Getting your Trinity Audio player ready...
|
El gallo de esta historia no podía ser desplumado porque era de bronce, así que sus detractores decidieron desplomarlo de su pedestal en 1960, debido a sus “vínculos” con la dictadura de Fulgencio Batista Zaldívar. Lo ocurrido con la escultura emblemática del municipio avileño, en la región central de Cuba, parece un pasaje propio del más puro realismo mágico.
La “militancia” del gallo, según la visión de sus enemigos, se remontaba a 1955, cuando el monumento fue develado el domingo 11 de septiembre por Batista, entonces mandatario de la República, a quien las autoridades locales declararon Hijo Adoptivo de Morón. El sitio donde se instaló la escultura fue nombrado Parque General Batista. El senador José Pardo Jiménez y su hermano Manuel, entonces alcalde municipal, fueron los autores intelectuales de estos hechos.

La idea de construir un monumento correspondió al doctor Augusto Venegas Muiña y al historiador Benito Llanes Recino: “no implume como el de Morón de la Frontera, sino de vistoso plumaje, un gallo altanero y orgulloso, máxime que Morón es famoso por la cría de gallos finos notables por su fiereza.” El doctor Venegas gestionó con la escultora Rita Longa la ejecución del proyecto, que él mismo pagaría de su peculio. Sin embargo, el senador Pardo Jiménez —también ministro de Obras Públicas— avizoró un filón político e impulsó su realización a cargo del escultor Armando Alonso Alonso, con un costo de 16 mil pesos.

La leyenda
Antes de continuar el relato, conviene recordar que los orígenes del símbolo están conectados con Morón de la Frontera, en España. Allí existe un monumento a un gallo implume, obra del joyero sevillano José Márquez Fernández en 1916.
El historiador Benito Llanes Recino narró a la revista Bohemia en 1960:
“Cuenta la leyenda que a principios del siglo XVI los asuntos de orden público no andaban muy bien en el famoso pueblo sevillano, pues las rivalidades políticas entre los señores y el nombramiento de nuevas autoridades provocaban disturbios de gravedad que repercutían hasta en la misma Corte de Madrid. Se consideraba a Morón un pueblo rebelde y difícil de gobernar, cuya conducta era causada por los numerosos abusos cometidos contra los moronenses por jueces y receptores, despojando a muchos de sus haciendas y cobrando a otros altas contribuciones.
Uno de esos personajes, Juan Esquivel, llegó a Morón cuando las tensiones estaban más caldeadas. Empezó a tratar a muchos con grosería y a repetir, con suma pedantería, que ‘allí no había más gallo que él’ o que ‘donde canta este gallo no canta otro’. Así se ganó el mote de El Gallo de Morón.
Cansados de sus desmanes, le quitaron la camisa y le propinaron una tunda. Los cantaores inmortalizaron el suceso con estas coplas:
Anda, que te vas quedando
como el gallo de Morón:
sin plumas y cacareando
en la mejor ocasión.”
Actos vandálicos
El 3 de enero de 1960 se celebró, frente al monumento, el primer aniversario de la entrada del Ejército Rebelde a la ciudad. Durante el acto, uno de los oradores propuso quitar la escultura y sustituirla por una de Roberto Rodríguez, El Vaquerito, valeroso jefe del Pelotón Suicida de la columna dirigida por el Che Guevara, caído en combate durante la Batalla de Santa Clara. El joven, muy carismático, había residido en Morón antes de partir a la guerra.
La idea fue reiterada por otro orador y recibió aplausos, más por compromiso que por convicción. Pasaron semanas sin novedades, pero el enviado especial de Bohemia, Luis Rolando Cabrera, narró en la edición del 21 de febrero:
“En la noche del sábado 5 de febrero, cuando era ya más domingo que sábado, puesto que acababan de dar las doce de la noche, un grupo de cinco personas, utilizando sogas y aprovechando la presencia de una grúa, levantó el monumento de su pedestal y lo trasladó hasta frente al edificio del Ayuntamiento. En el lugar de su emplazamiento dejaron un cartel que decía: ‘De aquí volé’. Y en el sitio en que lo dejaron pusieron otro que rezaba: ‘Hasta aquí llegué’.”

