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Virus en el sistema de publicaciones científicas

La pandemia de COVID-19 bien pudiera ser el elemento que abra la grieta definitiva en un sistema de publicaciones científicas ya tensionado y aquejado de diversos problemas serios.

por
  • joaquinsevilla
    joaquinsevilla,
  • Alberto Nájera López
    Alberto Nájera López,
  • juanitico
    juanitico
mayo 4, 2020
en Ecos
3
Foto: Unsplash/Vlad Kutepov, CC BY-SA

Foto: Unsplash/Vlad Kutepov, CC BY-SA

El sistema de publicaciones científicas afronta una situación tan comprometida a causa de la COVID-19 que podría acabar desembocando en su transformación. No sería prudente hacer predicciones acerca de la forma en que se comunicarán los resultados científicos cuando la pandemia haya pasado, pero no cabe descartar ninguna posible evolución. La situación que atraviesa el sistema es de verdadera crisis.

El camino habitual para comunicar resultados científicos consiste en publicarlos en revistas especializadas. Para ello, una propuesta de artículo ha de pasar un proceso, generalmente lento, de revisión por pares. Durante este, otros especialistas en el campo, ajenos a los autores y anónimos para ellos, juzgan su calidad y lo aceptan, rechazan o proponen cambios.

Este proceso ganó peso a lo largo del siglo XX (aunque a Einstein no le gustaba nada) y hoy es un elemento inexcusable de una revista científica de calidad.

Publica o perece

En los últimos años el sistema de publicaciones científicas está sufriendo unas tensiones enormes. Por un lado, el progreso en la carrera científica se basa cada vez más en las publicaciones. Esto ha generado una práctica, condensada en la máxima “publica o perece”, que revela una preocupante confusión entre fines y medios.

Por otro, la irrupción de internet ha transformado el sistema de acceso y manejo de la información científica. La presión generada por las redes ha modificado drásticamente el mercado de todos los productos susceptibles de digitalizarse (música, cine, series y periódicos). A pesar de los cambios, el sistema de publicaciones científicas mantiene una estructura análoga a la que vivió Einstein.

Este contraste entre la transformación del sistema de acceso a los contenidos y el mantenimiento de la estructura editorial genera fuertes tensiones, hasta el punto de que se habla incluso de que “la máquina de hacer ciencia está rota”.

Las tensiones afloran por muchos sitios, lo que da lugar a problemas preocupantes y a diversos “males de la ciencia”. Hay una crisis de revisores, pues cada vez menos científicos están dispuestos a dedicar su tiempo a una labor ingrata, que no reporta ningún beneficio directo (ni económico ni de reconocimiento). Ante esto, muchos editores han optado por pedir a los propios autores que sugieran revisores, cosa que ha dado lugar a comportamientos fraudulentos.

Los conflictos de intereses entre autores y revisores son un problema intrínseco del sistema, pero que se ve agravado por las presiones. La importancia que para el sistema de ciencia tienen las editoriales de las revistas consideradas de prestigio hace que se comporten como un cartel, manteniendo unos precios y sistemas de tarificación que están provocando la cancelación de la suscripción a revistas por países enteros.

Éramos pocos y llegó el SARS-CoV-2

La pandemia de COVID-19 bien pudiera ser el elemento que abra la grieta definitiva en un sistema de publicaciones científicas ya tensionado y aquejado, como hemos visto, de diversos problemas serios.

Una de las características más obvias de la revisión por pares es que es lenta. Por rápido que se quiera hacer, desde que se envía un trabajo, es aceptado para su revisión, tres especialistas lo leen y consensuan su juicio para, finalmente ser aceptado (o rechazado), es difícil que pase menos de un mes. Ese tiempo, que puede ser razonable en condiciones normales, es una eternidad en tiempos de pandemia. La investigación, en estado de frenética actividad, no puede esperar semanas para conocer lo que otros equipos están haciendo, máxime cuando el valor que en realidad aporta la revisión al producto final tampoco es esencial.

No solo se retrasan los artículos científicos que podríamos denominar “estándar” con resultados experimentales, sino también otro tipo de contribuciones que permiten enriquecer el desarrollo científico, como son las cartas, comentarios, editoriales y perspectivas. Muchas revistas, ante la imposibilidad de atender todas las propuestas, han limitado su número o no los aceptan. Alguna, incluso, indica que este tipo de contribuciones se harán por iniciativa propia de la revista o consejo editorial, limitando mucho el acceso a ese tipo de formatos a la comunidad científica.

Esta situación conduce a que la comunidad científica que investiga el SARS-CoV-2, en todos sus ámbitos, genere conocimiento mucho más rápido de lo que el sistema editorial puede asimilar. Por eso se ha visto obligado a buscar alternativas.

El papel ¿mojado? de la prepublicación

En una sociedad donde la comunicación no tiene límites, la científica no puede verse encorsetada por un mundo editorial incapaz de dar respuesta en tiempo y forma. Así que muchos autores se han visto obligados a acudir a plataformas de prepublicaciones (preprints) como ArXiv, medRxiv, bioRxiv, Queios y OSFpreprints para dar a conocer los resultados de sus investigaciones.

Son sitios web donde los autores publican sus artículos para que se puedan leer mientras son revisados en las revistas. Esos sitios existen desde hace décadas y se crearon originalmente para mitigar el problema de posibles robos de ideas por parte de revisores poco éticos. Algunos ponen algunas limitaciones y un consejo “editorial” hace de filtro, otros son mucho más flexibles. Casi todos ofrecen la asignación de un DOI (Digital Object Identifier) que permite identificar el contenido, de forma similar al ISBN.

