Chuck Norris, el actor y maestro de artes marciales que convirtió su figura en uno de los iconos de acción más reconocibles del siglo XX, murió este jueves en Hawái a los 86 años rodeado de su familia.
Así lo confirmó su entorno cercano mediante un comunicado en redes sociales que no precisó las causas del deceso.
“Con profunda tristeza, nuestra familia comparte el repentino fallecimiento de nuestro querido Chuck Norris”, dice el texto. “Sepan que estaba rodeado de su familia y descansaba en paz.”
La noticia sorprendió a sus seguidores apenas diez días después de que el propio actor publicara un video entrenando boxeo por su cumpleaños, con el mensaje: “No envejezco. Subo de nivel.” Esa fue su última aparición pública.
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Nacido el 10 de marzo de 1940 en Ryan, Oklahoma, Norris descubrió las artes marciales durante su servicio militar en Corea, donde entró en contacto primero con el judo y luego con el Tang Soo Do. Esa disciplina, iniciada casi por azar en una base extranjera, terminaría por definir toda su vida pública.
Acumuló seis títulos mundiales consecutivos de karate en peso medio sin perder un solo combate, y con el tiempo fundó su propio sistema de combate, el Chun Kuk Do, cuya federación ha certificado más de 3300 cinturones negros en todo el mundo. La revista especializada Black Belt le otorgó el grado 10.º dan, el máximo de la disciplina.
Su salto al cine llegó a finales de los años sesenta, impulsado en parte por Steve McQueen, quien era alumno suyo y le animó a probar suerte en Hollywood, según recuerdan hoy varios medios.
El duelo con Bruce Lee en The Way of the Dragon (1972), rodado en el Coliseo de Roma, se convirtió en una de las escenas más citadas del cine de acción y le abrió las puertas del estrellato internacional.
En los años ochenta protagonizó títulos como Missing in Action, Delta Force y Code of Silence, consolidándose como uno de los grandes nombres del género y como figura asociada al imaginario militar y patriótico de la era Reagan.
Varios analistas han señalado que aquellas producciones funcionaban como respuesta simbólica al síndrome de Vietnam: una reescritura ficcional de la derrota que el país aún procesaba.
Cuando ese ciclo se agotó, Norris no desapareció y dio el salto a la televisión y encontró allí una audiencia aún más amplia con Walker, Texas Ranger, serie que se extendió durante nueve temporadas y casi 200 episodios en CBS entre 1993 y 2001.
Ya en el siglo XXI, internet le regaló una tercera vida, cuando los llamados Chuck Norris facts, logros hiperbólicos viralizados en redes sociales, conectaron al actor con generaciones que no habían crecido con sus películas y renovaron su presencia en la cultura popular global.
Norris supo administrar ese legado con inteligencia, publicando libros, registrando su sistema marcial y manteniéndose activo en pantalla de forma intermitente.
Su proyecto más reciente fue la película Agent Recon (2024), con la que regresó al cine después de varios años priorizando el cuidado de su esposa Gena O’Kelley, quien había sufrido problemas de salud severos.
Las primeras reacciones llegaron desde el mundo del entretenimiento y las redes sociales, donde en pocas horas el nombre de Norris se convirtió en tendencia global.
Norris había mantenido una relación activa y pública con el ala conservadora de la política estadounidense durante décadas, respaldando candidatos presidenciales republicanos y participando en actos institucionales.
Su familia resumió su figura en pocas palabras: “Para el mundo era un artista marcial, un actor y un símbolo de fortaleza. Para nosotros era un esposo devoto, un padre y abuelo amoroso y el corazón de nuestra familia. Vivió su vida con fe, propósito y un compromiso inquebrantable hacia las personas que amaba”.
Le sobreviven su esposa Gena Norris, con quien se casó en 1998, y sus cinco hijos: Mike, Dina, Eric, Danilee y Dakota.