El teniente del Ejército Rebelde Carlos Figueredo Peña, ayudado por cuatro subalternos, había cometido la afrenta contra un pueblo que amaba a uno de sus símbolos. Una muchedumbre enardecida se dirigió al Ayuntamiento, recogió la escultura y la devolvió a su pedestal frente al Hospital Civil, exigiendo el castigo a los culpables. El capitán Victoriano “Macho” Parra, máxima autoridad militar en el municipio, ordenó la detención de los responsables y los envió al cuartel Monteagudo, en la ciudad de Camagüey, sede de la Comandancia provincial.
En medio del caos, grupos opuestos a la Revolución aprovecharon la ocasión para convocar una manifestación popular. Entre otras demandas se pedía el fusilamiento de Carlos Figueredo y se injuriaba al Ejército Rebelde. Como respuesta, simpatizantes de los detenidos y del Gobierno organizaron una concentración para el domingo 14 de febrero. Volantes que circularon por la ciudad enardecieron aún más a la población y polarizaron las opiniones.
Bohemia relató así lo ocurrido:
“Los de la otra banda se dieron cuenta de inmediato de que iban a volver a quitarles el gallo y se prepararon para lo que pudiese venir. Pero los organizadores de la concentración cambiaron entonces de táctica y se aparecieron, no el domingo, sino el viernes 12, en pleno mediodía, con una caballería numerosa y camiones cargados de personas que venían de varios términos como Pina, Marroquí, Florencia y otros. Los guajiros portaban machetes; los demás, baretas, palos y otras cosas por el estilo (hay quien asegura que llevaban hasta ametralladoras, cosa que consideraremos después). Impidiendo que el público se acercase, cerrando totalmente el tránsito, derribaron la estatua del gallo y la emprendieron a mandarriazos con el bronce, subiéndolo después a un camión y marchándose en dirección a Pina.”
Adalberto Quiñones, protagonista del hecho, declaró al historiador Larry Morales: “Fui a casi todos los barrios del municipio de Morón: Chambas, Tamarindo, Florencia, Punta Alegre, Violeta y otros. Al llegar a cada uno, me dirigía a los responsables de las Milicias Populares y a los coordinadores del Movimiento 26 de Julio. En una reunión les explicaba que el gallo era una tradición batistiana y que por lo tanto había que derribarlo. (…)”
En el poblado de Pina colocaron al gallo en el andén de la estación del ferrocarril. Allí intentaron quemar la figura broncínea con leña y nuevamente la emprendieron a mandarriazos hasta dejarla en tres partes, que trasladaron a Camagüey y entregaron al jefe militar de la provincia, el comandante Pedro García Peláez, quien, en desacuerdo con el proceder, mandó detener algunas horas a Adalberto Quiñones.

Un gallo de cartón
La tensión llegó al máximo. Bohemia reseñaba:
“Se acusaba a la fuerza pública de haberse mantenido acuartelada sin proceder contra los que se llevaron el gallo. El comisionado municipal, Vicente Isla, presentó su renuncia; las acusaciones iban de un lado a otro como una pelota; había ya quienes hablaban de huelga y de declarar a Morón ‘ciudad muerta’.
Las calles eran un hervidero. No se hablaba más que del gallo. (…) Todos, sin una sola excepción, se pronunciaron por la más rápida reinstalación del gallo en su lugar.”
Para evitar una tragedia se constituyó el Comité de Acción Ciudadana. Las gestiones del reverendo Anselmo Carrals contribuyeron a mantener la paz. Se designó una comisión para viajar de inmediato a La Habana e informar a las máximas autoridades.
Orlando Hernández recordaba en entrevista con Larry Morales: “(…) conseguimos la entrevista con Fidel. (…) Al escucharnos, se puso de pie, tomó el teléfono y llamó al comandante Raúl Castro. Entre las cosas que le dijo, recuerdo esta frase: ‘Raúl, hubo un teniente del Ejército Rebelde que equivocadamente derribó el Gallo de Morón, ocúpate de ese asunto’. Colgó el teléfono y nos dijo que no nos preocupáramos, que nos marcháramos tranquilos.”
Mientras tanto, un grupo de moronenses colocó un gallo de papel y cartón, usado en los festejos carnavalescos, en el lugar del monumento, y en la torre pegaron una foto de Camilo Cienfuegos. Debido a los materiales, pronto se deterioró. Según algunas fuentes, corrió la misma suerte que su antecesor, pero con aún mayor rapidez.

Restauración
Pasaron los años y el pedestal permaneció vacío, hasta que el 2 de mayo de 1982 fue inaugurada —por acuerdo de la Asamblea del Poder Popular— la escultura que hoy da la bienvenida al viajero. El acto solemne fue presidido por Armando Hart, entonces ministro de Cultura.
Este gallo, de 3 metros de altura y 3 toneladas de peso, es obra del ingenio de Rita Longa, con la colaboración artística de Armando Alonso. Para que no quedara duda de su militancia, en la torre erigida junto al monumento se colocó una tarja que dice:
“Este gallo, bravo en la pelea, expresa el espíritu de lucha de nuestro pueblo en la defensa de su soberanía, por lo que deviene símbolo revolucionario y socialista de nuestra ciudad.”
Fuentes consultadas:
Investigaciones de Larry Morales.
Bohemia
Archivo de Bárbaro Ricardo Martínez Hortelano
https://sinrodeo-leoipa.blogspot.com/2021/05/a-39-anos-de-la-reposicion-del-gallo-de.html