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En el mismo día en que Granma anunció, otra vez, que el país prevé sembrar 200 mil hectáreas de arroz este 2026, la profesora jubilada Silvia García tuvo una epifanía en el agro del vecindario: la libra de criollo a 250 pesos.
“¡Es lo menos caro en todo esto por aquí!”, dice, exultante, la tícher (teacher), como todo el mundo la conoce, pues ha enseñado y repasado inglés a varias generaciones de estudiantes de pre y universitarios en la comunidad.
En la misma calle del improvisado agro que sobrevive bajo la “estática milagrosa” de un inmueble apuntalado, han abierto otra venduta a toda carrera, donde el arroz brasileño se vende a granel a 290 pesos la libra.
Silvia se muestra indulgente con la calidad del cereal. “Es verdad que está algo sucio, sobre todo tiene como unas bolitas negras (tal vez impurezas vegetales o granos quemados durante el proceso de secado), que no sé qué diablos será y que el puestero tampoco me supo decir”, comenta a otra vecina a la que le ha “dado la luz” del precio. De cualquier manera, se va bien oronda para su casa, donde su nieto, que pronto llegará de la escuela, “siempre hambriento” espera el almuerzo. “Yo digo As good as it gets, (Mejor imposible) como la película que me encanta de [Jack] Nicholson”, suelta, perdiéndose por el angosto pasillo que lleva hasta su apartamento.

¿La cifra “mágica”?
No es la primera vez que la prensa oficial dedica páginas al plan de las 200 mil hectáreas, que ni de lejos es una cifra “mágica” para satisfacer la demanda. De no haber contratiempos mayores, con esa superficie podrían obtenerse unas 182 600 toneladas del cereal, es decir, 30 % de la demanda interna.
Claro está, esto es una estimación matemática: en la práctica, factores como calidad del suelo, disponibilidad de insumos (¡combustible, entre ellos!), clima y tecnología pueden hacer que el rendimiento sea mayor o menor.
El programa arrocero cubano se ha convertido en una de las obsesiones razonables de la estrategia nacional para alcanzar la soberanía alimentaria, para muchos una meta anclada —otra de tantas— en el horizonte inatrapable de las ficciones políticas.
Según el ingeniero Israel Lugo Hernández, especialista principal del Grupo Empresarial Agrícola (GAG), este año se prevé la siembra de 200 mil hectáreas de arroz, distribuidas en 61 035 hectáreas en la campaña de frío y 138 965 en la de primavera.
En 2025, el país logró sembrar 122 990 hectáreas, superando las 100 mil inicialmente previstas. El resultado fue una producción de 111 528 toneladas de arroz, destinadas al Ministerio de Comercio Interior, mercados agropecuarios, turismo, insumos productivos y semilla. “Estaban comprometidas con producir 97 685 toneladas y se alcanzaron 111 528”, precisó Lugo Hernández en una nota ampliada que el periódico Granma publicó esta semana.
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Provincias con capacidad de autoabastecimiento
Tres provincias —Pinar del Río, Sancti Spíritus y Granma— cuentan hoy con niveles productivos suficientes para garantizar su propio consumo. A ellas se suman 22 municipios, mayormente ubicados en esos territorios, que también han alcanzado el autoabastecimiento.
La ingeniera Laudelina Lugo Pérez, especialista del GAG, recordó que entre 2012 y 2018 Cuba llegó a producir 304 mil toneladas de arroz para el consumo, pero a partir de 2019 la producción se redujo drásticamente por el recrudecimiento del bloqueo y las dificultades para adquirir insumos.
“Cuba es uno de los grandes consumidores de arroz. El Gobierno ha mantenido un programa arrocero estable, pero las condiciones externas nos han limitado”, señaló.
Limitaciones de combustible y alternativas biológicas
Uno de los principales obstáculos ha sido el déficit de combustible, que afecta la preparación de suelos y el mantenimiento de sistemas de riego. “Algunos productores con mejor situación económica han comprado petróleo en divisas y así han podido asegurar la producción”, explicó Lugo Hernández.
Como respuesta, se han introducido bioproductos y bioplaguicidas. Más de 140 mil hectáreas han sido tratadas con biofertilizantes, lo que ha permitido suplir parcialmente los déficits de insumos químicos.
Nuevos actores económicos, encadenamientos productivos y cooperación internacional
Desde 2024, el programa arrocero trabaja de forma conjunta con diez mipymes, principalmente en Sancti Spíritus, Pinar del Río y Camagüey.
Gracias a estos encadenamientos productivos, en 2025 se sembraron 3020 hectáreas, con una producción aproximada de 9304 toneladas de arroz cáscara húmedo y un rendimiento de 3,08 toneladas por hectárea.
