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En la década de los ochenta y principio de los noventas del pasado siglo Omar Maderos fue una figura más que presente en el panorama cultural de La Habana. Luego, a partir de 1994, su nombre no figura más como diseñador y productor de sonados espectáculos de la capital, y comienzan a llegarnos ecos de sus “andanzas” por Venezuela y México.
A finales de 2025 coincidimos en una teatro de la Unam, en Ciudad México. Nos convocó la mutua admiración por Marianela Boán, quien, con su grupo de danza, presentó una personalísima versión de Antígona.
Intercambiar un apretón de manos y dos o tres palabras fue suficiente para pactar esta conversación a la distancia, a las puertas de un año que se anunciaba y está siendo más que dramáticamente incierto.
Vamos al chile, para usar una expresión mexicana que nos ponga en contexto.
En el currículo que me has facilitado para la confección del cuestionario se consigna un hecho singular. Fuiste fundador de la Organización de Pioneros de Cuba, e hiciste la primera comunión en la Iglesia del Buen viaje, de Remedios. ¿Cómo se explica esto? ¿No eran ambas condiciones, pionero y religioso, excluyentes entre sí?
Las circunstancias en aquellos años iniciales de la Revolución cubana fueron muy particulares. Las cosas no cambiaron de golpe. En San Juan de los Remedios, el pueblo donde nací y viví gran parte de mi infancia, había una larga tradición católica, por un lado, y creencias afrocubanas, por otro.
Tenía una vecina muy católica, y yo estaba perdidamente enamorado de una de sus hijas. Esos primeros amores infantiles te hacen perder la cabeza con la misma facilidad que lo hacemos de adultos, y por tal de estar cerca de esa niña, me inscribí en el catecismo.
El 4 de abril del 1961 se funda la Unión de pioneros Rebeldes, que después fue Unión de Pioneros de Cuba. Habían pasado 2 años y tres meses desde el triunfo revolucionario, pero ya antes de esa fecha funcionaban unos talleres para hacer títeres y otras manualidades en un edificio ubicado detrás de la parroquial mayor, dirigido por una muchacha que se llamaba Teresita, quien después coordinó toda la labor de los pioneros.
Cuando salíamos del catecismo, Teresita nos invitaba a sus talleres. Tengo un recuerdo particular del día de Reyes magos del año 61, porque hubo una fiesta con regalos en la iglesia y después otra en la que sería sede de los pioneros. Las cosas se radicalizaron poco a poco a partir de los sucesos de Playa Girón y la declaración del carácter socialista del país, pero todavía hubo un tiempo en que se podía ir de uno a otro espacio sin líos. En septiembre del 61, cuando la expulsión de los sacerdotes, ya todo se complicó y yo me quedé con los pioneros.


Estuviste en círculos de interés de danza y teatro. ¿Por qué no encausaste tu vida profesional por esos rumbos?
Estuve en círculos de interés de Química y en grupos de danza y teatro en la enseñanza primaria y secundaria, pero me encantaba organizar las presentaciones artísticas de los matutinos que se hacían los viernes y en los fines de curso.
Recuerdo que en primer grado, con mi maestra Dominica, organizamos un saludo para México, y un niño cantó una ranchera que decía algo así como “llora un naranjo gotas de sangre, porque la lluvia lo deshojó…” Me he cansado de buscar ese tema y jamás lo he encontrado. ¡A lo mejor lo inventó el niño!
En cuarto grado hicimos un performance con una canción infantil que cantaba Rosita Fornés, y cuando estaba en 5to grado estuve en el primer grupo de teatro infantil que fundó Fidel Galván. Me gustaba más estar detrás de las presentaciones. Creo que ahí nació mi gusto por la producción artística. Siempre he tenido miedo escénico.

Al término de la enseñanza primaria viajas a los países socialistas. ¿Cómo, por qué fuiste seleccionado para ese viaje de estímulo? ¿Qué países visitaste?
Había un programa de estímulo moral que contemplaba hacer un Cuadro de Honor en las aulas, y cada cierto tiempo ponían allí los nombres, y a veces fotos, de los niños que se destacaban por su notas y otras actividades deportivas y culturales. Al finalizar los cursos, los pioneros organizaban campamentos de verano en centros turísticos, como premio a esos niños. Al finalizar 6to grado se creó algo que se llamó La Caravana ejemplar de la niñez y la juventud, que era un tren que iba por cada provincia del país, con niños y jóvenes “vanguardias” hasta Santiago de Cuba, donde se celebraría el acto central por el 26 de julio. En agosto, los seleccionados para esa caravana, fuimos a campamentos internacionales en Alemania, Checoslovaquia, Hungría y la URSS.

¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Escribes en la actualidad? Si ya no lo haces, cuenta cuándo y por qué dejaste de hacerlo.
Comencé a escribir desde la secundaria. En 9no grado dirigí un periódico literario estudiantil que se llamó La Antorcha, donde publiqué algunas cosas; y en 10mo grado escribí un cuento de ciencia ficción titulado R-80M, por el que se me seleccionó para un taller literario.
En el 2005 fui editor y redacté los textos de un libro de fotografías del Premio Casa de las Américas Rolando Córdoba, que se publicó en Quintana Roo, México. Siempre escribo, pero publicar es otra cosa.
Tus estudios, hasta el preuniversitario, los cursaste en Remedios, Yaguajay, Manicaragua y Santa Clara. Viajas a La Habana para estudiar Historia en el Instituto Pedagógico Enrique José Varona. ¿Ya conocías La Habana?
Conocí La Habana desde muy pequeño. Viví algunas temporadas en Cojímar, antes de 1959. Me encantaba el tráfico, los semáforos, los edificios altos. Por una u otra razón visitaba con frecuencia la ciudad y jamás la sentí extraña.

Luego, durante tus años de estudios universitarios, que relación tuviste con la Ciudad?
En los primeros años de la década del 70, La Habana conservaba aún todos los cines en activo y la gran mayoría de los clubes, teatros y cabarés que siempre tuvo. Era parte de un grupo de estudiantes de diferentes carreras que nos encantaba recorrer la ciudad y conocer sus vericuetos. De martes a domingo nos programábamos cada noche una salida a un club, teatro, cabaret…El Colmao, El Ali-bar, el Pico Blanco, Las Vegas, El Capri, Tropicana, que era como nuestra casa, El Parisién, La Zorra y el Cuervo…qué se yo. Teatro Mella, Nacional, Amadeo Roldán –hasta que se quemó–, el García Lorca…
Era la época en que los antiguos clubes de Playa se transformaron en Círculos Sociales de los Sindicatos, y allá nos íbamos a bailar con Tejedor y Luis, Pacho Alonso, Aragón, Tito Gómez, Los Van Van y otras tantas agrupaciones.
Nos pagaban 85 pesos de estipendio a cada uno, y eso era bastante para la época. Apenas iban turistas a Cuba, y cada sitio era para nuestro total disfrute.

Fuiste cuadro político, a diferentes niveles, a partir de tu graduación en el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona ¿En qué consistió tu trabajo en la Flota Atunera de Cuba? ¿Cómo recuerdas aquellos años?
Al finalizar el preuniversitario fui seleccionado para El Plan de Formación de Cuadros del Comité Nacional de la UJC. Eso significaba la posibilidad de estudiar una carrera universitaria, al tiempo que en el horario inverso a las clases, cumplía un entrenamiento en los diferentes niveles de trabajo de la UJC. Es decir, seccionales, municipios, provincias y el propio Comité Nacional.
Terminados los estudios universitarios, fui ubicado como político de la Flota Atunera de Cuba, que tenía bases de pesca en Vigo y Las Palmas de Gran Canaria. Las tripulaciones pasaban hasta 6 meses de campaña en el Atlántico centro y norte. Un trabajo duro donde la personalidad de los capitanes definía una mejor o peor convivencia.
Mi trabajo se resumía en “atención al mar”. Me trasladaba de uno a otro barco en visitas de varios días en cada uno, para sondear el clima de trabajo que había y evaluar con los capitanes medidas que aseguraran las mejores condiciones de vida posible para todos. Los traslados entre una y otra nave se hacían en una balsa bajo la circunstancia climática del momento.
Viajaba encima de “la enviada” (sacos de cartas, películas, comida y sama, un pequeño pez que era la carnada para la pesca de atunes, pero que también les encantaba a los tiburones que nadaban alborotados alrededor de aquella balsa). Eran años de juventud y todo eso lo vivía como una gran aventura.
