|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Bad Bunny fue uno de los grandes protagonistas de la 68ª edición de los Grammy, celebrada este domingo en Los Ángeles. El artista puertorriqueño no solo hizo historia al ganar el premio a Álbum del Año —el primero otorgado a un disco íntegramente en español donde mezcla sonoridades puertorriqueñas como la bomba, la plena y la jíbara con la música urbana—, sino que utilizó su discurso para denunciar las políticas migratorias del gobierno estadounidense y la actuación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
“Antes de darle las gracias a Dios, debo decir: fuera ICE”, expresó emocionado al recibir el Grammy a Mejor Álbum Latino Urbano por Debí tirar más fotos. La frase provocó una ovación en el Crypto.com Arena. En su intervención, Bad Bunny defendió la dignidad de los migrantes: “No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens. Somos humanos. Somos americanos”.
Ver essa foto no Instagram
Horas después, al recoger el máximo galardón de la noche, dedicó el premio “a todas las personas que han tenido que dejar su país” y a los latinos que “merecieron estar en esta tarima”. Su mensaje fue uno de los más contundentes de una gala marcada por críticas abiertas al presidente Donald Trump y a las recientes redadas migratorias en varias ciudades del país.
Ese tono combativo no se limitó a los discursos de los artistas. La tensión política también alcanzó al presentador de la ceremonia, Trevor Noah, quien se convirtió en otro de los protagonistas de la noche tras ironizar sobre Trump en uno de sus monólogos. El mandatario respondió horas después con una amenaza de demanda: “Parece que voy a enviar a mis abogados a demandar a este pobre, patético, sin talento y tonto presentador”, escribió en su red social Truth Social. Noah había señalado que “desde que no está Epstein, necesita una nueva isla para quedar con Bill Clinton”, en referencia a Groenlandia.

Noah no fue el único protagonista de la noche que arremetió contra Trump y su administración. Desde sus constantes dardos irónicos hasta los discursos de Bad Bunny y Billie Eilish, la 68ª edición de los Grammy quedará registrada como una de las más combativas frente al actual Gobierno estadounidense. Ya en la alfombra roja, artistas como Billie Eilish y Finneas, Justin y Hailey Bieber, y Lady Gaga lucieron prendedores con el lema ICE Out (“Fuera ICE”). Al recibir el Grammy a Mejor Canción, Eilish afirmó: “Nadie es ilegal en tierra robada”, mientras reiteró su rechazo a las políticas migratorias.

La migración en el centro del debate político estadounidense
La reacción de los artistas ocurre en un contexto marcado por el endurecimiento de la política migratoria desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. En las primeras semanas de su nuevo mandato, la administración anunció una ampliación de las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y el refuerzo de los operativos de detención y deportación en varias ciudades con alta presencia de población latina.
Diversas organizaciones de derechos civiles han alertado sobre un clima creciente de miedo entre comunidades migrantes, especialmente entre personas indocumentadas y solicitantes de asilo. En los últimos meses se han registrado operativos en espacios públicos, centros de trabajo y barrios residenciales, mientras se han restringido programas de protección temporal y se ha endurecido el acceso a procedimientos humanitarios, como el asilo político.
En el corazón de esta polémica se encuentra Minnesota, y en particular Minneapolis, donde se ha desatado una crisis social y política a raíz de las agresivas operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La administración de Trump lanzó a finales de 2025 la llamada Operation Metro Surge, un despliegue masivo de agentes federales —que llegaron a sumar miles en el área metropolitana de las Twin Cities— con el objetivo oficial de arrestar y deportar a inmigrantes indocumentados.
La presencia de ICE ha generado fuertes tensiones con las autoridades locales y amplias protestas ciudadanas, sobre todo tras la muerte de dos residentes —Renée Good y Alex Pretti— que fueron asesinados por agentes durante enfrentamientos en el marco de estas redadas, hechos que desataron indignación en todo el país y demandan una revisión del uso de la fuerza en estos operativos.
Este escenario ha reactivado una fuerte respuesta desde el ámbito cultural y social. Figuras públicas, músicos y actores han utilizado espacios de alta visibilidad para denunciar lo que consideran una criminalización de la migración y para reivindicar el aporte histórico de los migrantes a la economía y a la vida social de Estados Unidos, en un momento de alta polarización política y social.

La música como gesto político
En ese contexto, la postura de Bad Bunny, quien ya suma seis premios Grammy en su carrera, se inscribe en una línea de activismo cultural que ha sostenido en los últimos años, especialmente en torno a la migración latinoamericana y la condición de Puerto Rico como territorio no incorporado de Estados Unidos.
Nacido en 1994 en la isla boricua, Benito Antonio Martínez Ocasio ha utilizado su música y su visibilidad para abordar temas como la gentrificación, el desplazamiento de comunidades y la pérdida de identidad cultural. Su más reciente proyecto, Debí tirar más fotos (2025), está acompañado por un cortometraje documental que retrata cómo la emigración, el turismo depredador y la crisis económica han transformado el paisaje social de la isla.
En algunos de sus audiovisuales, como “Aquí vive gente”, el artista cede espacio a varios residentes de la isla que han expresado sentirse “extranjeros en su propia patria”, una experiencia que conecta con las realidades de otras islas del Caribe, como Cuba, marcada en los últimos años por una emigración masiva sin precedentes. En otros de sus clips, como es el caso de “Turista”, Bad Bunny denuncia la crisis de vivienda en Puerto Rico, agravada por la presión del turismo y el avance de modelos de negocio como Airbnb, que han desplazado a comunidades locales hacia las periferias.
Uno de los gestos más simbólicos de su compromiso con la comunidad migrante fue la decisión de no incluir a Estados Unidos en la gira internacional de este álbum. El propio artista explicó que temía que los conciertos se convirtieran en escenarios de redadas del ICE contra un público mayoritariamente latino e indocumentado.

“La jodida ICE podía estar afuera [del concierto]. Ese es un tema del que hablamos y que nos preocupaba mucho”, declaró en entrevistas recientes. En su lugar, en 2025 estableció una residencia de conciertos en Puerto Rico bajo el lema “No me quiero ir de aquí”, que buscaba reconectar a la diáspora boricua con la isla y resignificar el país de origen no solo como espacio de nostalgia, sino como posibilidad de presente y futuro.
“No me quiero ir de aquí”: Bad Bunny y el sueño de contarnos
Para Bad Bunny, la migración no es únicamente un drama humanitario, sino una experiencia política y cultural que atraviesa a toda América Latina. Sus mensajes han insistido en tres ideas centrales: el derecho a permanecer en el país de origen, la migración como un movimiento circular y no definitivo, y el reconocimiento del aporte histórico de los migrantes latinos a la economía y la vida cotidiana de Estados Unidos.
La noche de los Grammy consolidó esa postura ante una audiencia global. Otros artistas también alzaron la voz, como Billie Eilish, Olivia Dean o Kendrick Lamar, pero el discurso del puertorriqueño destacó por su frontalidad.
Su intervención convirtió uno de los escenarios más visibles y mediáticos de la industria musical en un espacio de denuncia política y de reivindicación de la comunidad migrante, en un momento de creciente tensión social en Estados Unidos.
Más allá de los premios, Bad Bunny volvió a demostrar que su proyecto artístico trasciende el entretenimiento. Desde el Caribe, ha construido una narrativa que desafía la idea de periferia cultural y coloca a Puerto Rico —y por extensión a las diásporas latinoamericanas— en el centro de una conversación global sobre identidad, dignidad y derecho a existir.