Algunos de estos espacios permiten que otros científicos, previa acreditación con su ORCID (Open Researcher and Contributor ID“ o “Identificador Abierto de Investigador y Colaborador” en español) discutan y revisen públicamente el contenido de la contribución. El número de científicos que pueden “revisar” un artículo será muchísimo mayor que el ofrecido por un sistema de revisión por pares. ¿Estamos ante un cambio de paradigma hacia una verdadera y plena Open Science?

Quizás lo estemos, pero hay que ser cautelosos. En estos días de ciencia frenética, la gran demanda social de conocimiento hace que estudios de bajísima credibilidad adquieran una importante relevancia pública. Por esa razón, en cualquier caso, cualquier alternativa a la revisión por pares a priori deberá garantizar una mínima calidad de lo que se publique.

Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas

El poner una prepublicación en un repositorio público antes de su aceptación formal no implica que la publicación tenga la misma validez de un artículo en una revista de prestigio. Pero ¿acaso la comunidad científica necesita el dictamen de consejos editoriales y revisores para decidir qué es científicamente aceptable o no? Son unas normas y manera de funcionar tradicionales que, por diversas razones, parecen hacer aguas en una situación de emergencia como la que vivimos.

Una prepublicación solo reconoce, de alguna manera, la autoría de una idea. Algo así como colocar el trabajo en la “pole” en una carrera, pero que, al final, podrá ganar otro si se publica antes. Algunos científicos están prefiriendo compartir sus resultados o ideas para que contribuyan al conocimiento lo antes posible, antes que recibir ese reconocimiento de un “aceptado” editorial porque saben que, por encima del curriculum vitae, estamos hablando de vidas.

La pregunta de si nos encontramos ante un nuevo paradigma no tiene una respuesta fácil. Pero no debemos descartar que la situación actual alumbre un nuevo modelo de comunicación de los resultados de la investigación. Más de una vez ha ocurrido a lo largo de la historia que un sistema débil ha perdurado en el tiempo, por inercia, en tanto no ha habido amenazas exteriores que forzasen su transformación o sustitución. Podemos estar en una coyuntura similar. Es posible que la gran cantidad de información generada con motivo de la pandemia sea la amenaza que acabe propiciando la transformación del sistema de publicaciones científicas. Su crisis sería por tanto, la antesala de un nuevo sistema.The Conversation

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation

Etiquetas: cienciacoronavirusPortada
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Alberto Nájera López

Alberto Nájera López

Profesor Contratado Doctor de Radiología y Medicina Física, Universidad de Castilla-La Mancha

Juan Ignacio Pérez Iglesias

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Comentarios 3

  1. Rafael Forteza Fernandez says:
    Hace 6 años

    Este es un tema espinoso. Por un lado están los precios prohibitivos para publicar de algunas de estas revistas, hasta 500 dólares algunas piden. Por el otro, muchas de ella son revistas depredadoras, por los precios y muchas veces por la lija que se dan en anunciar si tu artículo fue indexado en la Red de la Ciencia (WoS) o Scopus. Si la revista no está en esos indexada en esos lugares no vale de nada. Estos sitios WoS and Scopus pertenecen a grandes editoriales que dominan el mundo de la publicación, y luego venden tu artículo en el per per view (30-60 euros), un negocio redondo.
    Muchos países financian la investigación, ayudan al científico a publicar y luego para obtener la publicación deben pagar por ella. Es penoso este estado de la cuestión. Y por esa vía muchos que no aportan nada a la ciencia se enriquecen. También el problema del idioma. Si no es en inglés tienes poca visibilidad, baja el hirsch. Es un ciclo visioso al que hay que darle solución.

    Responder
  2. Jose Velazco says:
    Hace 6 años

    Cualquier mecanismo de comunicación en las revistas es complicado con pros y contras. Tanto el modelo de pago como el de acceso libre son deficientes, es como el capitalismo y el socialismo a grandes rasgos… Los detractores del ciclo VICIOSO (es con c la palabra) no acaban de proponer un modelo mejor, lo que se publica tienen que ser evaluado por alguien, porque sino se publicaria muchos millones más de trabajos inservivbles. Lo que falta es control cientifico, lo que sobran son revistas. Este es el caso de Cuba que sigue el ejemplo de la India donde mientras más revistas se piensa que es mejor, no importa que pocos las lean.

    Responder
  3. Kurt Turing says:
    Hace 6 años

    Un articulo alarmista, con medias verdades. El sistema actual de evaluación de la calidad del trabajo científico pasa por publicar en este sistema de revistas que en efecto, tiene muchos problemas. Pero los factores de impacto de las publicaciones son una manera de cribar la falta de calidad que el dogma de “publish or perich” ha establecido. Una de las razones basicas de la falta de calidad de una parte no muy representativa de lo publicado durante la pandemia es la urgencia por conseguir resultados nuevos que impacten sobre la enfermedad. La otra razon quedó expresada en el comentario de el biólogo Carl Bergstrom de la Universidad de Washington en Seattle : “Donde los científicos expertos fueron honestos sobre su ignorancia acerca del COVID 19 se generó un “vacío de incertidumbre” que permitió que fuentes de reputación superficial saltaran al publico sin verdadera
    experiencia Aquí se incluyen a académicos con escasas credenciales para pronunciarse sobre epidemiología, o analistas de datos que eran buenos para trabajar con números pero carecían de una comprensión profunda de la ciencia subyacente”
    (fuente: Nature , Vol 581, pag. 372, 28 May 2020)

    Responder

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