Las previsiones para este año apuntan a ligeros incrementos tanto en los rendimientos como en la producción, lo que refuerza la idea de que el sector privado puede desempeñar un papel complementario en la recuperación agrícola.
Entretanto, la cooperación internacional también ha sido clave. En Pinar del Río se desarrolla un proyecto con la empresa vietnamita V Mariel, en Granma con la empresa Thai Binh, y en Sancti Spíritus con un consorcio ruso.
Gracias a la colaboración con Vietnam, en Los Palacios se alcanzó un rendimiento de 5,4 toneladas por hectárea. Los socios vietnamitas han implementado tres modalidades: siembras administradas directamente, paquetes tecnológicos para productores locales y venta de insumos.
A la sazón, el economista Omar Everleny cuestionó la medida: “Me pregunto por qué se han entregado tierras por tres años a una empresa vietnamita… y a un nacional no le puedes dar esas mismas condiciones. El nacional también puede buscar recursos frescos con un familiar o con entidades en el exterior. Hay que darle el mismo tratamiento al capital nacional que al extranjero”.
Por otra parte, ya se emplean drones para la siembra y atención de los cultivos, y se evalúa la adquisición de estos equipos por parte de productores nacionales, en coordinación con la empresa GeoCuba.
Crisis estructural y 300 millones de dólares
A pesar de estos avances, la producción nacional enfrenta una crisis profunda. En 1985 Cuba produjo 524 mil toneladas de arroz; para 2023 la cifra descendió a apenas 27 mil toneladas, lo que representa el 5,32 % de la producción de hace cuatro décadas.
En los últimos seis años, la producción se ha reducido en 90 %, obligando al país a importar arroz desde Vietnam, Brasil y Uruguay.
El vicepresidente Salvador Valdés Mesa reveló que en 2024 Cuba gastó más de 300 millones de dólares en la importación de 407 mil toneladas de arroz, destinadas a la canasta familiar normada.
“En los alimentos que nosotros importamos, la mayor cifra es de arroz. No hay ningún otro que lo supere, ni el trigo ni la grasa”, subrayó el político.
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El arroz en la dieta nacional, el futuro de la libreta y reyertas mediáticas
El arroz es el alimento básico para más de la mitad de la población mundial y en Cuba el consumo anual per cápita ronda los 70 kilogramos. “El mayor estímulo para sembrar arroz es que en Cuba se come arroz”, insistió Valdés Mesa, recordando que el tradicional arroz con frijoles, antes cotidiano, hoy se ha convertido en una excepción gastronómica.
A fines de diciembre, estalló un escándalo mediático en torno al arroz y el programa televisivo “Cuadrando la Caja”, cuando un experto sugirió que los cubanos debían reducir el consumo de arroz y papa, alegando que esos cultivos “no son oriundos de Cuba” y que no se podía aspirar a mantenerlos como base de la dieta nacional. Las redes se “comieron vivo” al autor de tal despropósito, el doctor en Ciencias Roberto Caballero Grande, miembro del Comité Ejecutivo Nacional de la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales.
La crisis también ha impactado en la libreta de abastecimiento, creada en 1962. Aunque el primer ministro Manuel Marrero anunció en 2024 que “tenía los días contados” y que se subsidiarían personas y no productos, en 2025 el Gobierno reculó y garantizó su vigencia hasta el presente, aunque a costa de grandes recortes y atrasos en los despachos y cantidades de los artículos.
La última entrega de arroz en La Habana tuvo lugar en diciembre. Fueron 5 libras, una suma de 2 y 3 libras de meses anteriores de 2025, cuyo último mes de entrega regular (5 libras per cápita) fue julio.
La meta del gobierno
En su comparecencia ante la prensa el pasado 5 de febrero, el presidente Miguel Díaz-Canel dijo que “este año queremos lograr 200 mil hectáreas de arroz, que nos implicaría una producción con la cual empezaríamos a cubrir alrededor del 30 % al 40 % del arroz que consumimos en la canasta normada y que hoy se importa”.
Bajo una perspectiva ganada por el optimismo, el mandatario afirmó que “sería un primer paso para en dos o tres años alcanzar el autoabastecimiento de arroz con producción nacional y no tener que importar arroz en el país”.
Sin embargo, según el economista independiente Pedro Monreal, para alcanzar la autosuficiencia en ese plazo, la cosecha tendría que crecer de manera extraordinaria: alrededor de 1,29 millones de toneladas de arroz húmedo, lo que equivaldría a unas 600 mil toneladas de arroz listo para consumo.
El especialista calificó ese escenario como “un salto improbable en solo dos o tres años”, dadas las limitaciones estructurales del sector agrícola cubano, que incluyen déficit de insumos, maquinaria obsoleta y baja productividad.
En palabras del doctor en ciencias económicas, prometer autosuficiencia en esas condiciones es “vender humo”.











