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Por tierra, mar y aire. Así es como el Convoy Nuestra América traslada por estos días decenas de toneladas de ayuda humanitaria a Cuba. La iniciativa es promovida por la Internacional Progresista, una coalición de movimientos sociales, organizaciones sindicales y humanitarias que busca transportar al país caribeño alimentos, medicamentos y suministros que ayuden a palear el agravamiento de la situación del país, agudizado por la escasez de combustible derivada de las recientes medidas de hostilidad del gobierno de Donald Trump.
Cuba no recibe nuevos envíos de petróleo desde hace tres meses. Esta situación está condicionada por la orden ejecutiva del republicano, firmada el pasado 29 de enero, donde declaró una “emergencia nacional” sobre Cuba y anunció aranceles para los países que le vendan (o envíen) petróleo. La Habana respondió con un plan de contingencia, en aras de racionalizar el uso de los recursos energéticos y en espera de una solución que destrabe el cerco impuesto por Washington.
Casi dos meses después, las condiciones de vida de la población cubana experimentan un deterioro sustancial, entre apagones, encarecimiento del menguado transporte urbano, dificultad para el acceso a alimentos, reestructuraciones laborales, falta de medicamentos, acumulación de desechos en las calles, problemas de higiene y acceso al agua. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, confirmó hace una semana que funcionarios cubanos y estadounidenses mantienen conversaciones, y aunque no precisó el contenido de estas, dijo que buscaban “concretar acciones en beneficio de los pueblos de ambos países”.
Mientras, distintos gobiernos y movimientos de solidaridad han ido enviando ayuda humanitaria al pueblo cubano. Es el caso del gobierno de México que, ante la imposibilidad de enviar petróleo, ha mandado, hasta la fecha, tres barcos con alimentos, medicinas e insumos médicos. Este viernes anunció un cuarto buque.

Esta semana, el Convoy Nuestra América puso rumbo a Cuba. La iniciativa solidaria incluye distintos vuelos cargados de donaciones procedentes de Europa, México, Estados Unidos y Argentina, así como una travesía marítima que partió desde Puerto Progreso, Yucatán. Solo en la flotilla —tres barcos— que deberá atracar en el puerto de La Habana este domingo, llegarán a la isla alrededor de 30 toneladas de ayuda, precisan sus organizadores, entre paneles solares, medicinas y alimentos.
En la capital cubana ya aguardan cientos de activistas internacionales, la llegada de los veleros. Entre los que destacan el exlíder laborista británico Jeremy Corbyn, el ex vicepresidente del gobierno español, Pablo Iglesias, entre otros dirigentes políticos, intelectuales y activistas.
Nuestra América, más allá de pretender facilitar a la isla la llegada de algunos insumos básicos urgentes, persigue promover una movilización social que permita presionar para que otros países envíen petróleo a Cuba.
Se trata de estimular la organización ciudadana con un movimiento inspirado en la Global Sumud Flotilla, que en dos ocasiones ha intentado romper el cerco impuesto por Israel, para llevar ayuda y establecer un corredor humanitario en Gaza, cuya población es víctima de un genocidio perpetrado por el Estado sionista, según informes de Naciones Unidas.
“De Gaza a Cuba, los civiles sufren el costo del castigo colectivo. El mensaje —con Nuestra América— es que el pueblo cubano no está solo”, aseguró al comienzo de los preparativos, el activista brasileño Thiago Ávila, uno de los rostros más visibles de la Global Sumud Flotilla —junto a la activista sueca Greta Thunberg, entre otros—, quien ahora lidera la travesía que se dirige hacia Cuba.
En cuestión de siete semanas, Convoy Nuestra América es una realidad, cuya ayuda aliviará algunas de las más asfixiantes realidades que se viven actualmente dentro de la isla, como la escasez de insumos médicos en los hospitales, por un tiempo determinado. Pero, sobre todo, esta travesía llega para lanzar un mensaje al mundo que se ha escuchado en boca de todos los activistas que la integran: “Cuba no está sola”.

