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El primer ministro de Canadá, Mark Carney, pronunció un discurso contundente y políticamente arriesgado este martes en el Foro Económico Mundial de Davos, en el que declaró que el orden internacional liderado por Estados Unidos ha llegado a su fin y que las potencias medias como Canadá deben adaptarse para evitar caer víctimas de la “coerción” de actores más poderosos.
“Seamos directos. Estamos en medio de una ruptura, no de una transición”, afirmó Carney ante los líderes mundiales reunidos en la estación de esquí suiza, en un discurso que, sin mencionar al presidente estadounidense Donald Trump por su nombre, claramente apuntaba hacia Washington. La referencia a “coerción económica” y el rechazo a los aranceles sobre Groenlandia son inequívocos.
El mensaje es una convocatoria a no ser sumisos esperando protección de Washington. Sus declaraciones y acciones recientes en relación con China constituyen una “tercera vía”, algo que históricamente Canadá evitaba y que podría resultar inspirador para otros países y bloques regionales.

El fin de una “ficción agradable”
El mandatario canadiense utilizó una referencia al libro El poder de los sin poder, del escritor y político checo Václav Havel, para ilustrar su argumento sobre cómo las potencias medias han sostenido la ilusión de que el orden basado en reglas internacionales sigue funcionando como se anuncia.
En él, Havel planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta comenzaba con un verdulero. Cada mañana, este comerciante coloca un cartel en su ventana: “¡Trabajadores del mundo, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero coloca el cartel de todos modos —para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien con el sistema. Y como todos los comerciantes de todas las calles hacen lo mismo, el sistema persiste.
No solo a través de la violencia, sino mediante la participación de personas comunes en rituales que en privado saben que son falsos.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera verdad. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su cartel— la ilusión comienza a resquebrajarse.
Es hora de que las empresas y los países bajen sus carteles.
“Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamábamos el orden internacional basado en reglas”, explicó Carney. “Sabíamos que la historia era parcialmente falsa, que los más fuertes se eximirían cuando fuera conveniente, que las reglas comerciales se aplicaban asimétricamente. Esta ficción fue útil. Pero este acuerdo ya no funciona”.
El primer ministro advirtió que en las últimas dos décadas, las grandes potencias han comenzado a usar la integración económica como arma: “Los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como coerción, las cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar”.

Un llamado a la unidad de las potencias medias
En su intervención ante el foro, Carney enfatizó que las potencias medias deben actuar juntas para sobrevivir en este nuevo contexto: “Las potencias medias deben actuar juntas porque si no estás en la mesa, estás en el menú”.
“Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar y el apalancamiento para dictar términos. Las potencias medias, no”, señaló. “Cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se ofrece. Competimos entre nosotros para ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación”.
Sobre Groenlandia
El discurso de Carney cobra especial relevancia en medio de las amenazas del presidente Trump de imponer aranceles a países europeos que se opongan a sus esfuerzos por adquirir el control de Groenlandia, el territorio autónomo danés.
“En cuanto a la soberanía ártica, nos mantenemos firmemente con Groenlandia y Dinamarca, y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia”, declaró el primer ministro canadiense. “Nuestro compromiso con el Artículo 5 de la OTAN es inquebrantable”.
Carney añadió que Canadá “se opone firmemente” a los aranceles relacionados con Groenlandia y pide “conversaciones enfocadas para lograr nuestros objetivos compartidos de seguridad y prosperidad en el Ártico”.
Un nuevo enfoque para Canadá
El primer ministro delineó la nueva estrategia canadiense, que calificó como “realismo basado en valores” —un término que tomó prestado del presidente finlandés Alexander Stubb— que combina compromisos con la soberanía y los derechos humanos con un pragmatismo en un mundo fragmentado.
Desde que asumió el cargo, el gobierno de Carney ha implementado cambios significativos: duplicar el gasto en defensa para finales de la década, diversificar rápidamente el comercio mediante la firma de 12 acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en seis meses y acercarse aún más a la Unión Europea.
Estamos comprometidos con un involucramiento amplio y estratégico, con los ojos bien abiertos. Afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos al mundo tal como nos gustaría que fuera. Canadá está calibrando sus relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos priorizando un involucramiento amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que ello implica y lo que está en juego para lo que viene después. Ya no dependemos únicamente de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fortaleza.
Estamos construyendo esa fortaleza en casa. Desde que mi gobierno asumió el poder, hemos reducido impuestos sobre los ingresos, las ganancias de capital y la inversión empresarial, hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial, y estamos acelerando un billón de dólares en inversiones en energía, inteligencia artificial, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más allá. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030, y lo estamos haciendo de maneras que fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, que incluye nuestra adhesión a SAFE, los mecanismos europeos de adquisición en defensa. Hemos firmado otros doce acuerdos de comercio y seguridad en cuatro continentes en los últimos seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando pactos de libre comercio con India, ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
“Los canadienses saben que nuestra vieja y cómoda suposición de que nuestra geografía y las membresías de alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida”, afirmó.
Canadá como potencia de inversión
En su discurso, Carney también presentó a Canadá como un destino atractivo para la inversión global: “Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Tenemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos la población más educada del mundo”, señaló, agregando que el país cuenta con fondos de pensiones sofisticados y “un gobierno con inmensa capacidad fiscal para actuar decisivamente”.
El primer ministro concluyó con un mensaje sobre la necesidad de enfrentar la realidad: “El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero creemos que a partir de la fractura, podemos construir algo más grande, mejor, más fuerte, más justo”.

