|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
La situación de Venezuela se ha convertido en el factor determinante de la economía cubana en el corto plazo. Las relaciones con el país suramericano han sido claves en la estabilidad económica de Cuba, especialmente en el ámbito energético. Tanto, que, a pesar de haber reducido sus envíos históricos en los últimos años, el suministro venezolano sigue siendo clave.
Pese a los terribles apagones que afectan diariamente y por varias horas a hogares y empresas, el petróleo venezolano, sumado a la producción nacional y otras fuentes externas de combustible, garantiza hasta ahora la vitalidad mínima de la economía y la sociedad.
Hace poco conversé con un amigo sobre esta situación, y en un escenario de “cero combustible” me dijo algo real: los últimos cinco años parecerán un paraíso ante lo que nos esperaría. No es momento de ser alarmista ni de vaticinar catástrofes, pero las circunstancias requieren extremo pragmatismo.
Cuba: fuentes internas y externas del crudo
Cuba consume alrededor de 120 mil barriles de petróleo diarios (bpd), según se puede calcular a partir de una entrevista del Ministro de Energía y Minas ofrecida al periódico Granma en marzo de 2025. De ellos:
- 33 % es de producción nacional (40 mil bpd). Tras 13 años de decrecimientos en la producción nacional de crudo, la empresa estatal Cubapetróleo (CUPET) sobrecumplió la producción el año pasado, que cubre un tercio de la demanda del país.
- 67 % proviene de importaciones (80 mil bpd), lo que convierte a Cuba en una economía altamente dependiente de combustibles fósiles producidos en otras partes del mundo. Los principales proveedores son Venezuela, México, Rusia y, en menor medida, Angola, Argelia o Brasil.
En octubre del año 2000, Cuba y Venezuela firmaron un Convenio Integral de Cooperación. La isla obtuvo condiciones muy beneficiosas para recibir 53 mil bpd a cambio de servicios médicos, técnicos y profesionales.
En su mejor momento, entre los años 2009-2012, Venezuela llegó a enviar 100 mil barriles de crudo diariamente. A partir de 2013, coincidiendo con el deterioro de la situación económica en el país suramericano, el suministro comenzó a decrecer progresivamente.
En 2025, Venezuela envió a Cuba entre 27 mil y 35 mil bpd, según diversas fuentes. Aunque la disminución es notable, esta cantidad aún representa el 22-29 % de la demanda que necesita la economía de Cuba para funcionar con “normalidad”. A finales del año, el bloqueo estadounidense a los barcos de petróleo venezolanos interrumpió los flujos hacia Cuba.
¿Qué puede pasar?
Hasta ahora, el gobierno chavista sigue en el poder, ha garantizado la continuidad administrativa y está mostrando unidad interna, incluso con masivas manifestaciones populares. Sin embargo, enfrenta presiones innegables por parte de Estados Unidos.
Trump dice que Cuba está “a punto de caer” sin petróleo venezolano
No podemos perder de vista que Venezuela está siendo amenazada por la potencia más poderosa del planeta. Como si de fichas de dominó se tratase, el presidente de Estados Unidos ha declarado su intención de cortar todo el “dinero y el petróleo” provenientes de Venezuela para hacer caer a Cuba.
Trump afirma que EEUU ha ejercido mucha presión sobre Cuba y que su Gobierno “pende de un hilo”
En un momento tan crítico, ¿qué escenarios tendríamos por delante?:
- Escenario improbable: todo vuelve a la “normalidad”. Con la menor de todas las probabilidades, Estados Unidos retiraría el bloqueo petrolero a Venezuela y permitiría —o haría la vista gorda— los envíos a Cuba.
- Escenario probable 1: reducciones parciales y progresivas. Incluso si el gobierno bolivariano estuviera dispuesto a mantener sus compromisos energéticos con Cuba, enfrentaría la persecución y presiones de Washington. Esa hostilidad podría manifestarse en una combinación de más amenazas militares, continuidad del robo de barcos de combustible venezolano y presiones diplomáticas.
- Escenario probable 2: corte total. En el peor escenario para la economía cubana, perderíamos al primer proveedor de combustibles fósiles, con consecuencias aún más devastadoras para la economía cubana.
Ninguno de los tres escenarios es ideal. Estamos hablando de una economía que, desde hace años, sobrevive con una cantidad de combustible por debajo del mínimo que necesita para operar con normalidad. Por eso, lo crítico de la situación es que Cuba no puede darse el lujo de prescindir de una gota más de petróleo.
