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“No” es una palabra desterrada del vocabulario profesional de Gina de la Fe Toledo. Ante lo negativo, es improbable que se detenga. Hay personas con la habilidad de convertir obstáculos en oportunidades y distancias en conexiones. Gina es una de ellas.
Presidenta de Skhole SRL, empresa cubana dedicada a la organización de eventos empresariales, su nominación a los Premios Mujer CEO del Año 2025 el pasado noviembre por una organización británica pudo haber parecido una rareza. Sin embargo, quienes conocen su trabajo dentro de Cuba coinciden en que se trata apenas del comienzo.
CEO Monthly, entidad que incluyó entre las nominadas a esta emprendedora cubana de 33 años, destacó su “excepcional liderazgo sosteniendo empresas en dos países, su dedicación a fomentar conexiones genuinas entre continentes, así como su capacidad para guiar a empresas hacia su expansión en Europa con un enfoque innovador, mediante una plataforma online que integra alianzas, eventos y oportunidades de networking, además de experiencias de viajes personalizadas, lo cual ha impulsado significativamente el éxito de sus clientes”.
El origen de esa habilidad para conectar, ella lo explica con una sonrisa, como si no hubiese truco alguno. Mientras otras niñas jugaban con muñecas, Gina soñaba con tener una empresa. No entendía del todo qué significaba, pero le gustaba el sonido de esa palabra. El punto de giro llegó cuando su padre le regaló un libro de Administración. Tenía apenas diez años.

“Desde pequeña sentí la inquietud de generar mis propios ingresos haciendo lo que me gustaba. No tenía recursos para invertir, pero sí muchas ganas de independencia económica, cero miedo a lo que se me presentara, facilidad para comunicarme, creatividad y la visión de crear proyectos grandes que impactaran positivamente en la vida de otras personas. Con eso, busqué transformar mis pasiones en motores de ingreso y me inventé mis propios modelos de negocio”, cuenta.
Durante su etapa universitaria fundó una agencia de casting y espectáculos artísticos, y otra organización que combinaba publicidad, eventos recreativos y boletines digitales. Esas experiencias sentaron las bases para crear Skhole SRL a los 28 años y, más recientemente, abrir su primera empresa en el exterior: Elohks S.L., en Madrid.
“Cuando creé Skhole SRL ya me había graduado de Derecho y tenía formación en administración. Elohks S.L. la concebí como la matriz de un holding destinado a viajes de negocios, eventos corporativos y expansión empresarial. Siento que integrará el resto de los proyectos que aún me faltan por llevar a cabo”.
Gina parece tener el don de la ubicuidad. Cuando uno cree que podrá sentarse a conversar con ella tras un evento recién concluido, ya está abordando un avión, aterrizando en Madrid, reorganizando rutinas y respondiendo vía WhatsApp el cuestionario enviado desde La Habana.
Su ritmo no es solo físico, también es mental. En cada pausa piensa en el próximo paso, y en cada conexión busca una oportunidad. La industria MICE —acrónimo en inglés de Meetings, Incentives, Conferences and Exhibitions— es su campo de acción. La conoce desde adentro y la defiende con pasión.
Esta santiaguera que conquistó grandes espacios habaneros ahora adquiere conocimientos actualizados y explora oportunidades en el viejo continente, donde dice reencontrarse con sus raíces.
Fuiste la primera empresaria privada en hacer un evento en el Palacio de Convenciones de Cuba. ¿Eso prueba que la relación entre lo privado y lo público puede desarrollarse de forma saludable?
Sí, totalmente. No es que puedan, es que deben hacerlo. Me choca mucho la frase “el sector privado es un complemento”, porque hay estudios que demuestran que estamos ofreciendo soluciones reales. No hay razón para que nos vean como una amenaza. Al contrario, deberían existir políticas, beneficios e incentivos que nos permitan operar con menos presión.
También me incomoda cuando desde el sector privado se generaliza diciendo que todas las empresas estatales son un fracaso. Lo público también es necesario. Todavía hay personas en esos espacios queriendo hacer cosas trascendentes para el país, y muchas han apoyado al sector privado. Gracias a ellas crecen las alianzas.