La rudeza de ese entorno se deshacía en ciertos momentos como, por ejemplo, cuando llegaba el 28 de octubre y esas manos acostumbradas a manejar el palangre y los enormes túnidos que capturaban, confeccionaban flores con algodón y palillos que se usaban para dar toques en la garganta. Después de una ceremonia, arrojaban al mar aquellas flores, en recordación de Camilo Cienfuegos.

Desde 1980 alternas tus responsabilidades políticas con la promoción de la cultura artística. ¿Cómo se dio ese cambio de orientación?
Siempre digo que el trabajo político fue mi gran escuela como productor de la cultura artística. Un acto político es una puesta en escena donde intervienen muchas personas, que tiene inicialmente un trabajo de mesa, después un diseño minucioso y finalmente la ejecución de un plan de tareas que lo hacen posible.
De esos organicé cientos. Quizás los de mayor complejidad fueron las actividades que me correspondieron durante el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en 1978.
En 1979, cuando dirigía la esfera ideológica en la Provincia de Ciudad Habana, tenía bajo mi dirección al Departamento de Cultura, y me interesé por un curso de producción de programas radiales, y me ofrecí para hacer las relaciones públicas de un festival de música de concierto, una presentación de Silvio Rodríguez en el Teatro del Ministerio de Comunicaciones y una vinculación al Festival mi canto a la Ciudad, donde fue premiada una canción de Ángel Quintero interpretada por María de Jesús López.
Silvia Peraza, que dirigía el departamento de cultura, fue mi maestra. Me enamoré absolutamente de ese trabajo.

Entre tantos espectáculos producidos por ti, se recuerda el mega concierto Abril de juventud en la Plaza de la Revolución, en 1985, con miembros del Movimiento de la Nueva Trova. Cuéntanos cómo fue esa experiencia. ¿Se conoce el número de asistentes? ¿Alguna anécdota sobre el proceso de concepción y ejecución del evento?
Para 1984 me ubicaron a trabajar en el Departamento de Cultura del Comité Nacional de la UJC. Por experiencias personales en el trabajo con el Movimiento de la Nueva Trova, la Brigada Hermanos Saiz y la Brigada Raúl Gómez García y creadores emergentes, se me ocurrió proponer la creación de una nueva institución para agrupar a los jóvenes artistas e intelectuales, y al mismo tiempo la UJC decidió incorporar al trabajo cultural de la organización a promotores, intelectuales y artistas con una preparación de excelencia. Me refiero a Verónica Puente, Eloísa Carreras, Raúl Fidel Capote (EPD), Vicente García Bustio, Jorge Enrique Mendoza y Margarita Maciñeira. Estoy hablando de la Asociación Hermanos Saíz.
En una reunión en la Casa del Joven Creador, en la Avenida del Puerto, me apropié de la idea de Vicente Feliú y otros cantautores de realizar un concierto en la Plaza de la Revolución. Aproveché la circunstancia de un nuevo congreso de la UJC, que se realizaría el 4 de abril de 1985, y propuse hacer ese concierto. La idea fue aceptada y toda la producción la realizamos las personas que mencioné antes. Convocamos a Enrique Núñez Díaz para hacer la dirección artística, y él propuso que se llamara “Abril de Juventud”.
Necesitaría el espacio de un libro para contar tantas anécdotas y vivencias de aquel concierto en las semanas previas a su ejecución, pero baste con decir que aquello fue el evento artístico al que más horas le he dedicado en tantos años como productor. Imaginen que los cantautores cantarían desde la misma tribuna donde históricamente hablaba Fidel, y allí estuvieron, menos Virulo, Amaury Pérez y Pablo, cada uno por razones diferentes y ajenas a sus deseos, todos los grupos y solistas del Movimiento de la Nueva Trova de entonces.
El concierto comenzó sobre las 9 de la noche del día 3 y finalizó bien entrada la madrugada del 4 de abril. Se calcula que asistieron un millón de personas, incluidos los delegados nacionales e internacionales al Congreso de la Ujc. Lo grabó la tlevisión cubana. Solamente he vuelto a ver, que alguien lo subió a YouTube, el momento en que Sara González interpreta La Victoria. Silvio hizo el cierre y a mitad de su intervención se zafaron algunos cables que unían el escenario con la consola de sonido, situada en medio de la plaza y, por tanto, del gentío. Por suerte, el incidente duró poco tiempo. Se utilizaron todos los bafles que existían en Cuba en ese momento, trasladándose algunos desde Santiago de Cuba y Santa Clara. Eloísa Carreras y yo vivimos un momento “gracioso” cuando fuimos un par de días antes a una unidad militar al sur de La Habana a concretar el despliegue de los fuegos pirotécnicos que se lanzarían al finalizar el evento, y estuvimos casi ocho horas retenidos en lo que averiguaban cómo habíamos dado con aquel sitio.
