Este viernes, en una ceremonia encabezada por Miguel Díaz-Canel en su condición de presidente del Consejo de Defensa Nacional, el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias otorgó al trovador Silvio Rodríguez un fusil AKM de combate y una réplica. El acto tuvo lugar en el marco del Día Nacional de la Defensa.
La entrega materializó una petición que Rodríguez, de 79 años, había formulado públicamente en su blog Segunda Cita: “Exijo mi AKM, si se lanzan. Y conste que lo digo muy en serio”, escribió el trovador. La referencia es al fusil de asalto de origen soviético que constituye el arma estándar de las Fuerzas Armadas cubanas.
En su discurso durante el acto, el general de División Víctor Leonardo Rojo Ramos, jefe de la Dirección Política de las FAR, afirmó que “mientras las amenazas y la perfidia del gobierno de los Estados Unidos vuelven una y otra vez a ceñirse sobre nuestra Patria, mientras escuchamos declaraciones que pretenden adueñarse de nuestro suelo y doblegar nuestra soberanía, la voz de Silvio no ha cantado. Ha retumbado como un trueno”.
El general de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, ministro de las FAR, fue quien entregó el arma. La ceremonia se inscribe en el concepto de la Guerra de Todo el Pueblo, doctrina militar cubana que establece la participación de todos los ciudadanos en la defensa del territorio.
Tres semanas de escalada verbal desde Washington
El acto de hoy ocurre en medio de la acumulación más intensa de declaraciones hostiles de Washington hacia La Habana en lo que va de siglo. En el plazo de tres semanas, la Administración Trump ha formulado sobre Cuba algunos de sus enunciados más contundentes desde que el mandatario asumió por segunda vez el poder.
El 27 de febrero, Trump planteó ante la prensa, a las puertas de la Casa Blanca, la posibilidad de una “toma de control amistosa de Cuba“. “Podríamos muy bien terminar teniendo una toma de control amistosa de Cuba después de muchos, muchos años”, dijo Trump. “Están pasando por grandes problemas y podríamos muy bien hacer algo bueno”.
Lo que Trump quiso decir exactamente con esa fórmula fue deliberadamente ambiguo, pero el mensaje apuntaba inequívocamente a que Washington cree que la presión está funcionando y que La Habana, acorralada, no tiene muchas cartas que jugar.
Pocos días después, justo el 16 de marzo, mientras el país sufría el sexto apagón nacional en cuatro meses, por la caída del Sistema Eléctrico Nacional, Trump fue más lejos. Desde el Despacho Oval, el mandatario volvió a referirse a Cuba como “una nación fracasada” y afirmó que podría “hacer lo que quiera” con el país. Señaló que sería “un gran honor” tomarlo.
Al día siguiente, el 17 de marzo, el secretario de Estado Marco Rubio subió otro peldaño. Ante la prensa en el Despacho Oval, Rubio advirtió que “quienes están al mando no saben cómo solucionar el problema, por lo que es necesario que asuman el liderazgo personas nuevas”. Asimismo, descartó que las reformas económicas anunciadas ese lunes por el gobierno cubano —que incluían la autorización a la diáspora para invertir en empresas privadas— fueran suficientes.
En ese contexto de negociaciones paralelas a la presión pública, el diario The New York Times informó que el gobierno de Estados Unidos le comunicó a Cuba que, para que haya avances significativos en las negociaciones, el presidente Miguel Díaz-Canel debe renunciar, según personas familiarizadas con las conversaciones.
El propio Díaz-Canel confirmó el 13 de marzo que la isla lleva tres meses sin recibir suministro petrolero, consecuencia del bloqueo energético impuesto por Washington desde enero pasado.
La tensión entre la presión externa y la narrativa interna de resistencia frente a las amenazas potenciales que podrían escalar a un escenario de confrontación militar o de otros mecanismos que pongan en juego la soberanía de Cuba es el telón de fondo sobre el que se produce la entrega del AKM a Silvio Rodríguez.