Para acabar con esa segmentación absurda hay que actuar como empresariado cubano: crecer hasta donde el liderazgo y los recursos lo permitan, dejar de politizarlo todo y de ver amenazas por todas partes.
Skhole fue la primera empresa privada en 2022 en realizar un evento de diseño propio en el Palacio de Convenciones. Repetimos en 2025. Seguimos siendo la única del sector que lo ha hecho, al menos hasta donde tenemos conocimiento. Pero me encantaría que fuéramos muchas más. Hay talento de sobra en el sector privado.
El Palacio de Convenciones tiene salones pequeños, medianos y de gran formato, tecnología y especialistas. En otros países, centros como este son utilizados tanto por sectores públicos como privados. Pero si no se fomenta, la gente no actúa: por miedo, por desconocimiento, por creer que no se puede.
La organización de eventos en Cuba es un terreno concurrido, pero más enfocado en celebraciones sociales, como bodas y cumpleaños. ¿Cómo valoras ese trabajo y cuánto falta por lograr en el perfil empresarial?
En este campo no somos muchos los que trabajamos de forma especializada, sobre todo en el sector privado. Todos estamos en el mismo contexto, enfrentando tormentas que la mayoría no está dispuesta a asumir. La gente quiere sobrevivir.
Por eso hay más personas dedicadas a los eventos sociales. Generan menos conflictos, incluso a nivel político, y ofrecen ingresos más rápidos. Son válidos, necesarios, y muchos colegas hacen un trabajo admirable. Pero en los eventos empresariales falta muchísimo por lograr. Y lo poco que nos quedaba, lo estamos dejando destruir: iniciativas, infraestructura, talento local.
En estos cinco años de trabajo especializado me he reunido con líderes que impulsaron el turismo de negocios en Cuba. Siempre buscando enseñanzas, buenas prácticas, luces para seguir. Me duele saber que tuvimos una época dorada. Fuimos un país con altos estándares en este ámbito.
Tuvimos el primer Buró de Convenciones de América Latina. Dos presidentes cubanos lideraron organizaciones internacionales como COCAL, la Federación de Entidades Organizadoras de Congresos y Afines de América Latina. Celebramos los mayores congresos de la región. Construimos palacios de convenciones, recintos feriales, hoteles con salones increíbles. Certificábamos Organizadores Profesionales de Congresos (OPC). ¿Y hoy? Cerramos el Buró. Ya no hay certificaciones de peso.
A esto se suma la actividad del Estado, saturada por problemas económicos y sociales que no dejan de agravarse. El contexto no favorece casi ninguna actividad económica. Y, por si fuera poco, se les atan las manos a los actores del sector privado que quieren rescatar esta industria.
Muchas de las actividades que complementan la organización de eventos —como la publicidad directa, las formaciones empresariales o los servicios vinculados al turismo y las agencias de viajes— han sido incluidas expresamente en el listado de actividades prohibidas. Todo esto se regula mediante decretos y resoluciones con procedimientos engorrosos, burocráticos y desfasados.
Además, se asignan ministerios al frente de estas áreas que se comportan de forma hermética ante cualquier iniciativa que no sea estatal. Y desde dentro tampoco se lanzan propuestas para que podamos sumarnos.
En estas condiciones, es muy difícil que la organización de eventos empresariales se convierta en la razón de ser de más personas. Solo unos pocos nos aventuramos a especializarnos.
¿Cuáles son los secretos detrás de la consolidación de espacios estables de networking entre empresarios cubanos?
No hay secretos. Se trata de entender el mercado y mantenerse atento. Las empresas están hechas de personas que sienten, comunican, se acercan o se alejan. Ellas te dicen, todo el tiempo, qué necesitan.
En Skhole hacemos eso: conectamos personas. Escuchamos sus necesidades y les presentamos a quienes pueden ayudarles a resolverlas. Al principio identificamos que los nuevos empresarios tenían una gran necesidad de conocimientos. Muchos empezaron a golpes, sin nadie que los enseñara. Algunos solo querían sentarse con un igual y preguntar: “¿Este problema cómo lo estás resolviendo tú?”.
Creamos espacios para eso: para la retroalimentación entre pares, para el acceso a expertos, a instituciones, a la academia. Lo que queda es seguir creando entornos donde las personas se conecten.