“Es el momento de ayudar”
Cuando el vuelo NO230 de la Aerolínea Neos, Boeing 787, arribó al aeropuerto José Martí de La Habana, los ojos y la sonrisa de Ileana Jímenez Calá (Santa Clara, 1966) no disimulaban la emoción. Para esta cubana, residente por más de dos décadas en Italia —con frecuencia visita la isla en viajes personales y para participar de experiencias de solidaridad y encuentros de emigrados cubanos—, se trata de un viaje muy especial.
Jiménez Calá forma parte de la European Convoy “Let Cuba Breathe”, uno de los vuelos que integran Nuestra América. Junto a unos 120 compañeros de viaje —de 19 países— desembarca en La Habana con cinco toneladas de insumos médicos —con un valor estimado de 500 mil euros—, que ya han sido distribuidas, en coordinación con las instituciones cubanas.
Ileana, integrante de algunas asociaciones de cubanos residentes en Europa y una de las gestoras del Centro Studi Italia Cuba, desde donde trabaja en el fortalecimiento de los lazos culturales entre ambas naciones, no lo pensó dos veces cuando se presentó la oportunidad de integrar el convoy humanitario. “Es el momento de ayudar”, asegura a OnCuba esta cubana residente en Turín, quien considera que “este es el momento en que debemos estar todos unidos, porque el país está pasando por una terrible situación”.

En apenas siete semanas, cuenta, se coordinaron recaudaciones y acopio de insumos entre distintos movimientos de solidaridad, asociaciones de cubanos residentes en el exterior, partidos políticos, sindicatos y alrededor de 700 donantes privados que tributaron exclusivamente al convoy europeo. “Ante la magnitud de la crisis en Cuba, todo lo que pudiéramos juntar era necesario”, sintetiza Ileana Jiménez, quien asegura que para el poco tiempo del que disponían, el resultado fue rápido y notable porque “hay muchos movimientos interesados en ayudar a Cuba”.
Ella recuerda emocionada los tiempos de la pandemia de covid-19, cuando dos brigadas médicas del contingente Henry Reeves ayudaron a controlar el virus en Turín. Allí estaba Ileana, sirviendo como traductora para los médicos durante cien días, en medio de la zona roja.
“Yo vengo porque necesito estar en mi país y dar este abrazo. Somos muchos cubanos residentes en el exterior que estamos haciendo muchas donaciones y haciendo lo posible por que llegue lo necesario, junto a la solidaridad internacional que existe”, explica.
Sin tiempo para descansar, apenas llegaron a La Habana el miércoles, los integrantes del convoy europeo se dividieron por grupos y acudieron a distintas instituciones para entregar los donativos. El grupo que integró Ileana Jiménez llegó hasta el Hospital Clínico Quirúrgico “Hermanos Ameijeiras”, donde intercambiaron con el personal médico y algunos pacientes.
“Los medicamentos que se trajeron fueron consultados previamente con las autoridades del Ministerio de Salud Pública, quienes nos guiaron sobre cuáles eran las medicinas más importantes que necesitaban”, precisa.
Al día siguiente, el jueves, estuvieron en el Centro de Inmunología Molecular, donde entregaron otra parte de los donativos y conocieron, de primera mano, cómo el centro mantiene los ciclos de refrigeración y el trabajo de laboratorio en las condiciones actuales de inestabilidad energética.
“Vi con cuánto esfuerzo están trabajando porque muchas salas tienen que tener aire acondicionado y a veces no es posible. Pero buscan soluciones”, cuenta Ileana Jiménez, quien asegura que en estos días la palabra que más ha escuchado es “reinventar” y se emociona al decir que “a todos los cubanos hay que admirarlos, porque se tienen que reinventar a cada momento y no paran”.
Además de la carga que han traído en este viaje, adelanta Jiménez, en los primeros días de abril está previsto la llegada de un contenedor que transportará, además de los medicamentos que no cupieron en la bodega del avión, otros materiales sanitarios, farmacéuticos y ortopédicos, “otro aporte que ronda el valor de 500 mil euros”, detalla. “No vamos a parar, la ayuda humanitaria seguirá llegando”, asegura.
Pero más allá de la ayuda directa que han podido traer en este viaje humanitario para Ileana, el significado de este gesto de movilización social y política es claro. “Es una respuesta muy fuerte para decirle al mundo que Cuba existe. Las guerras no pueden seguir, el mundo no puede seguir en manos de una persona (Donald Trump) que piensa que promover conflictos es un juego. Cuba no puede ser asfixiada y es necesario alzar las voces. Yo soy una cubana comprometida con su país, que seguirá ayudando en lo que pueda, que no se va a callar. Conmigo contarán siempre”.