Háblanos de la Casa del Joven Creador, de la que fuiste director.
La Casa del Joven Creador se fundó en 1980 para ser la sede nacional de los movimientos artísticos juveniles bajo la orientación de la Ujc. Después de octubre de 1986, cuando se crea la Asociación —no brigada—, Hermanos Saíz, fue que asumí la dirección de esa institución como sede nacional de la misma y la vicepresidencia profesional de la Ahs.

¿Cómo se diseñaron sus perfiles?
En la casa se desarrollaban eventos vinculados a todas las manifestaciones artísticas, como exposiciones de artes plásticas, de diseño, de artesanías y de escultura; proyecciones de videos y películas. Allí se hizo la primera muestra en Cuba de la obra de Almodóvar; varias de sus películas nos fueron facilitadas por el agregado cultural de España en La Habana de ese momento.
Con la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños teníamos el espacio El Cine que no se ve. Había otro espacio llamado Chicuelo, donde se pasaban trabajos premiados en las Muestras del Taller de cine del Icaic, auspiciadas con la Ahs.
Se daban conciertos de cantautores en los espacios Un, dos, tres…trovando hasta el amanecer y Otra canción; eventos teóricos de crítica artística y literaria, en uno de los cuales estuvo Eduardo Galeano; recitales de poesía, puestas en escena de obras teatrales, algunos proyectos de danza.
En una imprenta de la época colonial se hacían ediciones artísticas de poetas y narradores. La Mesa de Raúl, conducida por Raúl Fidel Capote, se dedicaba a entrevistar en vivo a figuras importantísimas de la cultura artística: por allí pasaron Juan Formell, Rosita Fornés, María de los Ángeles Santana, Titón, entre otras personalidades.
Se realizó una expo con las maquetas ganadoras de un concurso arquitectónico para una nueva sede para la Ahs que se edificaría en un terreno ubicado detrás del Hotel Habana Libre. El Juan Sebastián Bar de La Habana, estaba diseñado para descargas de jazz.
¿Qué era el BarTolo?
Entre otras muchas acciones, se destacaba El BarTolo, un tributo a Benny Moré, pensado para el esparcimiento de los asociados y sus invitados, que iniciaba cuando poníamos la grabación del bolero “A media noche empieza la vida”, de Pablo Cairo, y se brindaba un trago cortesía creado para el espacio: El Conde Negro.
Ahí se bailaba, se comía, se bebía y se disfrutaba de juegos, concursos, cantautores, presentaciones de publicaciones como El Caimán Barbudo y otras locuras que se le ocurrían a quienes solicitaban su diseño cada semana. El bar cerraba cuando se retiraban los últimos parroquianos, casi siempre en la mañana del día siguiente, después de disfrutar del café con leche y el pan con mantequilla que obsequiaba la casa.

¿Cuáles jóvenes artistas asiduos a esa instalación luego han tenido carreras relevantes?
Se podrían citar muchos, figuras hoy importantísimas de la cultura nacional. Baste mencionar a algunos de ellos, como Gonzalito Rubalcaba, Víctor Rodríguez (el pianista), María Elena Boan, Albita Rodríguez, Rosario Cárdenas, Kiki Álvarez, Polito Ibáñez, Carlos Varela, Norge Espinosa, Anabel López, Xiomara Laugart, David Torrens, Liuba María Hevia, Kelvis Ochoa, Habana Abierta, Gema y Pavel, Zaida del Río, Luis Alberto García, Trío Enserie, Donato Poveda, Carmen Duarte, Abilio Estévez, Patricio Wood, Gerardo Alfonso, Frank Delgado, Vivian Martínez Tabares, María Elena Vinuesa, Víctor Fowler, Odette Alonso Yodú, Agustín Labrada…; algunos tempranamente fallecidos, como Jorge Luis Sánchez, Nidia Fajardo, Alberto Tosca, Santiago Feliú, Alberto Rodríguez Tosca, Frank Abel Dopico, Sigfredo Ariel y Bladimir Zamora.
