El equipo cubano falló en su cita con la historia. En el mismo escenario en el que hace dos décadas firmó una de sus páginas más brillantes, encajó este miércoles una derrota por 2-7 ante Canadá, desenlace que aceleró su despedida del VI Clásico Mundial de Béisbol (WBC).
No habían llegado los tres primeros outs del duelo a la pizarra del estadio Hiram Bithorn de San Juan, en Puerto Rico, y todo apuntaba a una tarde tormentosa para los dirigidos por German Mesa.
Abraham Toro homers, Cal Quantrill pitches 5 innings of 1-run ball to secure the Pool A win for Team Canada! #WorldBaseballClassic pic.twitter.com/YFJZKmVauW
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Si los norteños no tomaron ventaja desde el mismo arranque fue gracias a la maestría del zurdo Liván Moinelo, quien supo reponerse de extraños pasajes, como las dos penalizaciones del árbitro principal por exceder el tiempo reglamentario para los lanzamientos.
Sorprendente resultó también en esa entrada que el antesalista Yoan Moncada se viera involucrado en una interferencia que pudo echar por tierra la solvencia del pinareño, pero este se las arregló para controlar a los canadienses hasta el tercer episodio.
Fue en ese momento que la defensa cubana comenzó a hacer aguas por muchas partes, pero sobre todo desde la receptoría, donde el debutante Andrys Pérez quedó muy lejos de justificar la apuesta del alto mando cubano.
Su passed ball, que costó la primera carrera de los norteños, terminó siendo la antesala de la debacle. Y mientras tanto, sus compañeros extendían frente a los lanzamientos de Cal Quantrill la sequía ofensiva que le asoló durante toda la fase.
Del señalamiento sólo escapó Ariel Martínez -autor de tres de los cinco hits cubanos en el juego-, movido hacia la pradera izquierda para hacer espacio en la inicial a Yoel Yanqui, otra de las variantes ensayadas por Germán para estremecer la alineación.
Ni esa, ni la sustitución de Aruebarruena por Alexander Vargas en las paradas cortas, y mucho menos la recolocación de Roel Santos en el fondo el orden al bate, consiguieron los efectos deseados.
Ya con el relevista Yariel Rodríguez sobre el box, la dinámica del juego no cambió su rumbo.
Aunque el camagüeyano soportó el estacazo de vuelta completa de Abraham Toro, su faena quedó lastrada por los constantes desaciertos defensivos, entre ellos el clamoroso error del camarero Yidi Cappe, al dejar caer un inofensivo fly al cuadro de Matt Davinson. Y no fue el único.
Otro elevado, este en zona foul, se le escapó a Andrys, a quien la presión no dejó de pasarle factura mientras se mantuvo en juego. Prueba de ello fue otra costosa interferencia con su careta, algo muy poco común a este nivel, que fue aprovechado por los canadienses para aumentar la ventaja.
Balas al aire
En medio del desconcierto el equipo cubano tuvo oportunidades de montar su rebelión, pero en los momentos claves le faltó el batazo salvador de los primeros días.
Uno de esos instantes cruciales ocurrió en el sexto episodio, después que Ariel Martínez conectara un cañonazo a la pradera derecha para remolcar a Roel Santos, quien había pisado la antesala gracias al doblete de Moncada.
Un posterior boleto a Yanqui colocó corredores en todas las almohadillas, pero Cappe no respondió a la confianza, y su ponche desdibujó la oportunidad de acortar distancias.
Adam Macko with a HUGE strikeout to end the 6th inning for Team Canada! #WorldBaseballClassic pic.twitter.com/fhDGeLGsJj
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Casi lo mismo sucedió un inning más tarde, cuando con hombres en las esquina Arruebaruena –como emergente- y Moncada cedieron los últimos outs, ambos por la vía del ponche.
Tras esas escaramuzas, la sentencia parecía dictada. Darién Núñez, Yoan López y Radiel Martínez trataron de cumplir decorosamente sus respectivas encomiendas desde la lomita, pero el inédito avance de los canadienses a una segunda ronda fue solo cuestión de tiempo.
Ernie Witts, el único timonel que ha estado en las seis ediciones celebradas, llevó al equipo hasta Houston como líder de la llave A, privilegio que la mayoría de los especialistas otorgaba al conjunto boricua.
A Cuba solo le queda replantear toda la estrategia desplegada para la ocasión y esperar otros cuatro años para soñar, otra vez, con la posibilidad de brillar en un Clásico.











