser poco eficientes y estar lejos de las expectativas de nuestra población. Incluso aquellas que un día fueron las cadenas de tiendas en divisa, padecieron de estos males. Así pues el comercio es la tercera fuente de empleo, importa como tal más allá de él mismo.

Si se atiende al valor de las construcciones en el año 2020, ellas alcanzaron los 203,7 millones de pesos en este sector, casi tanto como lo construido en la agricultura (241 millones); poco más de 10 veces lo construido en la pesca (19 millones); casi 3 veces lo construido en el sector de energía y minas (70,1 millones); más de seis veces lo construido en ciencia e innovación (30 millones); más de ocho veces lo construido en la educación (24,7 millones); cinco veces lo construido en salud pública y una proporción bastante parecida para el caso de cultura y deporte.

Cada vez que el Estado pone un peso en la construcción en el sector del comercio, lo deja poner en otros sectores, algunos de ellos identificados hace ya mucho tiempo como sectores estratégicos.

Y sí, es muy bueno que se reparen bodegas porque realmente el estado de muchas de ellas, quizás en la mayoría, es deprimente y hace mucho tiempo que se alejaron de lo que en un tiempo fue una bodega en nuestro país, pero que se haga con el dinero del Estado, es a mi juicio muy cuestionable. Existen en el país 12 000 establecimientos que fungen como bodegas, el 20% cuenta, según un articulo publicado en Cubadebate con una imagen renovada, esto es, una 2 400 ¿Cuánto costó? ¿acaso no es más socialista dedicar ese dinero a renovar escuelas y hospitales? Pero si son bodegas estatales, pues entonces el Estado debe correr con su reparación y gastar en ello.

Con relación a la inversión por clase de actividad pasa otro tanto. En el 2020 se invirtieron en el sector del comercio 272 millones de pesos cubanos. En la pesca 28,6 millones; en la minería 272; en la industria azucarera 180 millones, en ciencia e innovación 57,3 millones; en educación 57,6; en salud púbica 84,5; en cultura y deporte 66,7. ¿Están bien asignados los recursos de inversión cuando el sector de comercio supera ampliamente a un grupo de sectores identificados como estratégicos? ¿Es más socialista invertir en el comercio que hacerlo en la educación, en la ciencia y en la salud?

La asignación ineficaz de los recursos compromete las aspiraciones de desarrollo de cualquier país. Si se revisan los datos se podrá comprobar que la tendencia de la asignación de los recursos de inversión en estos último años (Anuario 2020, tabla 12,7) ha sido mucho más favorable al comercio que a estos otros sectores que he mencionado antes.

Es cierto que el sector se “desprenderá” del 30% de sus instalaciones las cuales serán licitadas, pero a mi juicio no basta. La cubana es una economía pequeña, con fuertes restricciones financieras internas y externas, necesitada de relocalizar sus gastos, reducir y asignar coherentemente los recursos hacia los sectores y empresas que impulsen el esfuerzo de crecimiento y desarrollo. Esa pequeña economía lleva décadas arrastrando el fardo pesado del comercio estatal, invirtiendo recursos que los resultados no justifican y dejándolos de invertir en aquellos sectores decisivos. No creo posible afirmar que el comercio estatal sea una condición o un principio del socialismo, no lo es tampoco el monopolio o los monopolios sobre la actividad.

¿Vale la pena que el dinero del pueblo se siga empleando en sectores que han demostrado por décadas su ineficiencia, bajo cualquier tipo de moneda y de organización? ¿Es que acaso no existen destinos más estratégicos y de mayor impacto?