En los años 90 enfrentaste un problema judicial. ¿Te molesta hablar de eso?
Es la primera vez que me referiré públicamente a ese hecho, a 36 años de sucedido. Jamás es molesto hablar de una injusticia, porque avergüenza a quienes la propician y ojalá provoque reflexiones en las personas que me lean y tengan como trabajo la impartición de justicia.
¿De qué se te acusaba?
Se me acusó de posesión ilegal de divisas y malversación. Resulta que tenía en mi poder, con todos los requisitos exigidos para eso, 911 dólares de una cuenta que la Ahs tenía en el Comité Nacional de la Ujc, como resultado de donaciones que hacían algunos de nuestros artistas al regresar de alguna gira en el extranjero. Era dinero para adquirir materiales para la Casa del Joven Creador, que se vendían exclusivamente en monedas convertibles en algunas tiendas creadas a tal efecto. Hicieron un registro en mi casa y los encontraron allí.
¿Hubo juicio?
Si, un juicio con sentencia previa, sin hacer caso a las evidencias a mi favor, presentadas, incluso, por parte de funcionarios relevantes. Había en aquellos días una campaña en contra de la malversación que algunos dirigentes hacían desde sus cargos.
El fiscal asignado al caso, Teniente Coronel Roque, se comportó como alguien deshumanizado, un ser cuadrado que acusaba por consigna. Desgraciadamente, de esos hemos tenido unos cuantos en diferentes responsabilidades durante el período revolucionario. Personas que jamás entendieron el humanismo y las mejores virtudes de José Martí, quien, según Fidel, inspiró la revolución cubana de 1959, en el año de su centenario.

¿Cuánto influyó este hecho en tu vida personal?
Ese momento influyó de manera notable en mi vida. Por un lado, me permitió saber el tamaño moral ante esa injusticia de personas como Armando Hart, Roberto Robaina, Contino, Antonio Rodríguez, jurista notable ya fallecido, Silvio Rodríguez y la inmensa mayoría de las personas de mi círculo de trabajo más cercano y, por supuesto, de mis amigos y familiares.
Por otro lado, me obligó, para aminorar el dolor de mi madre ante la posibilidad de verme en una cárcel durante 5 años, a emigrar y tener que vivir por tres décadas, de las siete que tiene mi vida, fuera de aquella tierra que me vio nacer,.
Todo el que lo haya hecho sin haberlo pensado jamás, sabe lo cabronamente duro que se vuelven los primeros tiempos de exilio, el dolor profundo que cada noche te acompaña a la hora de tratar de conciliar el sueño y todas las mañanas, en cuanto aparece el primer rayo de sol. Después llegan la costumbre, las amabilidades de otras geografías y su gente buena, y el convencimiento aprendido de una frase de José Martí: “Patria es humanidad”, pero llegar ahí, puedo asegurarte, es extraordinariamente doloroso.
En marzo de 1994 viajas a Venezuela para organizar una gira de Polito Ibáñez. ¿Te quedaste viviendo allí?
Ese viaje fue una experiencia para el infinito agradecimiento. Una firma de un ser humano extraordinario me permitió la salida en migración del aeropuerto, me salvó de la cárcel y me llevó directo a la estatua de Bolívar, en la plaza de los árboles altos y olorosos del centro de Caracas. Allí pasé la primera de mis muchas noches en aquel bendito país. No me alcanzarían mil páginas para agradecer a tantos venezolanos y cubanos que me tendieron la mano entonces.
El líder agrario Jesús Álvarez me puso en contacto con Adela Altuve, talentosa música que dirigía la Fundación Moisés Moleiro y la Banda Filarmónica Nuestra América. Con ella organizamos un Curso de producción de la cultura artística y la primera gira de Polito Ibáñez en Venezuela. Si no recuerdo mal el Polo estuvo casi un año presentándose en todo el país, desde el Aula Magna de la Universidad Central, el Teatro de la Ópera de Maracay, la Sala José Félix Rivas del Teresa Carreño, El Ateneo de Caracas y los recintos más importantes de cada ciudad.
