Malecón, ópera prima del director español Carlos Larrazabal, fue seleccionada como la candidata oficial de Cuba para competir en la categoría de Mejor Película Internacional de la edición 99 de los premios Óscar, una apuesta que sitúa nuevamente al cine cubano en la carrera por alcanzar una nominación que la cinematografía nacional no consigue desde Fresa y Chocolate en 1994.
La decisión coloca bajo los reflectores a una producción que ha generado expectativas tanto por su temática como por el debate suscitado alrededor de la imagen de Cuba que proyecta. Coproducida entre Cuba, España y Estados Unidos, y filmada íntegramente en la isla, la cinta cuenta con guion del propio Larrazabal y del realizador cubano Fabián Suárez.
La historia sigue a Elvis, un joven que pasó una década en prisión tras matar a su padrastro para detener una cadena de abusos y violencia familiar.
Al recuperar la libertad, enfrenta una realidad marcada por la precariedad, la prostitución, la emigración y la fractura de los vínculos afectivos.
Su principal dilema consiste en decidir entre reconstruir su relación con Yuli, el amor de su infancia, o marcharse a Estados Unidos en busca de una nueva oportunidad.

Una Habana vista desde el margen
El título de la película remite al emblemático muro habanero que separa la ciudad del mar, un espacio cargado de simbolismo en la historia contemporánea cubana y asociado a incontables historias de despedidas, encuentros y huidas migratorias.
Larrazabal ha explicado que su acercamiento a Cuba surgió mucho antes de concebir el filme. Según relata en la página filmfreeway.com durante un primer viaje conoció la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños y decidió prolongar su estancia en el país.
“La Habana se me reveló como uno de los lugares más bellos y singulares del planeta para capturar con una cámara”, afirma el realizador, quien también reconoce la influencia que tuvieron en él autores como Pedro Juan Gutiérrez a la hora de construir el universo narrativo de la película.
Lejos de la postal turística o del análisis político convencional, Larrazabal sostiene que su interés estuvo centrado en la vida cotidiana de los cubanos.
“Siempre me ha interesado más la forma en que los cubanos afrontan la vida diaria, inmersos en la precariedad y guiados por el instinto de supervivencia y la capacidad de improvisación, pero también fortalecidos por un singular sentido de comunidad y familia”, señala.
Esa mirada se traslada a la narración de Malecón, definida por su director como “una ventana al latido de La Habana”. En su opinión, la película utiliza un contexto específicamente cubano para abordar conflictos universales como la amistad, la lealtad, el amor y los dilemas morales.
El tema de la emigración
Uno de los ejes centrales de la obra es la decisión de partir o quedarse, una cuestión particularmente sensible y existencial en la Cuba contemporánea.
“Esta es también una película sobre el regreso y la huida”, explica Larrazabal. “Nuestro protagonista se enfrenta al difícil dilema de dejar atrás todo lo que conoce y ama para comenzar una nueva vida lejos de Cuba”, señala.
El cineasta reconoce, además, una conexión personal con esa experiencia. Como emigrante español que abandonó su país hace aproximadamente una década en busca de oportunidades profesionales, asegura sentirse identificado con el conflicto que atraviesa Elvis.
Desde el punto de vista dramático, la película apuesta por acompañar al personaje principal en un proceso de redescubrimiento. Tras diez años de encierro, Elvis descubre una sociedad distinta a la que dejó atrás y, al mismo tiempo, intenta encontrar su lugar dentro de ella.

Entre el realismo y la poesía visual
Larrazabal también ha defendido la propuesta estética del largometraje. Explica que buscó privilegiar una puesta en escena cercana a los actores mediante el uso de cámara en mano y luz natural.
“Quise dar prioridad a los planos con cámara en mano, muy cerca de los actores, moviéndose por el espacio junto a ellos”, apunta.
Sin embargo, asegura que el filme evita una representación puramente miserable del entorno cubano.
“La película evita exagerar la dureza de Cuba o sumergirse por completo en un realismo sucio”, comenta. En cambio, opta por lo que denomina un “realismo lírico”, donde el humor, los afectos y la belleza visual conviven con las dificultades materiales.
Ese enfoque busca que el espectador se involucre emocionalmente con las decisiones del protagonista y con la atmósfera de una ciudad retratada desde una perspectiva íntima.
Los cuestionamientos
Si bien ha merecido no pocos elogios, el filme Malecón no ha estado exento de críticas. Una de las valoraciones más comentadas ha sido la del escritor y cineasta cubano Eduardo del Llano, quien reconoció la calidad técnica de la obra, pero cuestionó la representación de la realidad nacional.
A juicio del realizador, la película constituye “un minucioso compendio de esos clichés que suelen asociarse a la cubanidad”.
Del Llano aclara que no considera ficticios los problemas expuestos en pantalla, pero sí cuestiona la reducción de la experiencia cubana a determinados temas. “No es que describa una realidad ficticia, sino que la circunscribe a emigración, prostitución y santería”, señaló.
Pese a ello, el director de Vinci también destacó aspectos positivos de la producción, entre ellos “la buena factura y algunos rostros nuevos” dentro de un elenco integrado por César Domínguez, Luis Alberto García, Yordanka Ariosa, Thalía Valdespino y Camila Rhodes.
El desafío de llegar a Hollywood
Según reveló la productora i4films, encabezada por Jorge Perugorría, Malecón compitió con otras películas en el proceso interno de selección realizado por la Academia Cubana de Artes y Ciencias Cinematográficas para escoger la representante del país.
Ahora la cinta entra en una carrera altamente competitiva junto a producciones de diversas naciones. Los filmes preseleccionados para la categoría de Mejor Película Internacional se anunciarán en diciembre, mientras que las nominaciones definitivas se conocerán en enero, antes de la ceremonia de marzo de 2027.
La elección de Malecón prolonga una tradición en la cual Cuba ha presentado títulos destacados como Conducta (2015), El acompañante (2016), Últimos días en La Habana (2018), Un traductor (2019), Buscando a Casal (2020) y El mundo de Nelsito (2023).
Sin embargo, hasta hoy solo una producción cubana ha conseguido llegar a la nominación final de la Academia de Hollywood: Fresa y Chocolate (1993), dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, que hizo historia al convertirse en la primera película cubana nominada al Óscar de Mejor Película en Lengua Extranjera.
Más de tres décadas después de aquel hito, Malecón intentará devolver al cine cubano a la lista definitiva de candidatos y abrir una nueva página en la relación de la isla con los premios más influyentes de la industria cinematográfica mundial.