Las flotillas humanitarias y la potencia de la movilización social
Mientras la flotilla Nuestra América pone rumbo a La Habana, recuerdo claramente unas palabras que Thiago Ávila compartiera en una entrevista, realizada hace unas semanas. “Nunca he parado de mantener la solidaridad con Cuba”, aseguraba el activista brasileño, de visita a finales de enero en la capital como parte de unas brigadas de solidaridad organizadas por Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y fuertemente comprometido con los preparativos de una tercera flotilla que viajará a Gaza próximamente.
Hay coincidencias que parecen escritas por un guionista de cine. Ocurrió el pasado 29 de enero. Mientras la Casa Blanca publicaba la orden ejecutiva que señala a Cuba como una amenaza para Estados Unidos, en una habitación del hotel Copacabana, en La Habana, Thiago Ávila (Brasilia, 1986) conversa sobre el estado actual de cosas en el orden geopolítico global y sobre cómo las flotillas funcionan como impulso a la movilización social frente a los problemas del mundo actual.
Thiago viaja a Cuba desde hace varios años, como parte de caravanas de solidaridad con el país caribeño, de las cuales ha devenido en organizador. Siempre está presente en viajes que acontecen en los meses de enero y julio. La primera vez que el joven activista vino a Cuba, recuerda, fue en 2009. Tenía 24 años y vino con una “brigada de solidaridad” organizada por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). “Eso cambió mi vida”, asegura.

Deuda con Cuba
El activista brasileño tiene la convicción de que “el mundo tiene una deuda con Cuba, porque ha sido un país solidario”, por eso en cuanto tomó forma el bloqueo petrolero que Estados Unidos impuso a Cuba, él se sumó a la convocatoria de la Internacional Progresista para organizar esta travesía a la isla, antes de seguir con sus preparativos del viaje a Gaza con la Global Sumud Flotilla.
Ese tercer viaje a Gaza, asegura, será mucho más ambicioso que los dos anteriores. Lo que representa cada misión del movimiento que compone Ávila para Gaza, en términos de movilización social y repercusión política, es lo que esperan que suceda con la flotilla Nuestra América y el caso de Cuba.
“Se siente como un momento decisivo”, asegura Thiago Ávila sobre la situación de máxima presión que está sufriendo el pueblo cubano en la actualidad, entre la inestabilidad del servicio eléctrico, la crisis económica, agravadas por las medidas de asfixia impuestas por Estados Unidos. Ante este escenario, tras los sucesos de Venezuela, la escalada en Irán, el genocidio en Gaza, entre otros escenarios de conflicto en pleno desarrollo, el activista deduce que “los pueblos del sur global están básicamente solos, por eso es importante la solidaridad internacional”.
El activista de 39 años, quien milita desde los 18 en distintos movimientos sociales, asegura confiar en “la potencia que hay en la movilización de la sociedad” para lograr cambios necesarios para el bienestar de los pueblos. “Mira lo que hemos visto en estos dos últimos años: el imperialismo tenía un proyecto muy fijo de destrucción completa de Gaza y de limpieza étnica. Es una destrucción tan grande que pudiera pensarse que no sobraría nada de un pueblo, pero a pesar de eso ahí están los palestinos, volvieron a aquellas zonas de las que los desplazaron, levantaron sus tiendas e intentan recuperarse. Es ese sumud (firmeza o perseverancia constante) que nos inspira a todos”.

