El cerco petrolero impuesto por el Gobierno de EE.UU a Cuba ha comenzado a tener una consecuencia inesperada: la ralentización de los planes de ayuda humanitaria de Naciones Unidas destinados a las víctimas del devastador huracán Melissa.
Funcionarios del organismo internacional advirtieron que la falta de combustible compromete su capacidad de respuesta y pone en riesgo a los sectores más vulnerables de la población, según reportes de prensa.
Melissa, considerado el ciclón más poderoso del Atlántico en 2025 y uno de los tres más intensos desde que existen registros, golpeó con fuerza el oriente cubano a fines de octubre con un saldo dramático: más de dos millones de personas afectadas, más de 90 mil viviendas dañadas, escuelas y hospitales destruidos, además de pérdidas significativas en cultivos e infraestructura.
La magnitud del desastre llevó a la ONU a lanzar en noviembre un Plan de Acción de 74,2 millones de dólares para atender a los damnificados y apoyar la recuperación, especialmente en la producción de alimentos.
Hasta ahora se han conseguido 23,67 millones gracias a donantes como Canadá, Italia, Reino Unido y Japón, además de agencias del propio sistema de Naciones Unidas. Sin embargo, gran parte de esa ayuda permanece bloqueada en almacenes o sin poder llegar a las comunidades por la escasez de combustible, refieren representantes del organismo global.
La ONU busca reforzar la ayuda humanitaria a Cuba ante la falta de combustible
“Situación compleja”, califica Pichón
En una entrevista con la agencia estadounidense AP en La Habana, el coordinador residente de la ONU en Cuba, Francisco Pichón, calificó la situación como “compleja” y subrayó que el acceso a combustible es urgente para proteger a la población más vulnerable.
“Lo que observamos es que estos choques consecutivos —el paso de tres huracanes en dos años y en especial Melissa— en un país con desafíos económicos y ahora bajo un cerco energético, disminuyen la resiliencia y aumentan la vulnerabilidad”, explicó el funcionario internacional.
La crisis que lleva ya años golpeando a los cubanos se agudizó el pasado enero, primero con el ataque de EE.UU a Venezuela y la suspensión de los envíos de petróleo desde ese país, y luego con la firma por parte de Donald Trump de una orden ejecutiva que amenazaba con imponer aranceles a los países que suministrasen petróleo a Cuba.
La medida, la más dura hasta ahora, buscaba aislar energéticamente a la isla y forzar un cambio de gobierno. Aunque este lunes esos aranceles fueron suspendidos como resultado de una decisión de la Corte Suprema, el cerco petrolero sobre La Habana se mantiene a través de otras sanciones y presiones diplomáticas, según analistas y representantes del propio Gobierno estadounidense.
Afectaciones e iniciativas de última hora
La falta de combustible afecta toda la cadena logística de la ayuda internacional en Cuba. Según Pichón, se redujeron las visitas a comunidades para supervisar entregas, los fletes se encarecieron y disminuyó la disponibilidad de vuelos para transportar cargas.
Por su parte, la jefa de la Oficina del Fondo de Población de la ONU (UNFPA) en Cuba, Marisol Alfonso de Armas, advirtió que unas 200 mil personas —en su mayoría mujeres— se verán afectadas por la ralentización de proyectos que incluyen insumos médicos como jeringas, condones, anticonceptivos, medicinas y equipamientos.
“Algunos de estos insumos se encuentran ya en los almacenes y no hemos podido transportarlos”, lamentó la ejecutiva de la UNFPA en La Habana.
Ante el asedio petrolero de Washington, la ONU evalúa la posibilidad de traer combustible directamente para sus operaciones en Cuba, mediante negociaciones diplomáticas. Pichón recordó que agencias como el Programa Mundial de Alimentos tienen experiencia en suministrar combustible en zonas de crisis.
El Gobierno cubano, por su parte, anunció la autorización a pequeñas y medianas empresas privadas —legalizadas a comienzos de esta década— para importar petróleo, una actividad hasta ahora reservada al Estado. Aunque la medida busca aliviar la escasez, su alcance aún es incierto y sólo se puede efectuar por medio de empresas estatales.
Una economía golpeada por múltiples crisis
El cerco petrolero se suma a una serie de dificultades que arrastra Cuba desde comienzos de la década: la pandemia de COVID-19, una reforma financiera que disparó la inflación y un incremento previo de las sanciones estadounidenses.
Además, la pérdida de Venezuela como aliado clave en el suministro energético, tras la ofensiva de Washington contra el gobierno de Nicolás Maduro, dejó a la isla aún más expuesta a una vulnerabilidad estratégica.
En las últimas semanas, las calles de La Habana y otras ciudades del país se han ido vaciando. El combustible para vehículos solo se vende en dólares y de manera racionada, las jornadas laborales se redujeron, el transporte público quedó aún más limitado de lo que ya estaba, mientras que eventos culturales y deportivos han sido suspendidos.
Por demás, varias aerolíneas cancelaron sus vuelos a Cuba o recortaron frecuencias, lo que afecta no solo al turismo sino también la llegada de cargamentos humanitarios.
La combinación de desastres naturales y sanciones ha colocado a Cuba en una situación crítica. La ralentización de la ayuda humanitaria no solo retrasa la recuperación de las comunidades afectadas por Melissa, sino que también incrementa la fragilidad social y económica del país.
“Evidentemente va a haber retrasos importantes en la implementación del Plan de Acción y en el momento en que los bienes lleguen a las manos de los beneficiarios”, reconoció Pichón.