¿Y qué pasa con otros proveedores? Aunque no es imposible, no parece probable que México, Rusia y otros países que actualmente suministran combustibles fósiles a Cuba compensen la pérdida parcial o total proveniente de Venezuela.
La presidenta mexicana confirmó que su país mantendrá los flujos en la actual coyuntura, pero sin más incrementos. Por su parte, la reacción de Putin se dio la semana pasada en una reunión con embajadores donde dijo que “(…) siempre hemos brindado y seguimos brindando asistencia a nuestros amigos cubanos”, pero esto es más una declaración diplomática que una confirmación de aumento en la ayuda rusa.
¿Hay espacio para negociar con nuevos proveedores? El Gobierno cubano probablemente esté evaluando gestiones, pero el problema está en la escasez de divisas.
Cuba no tiene suficientes ingresos en divisas para cubrir no solo las necesidades de generación eléctrica, sino de alimentación básica, medicamentos o transporte público. Más allá del bloqueo estadounidense, que efectivamente cierra mercados y ahuyenta a inversores, el país no consigue ingresar dólares.
Todos esperamos lo mejor para nuestro país. Sin embargo, como escribió José Martí en septiembre de 1893: “En prever está todo el arte de salvar”. Es totalmente racional —y responsable— planificar el peor escenario. El Gobierno tiene los números oficiales sobre el alcance preciso de cada una de las proyecciones, que en todos los casos elevan la complejidad de la situación actual.
Heridas expuestas de la economía cubana
Sin dudas, la crisis actual en Venezuela y sus consecuencias nos dejan lecciones claras de cómo funciona la economía cubana en el ámbito energético y de sus relaciones con el resto del mundo:
- La dependencia de combustibles fósiles es altísima. Cuba depende en un 91 % del petróleo y otros combustibles fósiles para generar electricidad, lo que evidencia la necesidad crítica de flujos elevados y sostenidos. Al requerir la importación de dos tercios de la demanda nacional, las relaciones energéticas con el exterior son estratégicas.
- La importación de crudo está relativamente diversificada. A diferencia de la dependencia casi total hacia la Unión Soviética antes de su desintegración, la demanda de petróleo descansa en varios proveedores internacionales. Un corte parcial o total de Venezuela no significa el cierre de todos los flujos desde el exterior, aunque sí del más importante. El problema es que esta “diversificación relativa” no satisface las necesidades mínimas actuales de la sociedad y la economía. La solución pasaría por: 1) incrementar la producción nacional de crudo, 2) incrementar envíos de socios actuales, 3) buscar nuevos socios o 4) avanzar en la transición energética. Las cuatro soluciones requieren montos significativos de divisas que no están disponibles.
- La estrategia de los paneles solares es correcta, pero aún insuficiente. La inversión en fuentes renovables de energía es una apuesta estratégica. El 37 % de las inversiones en el sector estatal se dedica al suministro de electricidad, gas y agua, resultando en la instalación de 37 parques solares en un año. Es un esfuerzo encomiable, pero la realidad es que los apagones durante 2025 fueron peores: no porque los paneles sean inefectivos, sino porque lo que generan no compensa el déficit creciente de combustibles fósiles. Las energías renovables cubren el 9 % de la matriz energética actual. Cuba planifica elevar esa proporción al 24 % en cuatro años, por lo que la dependencia del crudo será un problema estructural durante un par de décadas más.
- La reforma aletargada nos ha hecho más vulnerables. La posposición de cambios estructurales en la empresa estatal, productividad, aceleración de la inversión extranjera, el mercado cambiario y mejores reglas para el sector privado ha derivado en deterioros constantes de la actividad económica, haciéndonos más vulnerables a shocks externos.
- La guerra económica estadounidense está en su apogeo. Como en el peor momento en los noventa, cuando se firmó la Ley Helms-Burton, ahora desde Washington existe una intención deliberada y pública de estrangular la economía cubana y provocar el esperado cambio de régimen.
En conclusión, la crisis en Venezuela nos toca de cerca. La combinación de alta dependencia de combustibles fósiles importados, restricciones severas de divisas y una reforma económica postergada durante más de quince años ha reducido al mínimo nuestra capacidad de maniobra. Apostar únicamente a que cambie el contexto internacional —ya sea en Washington o en Caracas— no es una buena estrategia. Lo extraordinariamente urgente de la coyuntura exige una audacia extraordinaria.