El esmerado cariño de Chucho y Mercy, hermanos de la Universidad, de Mario Crespo, cineasta cubano y su esposa Isabel Lorenz, una venezolana adorable, el recibimiento de mi querido hermano de la AHS Jorge Luis Sánchez, el apoyo incondicional de Vero Puente y Rolando Córdoba, el cobijo de la actriz María Angélica Ayala, la confabulación de Ilena Sánchez y Luís Muñiz (Dúo Filin) y de Neiffe Peña, con quien recorrí un buen tramo de los llanos de su país, la confianza de tantos artistas a quienes deseo juntar en el nombre de Tania de Venezuela, quien con su voz al cantar a tantos sitios de la tierra de Bolívar, me hace llorar de emoción cada vez que la escucho. Al querido Manuel Portillo, un hombre de tal grandeza de corazón que se hizo familia para siempre. Y a mí Ale, niño queridísimo, que llegó a acompañarme cuando perdí a mi madre, y pensé que la vida no continuaría.
Fuiste gerente general de la productora Mercaeventos. Señala algunos eventos importantes realizados bajo esa cobertura.
Mercaeventos fue una empresa perteneciente a un grupo empresarial de Ricardo Vergara (Epd), un panameño que creció en Venezuela, hijo del Sr. Vergara, cantante que contaba como su momento más brillante en la vida el haber compartido escenario con Benny Moré en Panamá, y de la Sra. Silvia, la inteligencia y la dulzura en una mujer. Conocí a Ricardo por Neiffe Peña cuando él le encargó un espectáculo que hiciera homenaje a la música popular cubana. Había contratado en Cuba al Trío Ensueño, de Contramestre. Ellos eran la viva estampa de los Matamoros, y de las primeras conversaciones se apoyó mi idea de un show pensado para Cabaret, bajo el título “De Cuba traigo. Ensueño, sones y boleros”.
El elenco era de primer nivel y el éxito no esperó: Canelita Medina, Neiffe Peña, el Trío Ensueño, Dúo Filin, un cuerpo de baile de cubanas y cubanos con una larga trayectoria y el lujo del Cabaret del Hotel Ávila y su rescatado slogan de los años 50 y 60 “En el Ávila es la cosa”.
Al finalizar este proyecto, Ricardo Vergara me propuso armara una empresa para promover artistas extranjeros y venezolanos. Allí conocí a la inmensa artista que es Maigualida Ocaña. y con un equipo pequeño, pero eficaz, se produjeron eventos con Celia Cruz, Johnny Pacheco, Gilberto Santa Rosa, Danny Rivera, Tania de Venezuela, Oscar D León, Andy Montañez y la propia Maigualida, La Voz, en quien vi reencarnar a La Lupe más de una vez en los escenarios; como vi a Freddy, la cantante, reencarnar en Neiffe Peña.
Con el dúo Filin se dejaron excelentes huellas de Cuba. Así como con la gira organizada para la obra Mamá. Con María Angélica Ayala se produjeron varios proyectos y finalmente nos fuimos de gira por el país con Las grandes de Venezuela (Mirla Castellanos, Estelita del Llano, Mirtha Pérez, Neyda Perdomo y Tania de Venezuela).

¿Cuándo y por qué te trasladas a México?
Al finalizar 1999, se produjo un evento climatológico en Venezuela que afectó mucho la zona donde vivía. Recibí entonces la invitación de Alexis Núñez Oliva, Productor ejecutivo en Televisa, México, para viajar a ese país y ser productor asociado del canal musical Ritmoson.
Entre 2001 y 2002 trabajé con Gabriel Blanco en su oficina de representación de actores en México, y en 2003 se funda Tomeguín por la inolvidable y entrañable hermana Sareska Escalona, para promocionar en México la cultura artística de Cuba y otros países.
En 2002 recibes el Premio a la excelencia profesional Palmas de Oro. ¿Quiénes otorgan ese galardón?
Palmas de Oro es un premio a la excelencia profesional, y me fue otorgado en 2002, en su XXXVI edición, por el Consejo Ejecutivo del Círculo Nacional de Periodistas por mi “destacada trayectoria en la televisión mexicana”.
¿Cómo fueron los comienzos de Tomeguín S.A? ¿Todavía existe? Cita los cinco eventos más importantes patrocinados por esta productora?
A finales del año 2003, autoridades de Chiapas solicitan a Sareska Escalona una actuación de la Orquesta Los Van Van. Lo demás es una hermosa historia de eventos artísticos de primer nivel hasta la actualidad.
