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A través de Centro Habana, entre dos de los puntos más emblemáticos de la ciudad, corre la calle Consulado. Esta arteria habanera, cuya historia se remonta a la época colonial, nace en el céntrico Paseo del Prado y luego transcurre en paralelo a este hasta los jardines del Capitolio Nacional.
Sus orígenes datan de finales del siglo XVIII, cuando el Capitán General Don Luis de las Casas indicó la alineación en una misma calle de las casas y edificaciones existentes en los alrededores del entonces recién constituido Real Consulado de La Habana. De allí viene justamente su nombre.


El lugar fue ocupado inicialmente por barracones de madera para acuartelar soldados, los que luego, ya en manos del consulado, fueron habitados por negros bozales. Sin embargo, a medida que el terreno iba ganando valor y más personas se radicaban en la zona de extramuros, esos barracones fueron disminuyendo hasta desaparecer en la primera mitad del siglo XIX.
La calle Consulado se convirtió entonces en una vía principalmente residencial, con viviendas y negocios que la convirtieron en un sitio de creciente prominencia. Dichos negocios, entre ellos comercios y puestos gastronómicos, llegaron a ser numerosos tanto en su tramo cercano al Prado como en su parte sur, entre las calles Neptuno y San José.


En su recorrido, Consulado atraviesa varias de las arterias principales de Centro Habana. Tras un primer corto tramo hasta Genios, emprende un viaje hacia el sur en el que se intercepta con calles como Colón, Trocadero, Ánimas, Neptuno y San Miguel, y ya hacia el final, antes de desembocar en San José y los jardines del Capitolio, pasa por el concurrido Boulevard de San Rafael.
A inicios del siglo XX, el Ayuntamiento habanero cambió oficialmente su nombre por el de Tomás Estrada Palma, electo primer presidente de la República. Sin embargo, como sucedió con otras conocidas vías de la ciudad, muchas personas siguieron llamándola por su antigua denominación, lo que dio pie a que el nombre le fuera restituido varios años después.


En la actualidad, la calle Consulado resulta un espejo de la situación que atraviesa La Habana y toda Cuba. Muchas edificaciones muestran abiertamente su deterioro tras años de crisis y también los contrastes entre quienes cuentan con recursos para llevar una mejor vida y quienes no. No faltan tampoco los baches, la basura acumulada, el trasiego bullicioso y la supervivencia cotidiana.
Así, del Prado al Capitolio, Consulado se erige en una especie de microcosmos de una ciudad con una rica herencia y un muy duro presente, que intenta sostenerse día a día, atenazada por las carencias y las dificultades. Así nos la muestra este domingo Otmaro Rodríguez en su habitual recorrido fotográfico por la capital cubana.



























