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Quienes no conocieron a mi padre, Eliseo Diego, lo imaginan como alguien muy serio, algo sombrío, encerrado en su mundo de la poesía y la literatura. Y aunque todo eso no deja de ser cierto, era también un hombre con un fino sentido del humor: hacía chistes con mi hermano Rapi, formaba dúos simpatiquísimos con sus amigos Octavio Smith y Cintio Vitier. Agustín Pi participaba con sugerencias y, sobre todo, con sus carcajadas, que se escuchaban en toda la casa. Esta faceta de mi padre explica los “telegramas” que leerán al final de este trabajo.
Francisco Petrone (Buenos Aires, 1902–1967) fue un gran actor de cine y de teatro. En Cuba se le conocía por sus películas La guerra gaucha y Todo un hombre 1, ambas de principios de la década de 1940 y muy difundidas por la televisión cubana en las décadas de 1950 y 1960. Yo las vi ya de adolescente y recuerdo muy bien algunos breves parlamentos, especialmente de Todo un hombre, que en mi familia se repetían siempre con una sonrisa.
En el filme, Petrone interpreta a un rico y poderoso empresario, rudo y áspero, casado con una mujer que constantemente le exige atención y es muy celosa. Ella (Amelia Bence, también muy famosa y gran actriz de la época) inventa un romance con un amigo medio tonto que visita la casa. Se lo dice a Petrone delante del supuesto amante y él le responde, airado: “¡Mi casa no es un tiatro!” (lo dice tan fuerte que la “e” suena como una “i”), y al visitante: “O mi mujer resulta loca, o le levanto a usted y a ella la tapa de los sesos”.
El matrimonio se reconcilia; más tarde ella enferma y muere. En la última escena, Petrone dice, visiblemente apesadumbrado: “Yo no soy de esos hombres que dejan morir a sus mujeres”. Entonces la carga y entra en la piscina de la casa, obviamente para suicidarse y morir junto con ella (al menos así lo recuerdo).
¿Pero por qué cuento todo esto?
En 1953 Petrone visitó La Habana con su compañía de teatro. Vino con un repertorio de obras de Arthur Miller, entre ellas La muerte de un viajante. Nunca supe cómo se inició su amistad con Agustín Pi, si fue en Cuba o en México, donde pasó unos años. Fue a través de esa amistad que Petrone llegó a nuestra casa y conoció a mis padres, a Cintio, Fina, Octavio y otros escritores y amigos de la familia. Fue una relación muy cálida y natural, como si se hubiesen conocido de toda la vida.
Mis padres fueron a ver La muerte de un viajante, por supuesto; creo que se estrenó en el Teatro Martí. Pienso que no llevaron a mi hermano Rapi, pues solo tenía cuatro años, pero entre las fotos que guardaba mi madre encontré unas muy tiernas de mi hermano imitando a Petrone, con unas maleticas y un sombrero. Puede ser que, como siempre mis padres jugaban con el niño con títeres y disfraces, mi hermano lo entendiera como un juego más. “Interpretó” el personaje delante de Petrone, que estaba muy divertido viendo a aquel niñito tan serio y tan concentrado en su “actuación”.
En sus visitas a casa, Petrone contaba anécdotas de sus películas. Una de ellas se refería a la escena final de Todo un hombre. Para aumentar el dramatismo, los productores habían colocado unos peldaños en la piscina para que el actor fuera bajando lentamente y acentuara su intención de suicidarse. Pero los escalones estaban resbaladizos, Amelia Bence pesaba un poquito y, en varias ocasiones, terminaron cayéndose al agua. Tuvieron que repetir la escena varias veces.
Después de marcharse de Cuba, la amistad continuó por cartas. En una de ellas, Petrone incluyó una foto familiar donde aparece con su esposa y sus seis hijos. Mi madre escribió al dorso: “Nélida Martínez y Petrone con sus hijos. ¡Linda cría!, ¿no?”.

Mi padre escribió unos “telegramas” de un productor de teatro inexistente que va cambiando a través de los siglos. Este productor, siempre optimista, consigue excelentes contratos, pero la suerte no lo acompaña y siempre coinciden con catástrofes políticas o naturales. Todos se divertían con las ocurrencias de mi padre, empezando por Petrone.
Recuerdo muy bien el día en que se enteraron, por el periódico, de la muerte del querido amigo, noticia que los entristeció profundamente.
Queden estos recuerdos como testimonio de esa bella amistad y como un pequeño homenaje al gran actor argentino que fue Francisco Petrone.
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Felicítame! Me colé en casa de Julio. Es un gran tipo. Culto y sabe mucho de teatro. Me garantiza cien representaciones de “La Muerte del Centurión”. Figúrate. Esta tarde voy al Senado con él. Algo grande se prepara. Cuando le hables no dejes de llamarle César. Es muy ceremonioso. Todo resuelto por fin. Te espero aquí mañana.
Roma, Idus de Marzo.
Todo resuelto. Soy íntimo del secretario del Emperador. Ayer almorcé con él. Es un gran tipo. Debutas en el Gran Teatro “Vesubio” con “La Muerte del Procónsul”. Tienes tiempo de llegar al mediodía. Ya te hablaré de Plinio, cierto viejo gagá que se marcha hoy de la ciudad porque cree en augurios idiotas. Figúrate! Su cretinismo no le permitirá ver la obra. Nos abrazaremos muy pronto.
Pompeya
No hay problemas! “La muerte del Muecín” es un hecho. El hombre es un gran tipo y lo garantiza personalmente. Lo de los gallegos Isabel y Fernando es un rumor ridículo. Cuando me escribas hazlo a la dirección siguiente: Abu Ben, visir, séquito de Boabdil, La Alhambra, Granada.
No te preocupes. Aquí la cosa está fea pero tenemos la plata bien guardada y la representación de “La Muerte del Delfín” es segura. Te repito que la plata está a salvo. El gordito Luis es un gran tipo. La mandó a guardar en la Bastilla. Figúrate, en la Bastilla!! Ven para acá enseguida.
París, 13 de julio de 1789
Esta vez no falla. Caja de resistencia y panorama llegan seguro. Estamos a prueba de todo. Figúrate! Van en el S. S. Titanic.
Liverpool, 1912
Prepárate a bendecirme! Figúrate! Soy un lince! Doblé la plata del empresario! Saca primera en seguida. Gastos pagos aquí. Empeñé además caja de resistencia, panorama y alfombras. Esta noche lo apuesto a la muñeca de Firpo! Es un gran tipo!
Chicago, 1923
Figúrate! Por fin hemos encontrado empresario perfecto! Se acabaron nuestros problemas! El hombre no sabe más que de taquilla. Es una fiera para la plata. No cree en nadie. Además, es un gran tipo. Tienes que haberlo oído nombrar. Figúrate! Se llama Francisco Petrone.
México, 1953
Nota:
1 La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas le otorgó el premio Cóndor Académico a los mejores actores protagónicos, femenino y masculino, de 1943, a Amelia Bence y Francisco Petrone, respectivamente.