No estoy seguro de que haya solamente cinco eventos importantes patrocinados por Tomeguín en México. Creo que no ha quedado una sola institución de la música y la danza cubanas que no hayan actuado en México a instancias de Tomeguín, desde su fundación hasta el presente. Ballet Nacional de Cuba. Lizt Alfonso Dance Cuba, Conjunto Folclórico Nacional, Compañía de Danza Contemporánea de Cuba, espectáculos de Tropicana, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Amaury Pérez, Polito Ibáñez, David Torrens. Kelvis Ochoa. Frank Delgado, Santiago Feliú, Liuba María Hevia, Haydeé Milanés, Omara Portuondo, Familia López Nussa, Orquesta del Liceum Mozartiano de La Habana, Camerata Femenina de Zenaida Romeu, orquesta Los Van Van, Habana D’ Primera, Alaín Pérez, la Charanga Habanera, Adalberto Álvarez y su son, Frank Fernández, Víctor Rodríguez, Rolando Luna, Chucho Valdés, Arturo Sandoval, Paquito D Rivera, Son 14, José María Vitier, Pancho Céspedes, Amaury Gutiérrez, Orquesta Anacaona y un largo etcétera.
Seis eventos cimeros pudieran ser: presentación de Chucho Valdés en el Palacio Nacional de Bellas Artes, Primer Festival de Salsa Cubana en el Palacio de Los Deportes 2018, Espectáculo Cuba canta a Lara en el Zócalo de la Ciudad de México, con la Orquesta Aragón y cantautores invitados; Silvio Rodríguez en el Zócalo de la Ciudad de México, Pablo Milanés en el Zócalo de la Ciudad de México, Los Van Van y la Orquesta del Desierto en la Inauguración del festival Internacional Cervantino.
Mirando hacia atrás, ¿cuándo te asumiste plenamente como productor? ¿Es una profesión que te llena plenamente?
Creo que la conciencia de lograr organizar todo lo que se debe para que suceda un hecho artístico la tuve por vez primera el 1985, cuando el Concierto Abril de Juventud en la Plaza de la Revolución de La Habana. Otro momento que me dejó muy satisfecho al respecto fue la entrega del Premio Villena de 1988 en la Escalinata de la Universidad de la Habana, con un espectáculo donde participaron la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el Maestro Leo Brouwer, el bailarín Jorge Esquivel, la soprano Alina Sánchez y Pablo Milanés. La orquesta interpretó El Bolero de Ravel que fue vocalizado por Alina y Pablo, al tiempo que Esquivel bailó magistralmente una coreografía especialmente montada para la ocasión.
No existe mayor satisfacción que escuchar los aplausos que un público otorga al talento de un artista cuando finaliza una presentación, y que salga del lugar con la sensación de haber disfrutado un segmento de tiempo desde el arte. Saber que tu trabajo contribuyó a que eso sucediera es muy gratificante. Por eso si, es una profesión que me llena plenamente.
¿Cuánta creatividad hay que poner en juego en la concepción y realización de un espectáculo?
Toda la creatividad. Martí lo escribió en una frase: “Todo está dicho ya, pero las cosas, siempre que sean sinceras, son nuevas” Me parece un buen punto para crear lo que sea, incluso un espectáculo. Por otro lado, un productor será más atinado mientras más talentoso sea el equipo que reúna para realizar una idea.
¿Qué conocimientos y atributos debe tener un productor de espectáculos?
Todos los conocimientos posibles van a ser muy útiles. En cuanto a los atributos, el más importante es la sencillez. También son importantes la capacidad de valorar el talento de los integrantes del equipo y, en consecuencia, confiar en ellos, y tener siempre muy en cuenta la visión del artista con quien trabajas. La organización y la disciplina son la base que propiciará coherencia y dará un resultado feliz a este trabajo.
¿Qué relación tienes con Cuba? ¿Alguna vez se mete en tus sueños?
Nací un 7 de mayo de 1954, a las 7 de la mañana, según me decía mi madre, en el Hospital Emma Cabrera de San Juan de los Remedios del Cayo. Entonces, mi relación con Cuba es umbilical, de raíz.
La siento, la sufro, la celebro y la defiendo todos los días de mi existencia; y claro, es raro que no esté en algunos de mis sueños.
Me maravillan la cultura, la idiosincrasia, los colores y nombres de mi Cuba… y la música, tanto, que para no ser chovinista me repito cada día una idea martiana que me parece lo máximo: “Cree el aldeano vanidoso, que el mundo entero es su aldea.”