Uno de nuestros eventos más grandes es el Circuito Networking Cuba, que celebramos cada año. Ahí medimos la temperatura del sector, identificamos nuevas necesidades y diseñamos los eventos del próximo ciclo.
¿Cuáles han sido los resultados concretos de esas conexiones?
Muchísimos. Pasamos de ser una empresa que organiza eventos a construir una comunidad empresarial. Nos ven como un centro para conectarse entre sí, y eso nos llena de orgullo.
Hemos sentado a conversar a representantes de dos empresas con intereses comunes. De ahí han surgido inversiones, nuevas alianzas, incluso empresas nuevas. Nuestros clientes nos muestran cómo han crecido sus ventas, cómo han evolucionado desde que empezaron a participar en nuestros espacios.
Y cuando llegan los momentos de baja, como en toda empresa, son ellos quienes nos dicen que no podemos parar. Tenemos un compromiso con la comunidad empresarial cubana.
¿Cómo influye el contexto económico cubano en la sostenibilidad y el crecimiento de un emprendimiento como el tuyo?
Nuestros clientes son empresas, y nuestros productos no están en la cadena de prioridades básicas. Cuando hay cambios bruscos en las monedas, anuncios de medidas que no se concretan o incertidumbre general, nuestra actividad queda en la cuerda floja. No vendemos alimentos ni productos de aseo. Ofrecemos experiencias, espacios, conexiones.
Cuando una empresa atraviesa pérdidas o inseguridad, participar en un evento no se percibe como una solución inmediata. Y como el evento es nuestro producto, dependemos directamente de lo que generamos. No recibimos apoyo de ninguna institución, ni nacional ni extranjera. No existen mecanismos que nos ayuden a sobrellevar las crisis, salvo los que creamos por nuestra cuenta.
Los únicos recursos que nos han permitido resistir son los fondos de reserva interna. Gracias a ellos hemos podido “escampar” en las oleadas cíclicas que atraviesa el país. Pero no es fácil. Cada decisión implica riesgo y cada paso requiere estrategia.
¿Qué otros campos has debido explorar para llegar al punto donde te encuentras, más allá de tus estudios universitarios?
Estudié Ingeniería Civil hasta cuarto año. Me enseñó administración, dirección, pragmatismo y lógica. Luego vino el Derecho, que cerró el ciclo. Por primera vez entendí el porqué de las cosas. Cuando descubrí el Derecho Mercantil, vi con claridad las estructuras, los procedimientos, los modos de ejecutar lo que tanto había soñado: tener mi propia empresa.
Siempre fui una estudiante de buenas notas, pero sabía que no iba a ser ingeniera. Tampoco abogada, jueza, fiscal ni notaria. Estudiaba para aprender de verdad, para profundizar en lo que me era útil. No por las calificaciones, sino por el objetivo: construir mi empresa.
Cuando entré al mundo empresarial encontré mi verdadera pasión: el networking, conectar personas. Entonces empecé a buscar cómo especializarme. Descubrí que existían carreras y másteres en ese campo, aunque todos fuera de Cuba. Opté por el Máster en Turismo de Negocios, Dirección de Eventos y MICE, en EAE Business School, Madrid.
Luché durante años para reunir los recursos y lograr la aceptación. Es un máster presencial, largo y exigente. Gracias a la trayectoria que ya tenía con Skhole y a mi participación en organizaciones internacionales de eventos, fui seleccionada. Hoy estoy cursándolo. Y puedo decir que los sueños se cumplen. Por más difícil que parezca, cuando hay pasión, todo se logra.

Para muchos emprendedores, la opción ante la crisis ha sido cerrar y emigrar. ¿Lo has valorado tú, ahora que cursas la maestría en España?
No te voy a negar que, como casi todo emprendedor en Cuba, he tenido momentos de crisis. He pensado en vender la empresa, cerrar, irme. Pero yo creo en Cuba. Creo en mi gente. Es mi país, y mi proyecto tiene esencia cubana porque se necesita ahí.
En otros lugares puedo organizar eventos y sentirme realizada profesionalmente. Pero si no es para cubanos, no me siento realizada emocionalmente. Skhole se debe a una comunidad empresarial cubana. Hemos formado un equipo que vale oro y está muy comprometido.