Canadá-China: una salida al enfrentamiento
La participación de Carney en Davos cierra un viaje global que incluyó una reunión de alto nivel con el presidente chino Xi Jinping —la primera visita de un primer ministro canadiense a China en ocho años— y encuentros en Qatar.
Carney, quien asumió el cargo en marzo de 2025 tras Justin Trudeau, anunció el pasado 16 de enero un acuerdo que pone fin a meses de guerra comercial entre Ottawa y Beijing.
El pacto, resultado de la primera visita de un primer ministro canadiense a China desde 2017, contempla reducciones arancelarias significativas en sectores estratégicos para ambas economías.
Según los términos del acuerdo, Canadá permitirá la entrada de hasta 49 mil vehículos eléctricos chinos con un arancel del 6,1 %, muy por debajo del 100 % que había impuesto en 2024.
A cambio, China reducirá los aranceles sobre la canola canadiense a aproximadamente el 15 % para marzo, desde el nivel combinado actual del 84 %, y eliminará los aranceles sobre productos como langosta, cangrejo y guisantes.
El conflicto había comenzado cuando el gobierno Trudeau, siguiendo la estela de Washington, impuso un arancel del 100 % sobre los vehículos eléctricos chinos y del 25 % sobre acero y aluminio en septiembre de 2024.
China respondió en marzo de 2025 con aranceles sobre más de 2600 millones de dólares en productos agrícolas y pesqueros canadienses, incluyendo aceite de canola, carne de cerdo y mariscos, lo que provocó una caída del 10,4 % en las importaciones chinas de productos canadienses durante 2025.

La respuesta canadiense: diversificación estratégica
Para Canadá, cuyo mayor socio comercial es Estados Unidos, la política errática de Trump ha creado una urgente necesidad de diversificar sus mercados. El primer ministro Carney ha sido explícito al respecto.
Durante su visita a Beijing, declaró que el acuerdo con China provee “un ejemplo al mundo de cooperación en medio de una época global de división y desorden”.
Los números respaldan esta estrategia. Las exportaciones canadienses de petróleo crudo a China alcanzaron un récord de 7,3 millones de barriles en marzo de 2025, impulsadas por la expansión del oleoducto Trans Mountain.
China se ha convertido en el mayor comprador de la producción adicional del oleoducto, especialmente después de que redujera sus importaciones de petróleo estadounidense debido a los aranceles de Trump.
En el primer semestre de 2025, las exportaciones canadienses a China alcanzaron 16 mil millones de dólares canadienses, un incremento del 12 % respecto al mismo período de 2024, a pesar de las tensiones comerciales. China se mantiene como el tercer socio comercial más importante de Canadá, después de Estados Unidos y la Unión Europea.
El gobierno Carney ha adoptado lo que describe como un “enfoque de compromiso escalonado” con China: cooperación más profunda en ciertos sectores mientras se mantienen restricciones en áreas sensibles. Esta estrategia busca equilibrar los intereses económicos con las preocupaciones de seguridad nacional, particularmente ante la presión estadounidense para limitar los vínculos con Beijing.
China, por su parte, ve en esta apertura una oportunidad para debilitar la cohesión de las alianzas lideradas por Washington. El embajador chino en Canadá, Wang Di, enfatizó en octubre de 2025 que “las relaciones entre China y Canadá no deben ser secuestradas por prejuicios ideológicos ni dominadas por diferencias”, señalando la complementariedad económica entre ambos países.