El próximo movimiento
El impulso movilizador que generó la segunda travesía lanzada por la Global Sumud Flotilla —más grande que la primera— acompañó una presión internacional creciente para que se produjera un alto el fuego e Israel frenara sus ataques sobre la población gazatí. “La situación (en Oriente Próximo) está lejos de una paz real”, reflexiona Thiago Ávila.
“Los pueblos del mundo aún tienen que hacer su próximo movimiento. Si encaramos esto como un juego de ajedrez, ellos echaron a andar el genocidio, entonces el pueblo se levantó; ellos presionan y el pueblo se organizó en flotillas y marchas; ellos cambian la estrategia, así que es la hora de los pueblos. ¿Cuál es nuestro próximo movimiento? Nuestra apuesta es la mayor flotilla de la historia. Saldremos nuevamente e intentaremos generar otro movimiento global que no sea solo por Palestina; también por Cuba, por Venezuela, por Colombia, por México, por Yemen, por Líbano, por todos los países que son atacados por el imperialismo”.
Thiago prefiere no desgranar detalles de esa gran flotilla que esperan emprender hacia Gaza, por temas de seguridad. “Le decimos a las personas que saldremos en la primavera del hemisferio norte”. Resulta que la primavera comenzó este viernes 20 de marzo, mientras Thiago y sus compañeros navegan desde México rumbo a La Habana, con más de 30 toneladas de ayuda humanitaria.

Sea por Gaza o por Cuba
“Las flotillas están muy bien ubicadas en el imaginario popular de las mayorías sociales del mundo, las cuales ven esa táctica como un acto de solidaridad, un acto inspirador y que debe ser apoyado”, reflexiona el activista, quien menciona otros ejemplos donde la movilización social ha logrado cambios importantes, como la lucha por el fin del apartheid en Sudáfrica, la lucha por el fin de la guerra en Vietnam, por los derechos civiles en Estados Unidos; la lucha en contra de las agresiones a países latinoamericanos. Sin embargo, reconoce las dificultades de lograr movilizar a las masas en los tiempos actuales y aclara que “la historia de las flotillas es una historia, sobre todo, de fracasos”, al tiempo que recuerda la experiencia de la segunda flotilla hacia Gaza y entiende que vale la pena el riesgo y el esfuerzo.
“Esta vez fuimos bombardeados en Malta, pero no retrocedimos. Nos atacaron muchas veces: en Túnez, la primera noche con un dron incendiario; la segunda noche, otro ataque en otro bote y cuando seguimos, entre Italia y Grecia, nos atacaron 14 veces en una noche —11 bombas y tres ataques químicos—. Pero no podíamos parar. Cuando tomamos esa decisión pensamos en lo que podía provocar nuestro gesto más allá. Entonces supimos de la huelga general en Italia; cuando un país reconocía al Estado de Palestina y nosotros en medio del mar sentíamos la mayor alegría del mundo y nos inspiraba. Ver al mundo movilizarse se sentía como un viento a favor para nuestras velas”, rememora.
Sea por Gaza o por Cuba, Thiago Ávila está convencido de que “la tarea ahora es mostrar a las personas que cruzar los brazos solo permitirá que empeore la situación. No mejorará si dejamos la ola pasar, si creemos que esperando a las elecciones de medio término en Estados Unidos se resuelve el problema”. Por eso se lanzan al mar, sabiendo que, a veces, no llegarán a su destino, o que pueden ser detenidos —como les sucedió en dos ocasiones rumbo a Gaza—, aunque en La Habana se les espera con ansias.
“La gran batalla de nuestra generación llegó —aduce Thiago—; tenemos que lucharla y podemos vencer. Ese es el papel de la flotilla: ampliar la imaginación política, llevar a la gente a las calles y decir que debemos derrotar el imperialismo, el sionismo y construir una sociedad nueva que detenga el desastre ambiental planetario, la escalada de odio y discriminación en la sociedad y cree una nueva manera de producir y reproducir la vida que sea pensando en el buen vivir de los pueblos”.