Entonces, en esos momentos de sombra, no pienso solo en mí. Pienso en todos. Me ha tocado sacar soluciones de debajo de la manga, perseguir oportunidades, reinventarme.
La internacionalización ha sido una vía para sobrevivir. Y creo que debe ser una meta para todo emprendedor que quiera crecer. Hay que planteársela desde el inicio, como una posibilidad a mediano o largo plazo. Toda esa inversión y sacrificio valen la pena: abren nuevas perspectivas, mercados, estabilidad financiera. Si se hace bien, funciona. Esa ha sido mi forma de mantener mi proyecto en Cuba a flote.
¿Qué motivaciones te llevaron a fundar una nueva empresa en España?
Siempre me atrajo España. Soy nieta de español, amante de la cultura que nos une. Además, tenía muchos amigos españoles y cubanos que viven aquí. Siempre supe que quería comenzar mi recorrido internacional por este país. Luego apareció el máster.
En Madrid identifiqué una oportunidad: abrir una empresa es muy fácil, y quería contar con una que me permitiera operar en el sector MICE, que es mi campo. Pero también quería que sirviera como puerta de entrada a Europa para los empresarios cubanos.
Ya estamos organizando viajes de negocios entre ambos países. Creamos la primera plataforma online, una web-app de networking entre Cuba y Europa. Los empresarios pueden crear perfiles, acceder a eventos, chatear. Y hay muchos planes para el futuro.
Después del máster seguiré yendo y viniendo, pero mi centro es y seguirá siendo Cuba.

Crear tu empresa, expandirte… parece que te ha resultado muy fácil. ¿Ha sido así?
Para nada. Crear una empresa en tu país y expandirla internacionalmente no es fácil para nadie. Pero si eres cubana, joven y mujer, el nivel de dificultad se multiplica.
Dentro de Cuba, muchas veces nos ven como “el mal necesario”. Hay piedras en el camino, prejuicios, barreras. Fuera de Cuba, cuesta que te crean. Hay quien menosprecia lo que has logrado porque “en Cuba no se puede tener una empresa”.
He tenido que hacer muchas renuncias. La principal es a lo más sagrado: el tiempo y la familia. Ser emprendedora no tiene horarios. No soy empleada, soy empleadora. Estoy siempre alerta, siempre al tanto. Y eso significa perder momentos importantes.
He tratado de estar presente para mi familia, pero hay veces en que no se puede. El proceso más difícil que viví fue estar lejos de mi hijo: él en Cuba, yo en España, hasta que hace apenas unos días lo pude traer. Fue casi un año marcado por dificultades para estudiar; no me concentraba en el trabajo, solo pensaba en que él no estaba conmigo. Nos veíamos pocos días cuando yo iba a Cuba, pero siempre tenía que regresar a España.
Me pregunto si valdrá la pena el sacrificio, el tiempo separados. Pero respiro, hago conciencia. Al final, todo es para garantizar su futuro y nuestra estabilidad. No es fácil. Que nadie se engañe. Duele, y mucho.
La premiación como Mujer CEO de 2025 es un gran reconocimiento a tu trabajo como empresaria. ¿En qué beneficios estratégicos se traduce para ti?
La nominación surgió de una investigación de la agencia encargada, debido a mi trabajo para conectar Cuba y Europa: principalmente la promoción y comercialización exclusiva en Cuba del World Business Forum de WOBI, las conexiones con despachos españoles para internacionalizar empresas cubanas, las inmersiones empresariales realizadas con Conecta Iberoamérica y la creación de la plataforma online de networking, en colaboración con la empresa española Feending, que es la primera de su tipo específicamente para Cuba y España.

Que me hayan notado desde Londres, un país al que jamás he apuntado como mercado, y que tengan en cuenta a una cubana que además vive en Cuba, es un honor para mí. Porque estoy representando y dándoles visibilidad también a los emprendedores de mi país.
El premio nos da mucho ranking a nivel internacional, pero creo que el solo hecho de haber estado nominada ya demuestra que vamos por buen camino y que muchas cosas son posibles si actuamos desde un propósito profundo y con constancia. Y como nuestra misión es conectar, este es un paso más para seguir cumpliéndola.












