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Fukuyama, la ideología sigue rigiendo el mundo

El príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, se reúne con el primer ministro iraquí Mustafa Al-Kadhimi, en Riad, Arabia Saudita, el 31 de marzo de 2021. Foto: Agencia de Prensa Saudita / a través de REUTERS

Desde que Francis Fukuyama publicó en 1992 su best seller, El fin de la historia y el último hombre, ha llovido mucho y tanto, que cuando se recuerda el libro que le llenó de oro, también se recuerda que Francis se equivocó de lleno. El autor aseguró que las luchas ideológicas, motores de la historia, habían terminado definitivamente. Pero hoy el mundo está más polarizado ideológicamente que hace treinta años, cuando parecía que el sueño neoconservador de Fukuyama se había hecho realidad: el gobierno planetario de Estados Unidos. Y él aprovechó la inspiración para escribir el más exitoso ejemplar de política-ficción de los últimos tiempos.

En 1992, hacía dos años que la URSS se había desmerengado completamente y la única potencia mundial era Estados Unidos. Había nacido el mundo unipolar. Apenas un año antes, en 1991, George H Bush había desatado la operación «Tormenta en el Desierto» para liberar Kuwait. Pero después de derrotar a la Guardia Republicana de Saddam Hussein, los tanques se detuvieron a las puertas de Bagdad. Fue una sabia decisión de Bush. El viejo zorro, exdirector de la CIA, sabía que si perseguía a Hussein hasta su capital, este terminaría inevitablemente preso o muerto, y la consecuencia sería una inevitable ocupación militar, indefinida, con una esperada fragmentación del país que fortalecería la influencia de Irán en la región. Así, el balance de poder en la región se desplazaría desde la monarquía saudí, sunnita y aliada estadounidense, hacia su más potente enemigo ideológico Irán, chiita y rival de Estados Unidos.

El viejo Bush tomó la decisión adecuada, evitando el desbalance de poder y el caos de la guerra en el Medio Oriente. Tal vez no se había leído a Fukuyama o se lo leyó y no le hizo caso. Porque el conflicto religioso entre sunnitas y chiitas, ambos dentro de la religión musulmana es una clara pugna ideológica.

En los últimos seis años, desde que Teherán y Riad rompieron relaciones en el 2016, han tenido lugar serios conflictos armados en la región, en la que sobresalen el de Yemen y el de ISIS. Y efectivamente, el balance de poder en el Medio Oriente ha cambiado a favor de Irán. La causa no fue otra que George W Bush, hijo del prudente Bush, quien invadió Iraq en el 2003 con una falsedad ––la de las armas de destrucción masivas–– y que además desestabilizó a Iraq a través de su enviado Paul Bremer1, quien eliminó de un plumazo al ejército iraquí, capaz de controlar la mayoría chiita.

Esos desmovilizados del ejército se convirtieron a continuación en el más temible enemigo del ejército norteamericano en los años posteriores, al tiempo que atacaban implacablemente a los chiitas, quienes iban ganando en el poder en la nación. Y lo ganaron.     

Hoy, sin embargo, existe una nueva posibilidad en la solución del gran conflicto ideológico Sunnita-Chiita. Precisamente por la influencia iraní en la política interna iraquí. Sucede que el principal poder en Irak lo tiene Mustafá al-Kadhimi, actual primer ministro, apoyado por Irán. Al Kadhimi ha sido el principal catalizador para que tengan lugar en Bagdad las negociaciones entre Arabia Saudita e Irán. Es notorio el abrazo que se dio con el heredero a la corona saudí Mohammed bin Salman, en una visita a Riad. Se acaba de celebrar la cuarta ronda de las negociaciones, y todo parece indicar que avanzan bien a paso ininterrumpido, sin revelaciones públicas, aclaró el vocero del gobierno iraní hace un par de días.

De manera que las disputas ideológicas siguen teniendo lugar —a pesar de Fukuyama— causando guerra y paz no obstante su anuncio del “final de la historia” y aprendemos que no solo empeoran las cosas, sino que pueden mejorar, como muestra la Sunnita-Chiita.

De manera que la ideología y sus luchas siguen determinando al mundo, y dentro del mundo a todos los países. A algunos les va bien, a otros les va mal. Algunos prefieren limar tensiones pese a las ideologías, otros prefieren mantener la ideología ortodoxa y sortear las tensiones…Ya el breve mundo unipolar pasó, o está pasando. China y Rusia lo vienen diciendo hace tiempo, el futuro pertenece al multilateralismo. Y Estados Unidos no lo acepta. La pregunta es cómo los pequeños países, y en nuestro caso Cuba, quedaría cuando las armas, que son las que deciden cómo y hacia dónde va el mundo, entren al escenario.

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Nota

1  Paul Bremer, después de haber sido el hombre más poderoso de Irak, es actualmente un simple instructor de esquí en el estado de Vermont. Colin Powell se lo sugirió una vez disimulado en una broma, pero para Bremer ha sido su triste realidad. Aunque nada comparado con las muertes y los conflictos que su torpeza americana desarrolló en Iraq.