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A Maru Gutiérrez (Valladolid, 1986) la música le ha dado buenos momentos en su vida. Con apenas 8 años descubrió la pasión por expresarse a través del arte que ahora, a sus 39 años, es una obsesión que solo va en aumento. Aquella niña que jugaba con sus primas, a las que pintaba y peinaba para hacer teatro, hoy es una intérprete que vive la creación musical como algo más que expresarse a través de la voz o un instrumento.
Esta artista española, de raíces africanas de Guinea Ecuatorial, trae consigo una verdad que el público cubano podrá disfrutar durante las jornadas de la edición 41 del Festival Internacional Jazz Plaza. Será una de esas oportunidades únicas para descubrir el talento de una artista emergente —con probada experiencia en distintos formatos del jazz— que ha recalado recientemente en el jazz afrocubano, de la mano de notables intérpretes del panorama nacional y de otros cubanos “fuera de serie” que hoy brillan con su arte en otras latitudes.
Fue tras su trabajo con estos músicos cuando Maru Gutiérrez sintió que los ritmos cubanos le decían algo profundo. Entonces se propuso a conocer más sobre esta forma de hacer y vivir esa música. Conectó en España, para mayor dicha, con el extraordinario contrabajista y productor Gastón Joya. Al calor de esa confluencia creativa, también con Cucurucho Valdés, Adrián Estévez, Miguel Ángel “Wiwi”, entre otros, se animaron a grabar música. Y así nació Manantial, un disco que tendrá su estreno durante este Jazz Plaza.
Maru está en una nube. Cumplirá 40 años durante este viaje y está disfrutando el doble regalo de ir descubriendo Cuba, su música y su gente, a la par que goza los procesos de ensayo y las expectativas del momento en que cante sus canciones de Manantial, por primera vez, en esta isla.

“Este viaje es una celebración importante para mí”, asegura la intérprete, quien lleva dedicándose a las artes escénicas profesionalmente, desde hace una década, aunque confiesa que su vocación está tanto en el teatro como en la música. “No soy una artista especializada en algo porque mi búsqueda es interdisciplinar”, acota.
Maru ha cursado estudios relacionados con la música, el teatro, el circo. Se siente profundamente atraída por el jazz y por esos caminos ha impulsado proyectos, en solitario y en colectivo. Pero llegar a ese punto de realización personal no fue cuestión sencilla, pues viniendo de una familia donde nadie era músico, cuenta, al arte no se le daba el valor que a otras profesiones.
A la par de sus gustos artísticos, esta creadora estudió una carrera universitaria de traducción e interpretación de árabe en Granada y también cursó estudios de Filosofía. Al final todos esos saberes le han servido para los caminos que surgieron después. “Uso el arte para comunicar y expresar. Estudié Lenguas como puente entre culturas y creo que la música es una forma de comunicar, también entre culturas”, explica la artista, sentada en uno de los locales de ensayo en los estudios Abdala, en un barrio de Miramar.
Maru Gutiérrez es la primera en llegar a los estudios y está atenta a cada detalle. Es una artista independiente y lleva sobre sus hombros todo el trabajo que se necesita para lograr llevar adelante una presentación como la que pretende. Mientras aguarda la llegada de los músicos que la acompañarán —Jorge Reyes, Oliver Valdés, Emir Santa Cruz, Jorge Alfaro y Adel González—, la artista conversó con OnCuba sobre su carrera, Manantial, este viaje y sus caminos en la creación.
¿Hubo un punto de inflexión en tu vida para que al final fuera la música el camino a transitar?
Fue fruto de una crisis. Por eso adoro las crisis y el error, porque anteceden al cambio. Y es algo que cuesta mucho mostrar en el arte; parece que hay que prepararse mucho y luego ya salir cuando todo sea supuestamente perfecto, pero a mí me encanta mostrar las cosas que no están hechas del todo. Esos momentos de crisis, esos momentos en que la voz no puede cantar, también me gusta mostrarlos porque forman parte del proceso y creo que es ahí donde surge la creatividad de forma natural. Respeto y comparto el conocimiento de la técnica, pero pienso que a veces ese conocimiento puede ser limitante.
Sé de muchos compañeros músicos que han estudiado música clásica, pero han llegado a odiar su instrumento y todos los años que han estudiado, por lo duro de la formación y las limitaciones que ello pueda conllevar. El jazz me resulta más flexible (ahora su estudio se incluye en muchos conservatorios).
Mi momento de inflexión fue mientras trabajaba en una oficina en Granada: sentía que moría cada día en ese trabajo. En ese momento descubrí varias bandas que tocaban en la calle, porque en Granada hay mucha vida. Decidí dejar el trabajo, con 30 años, y dedicarme a esto; empezar a estudiar de nuevo música y dedicarme de lleno a todas las artes escénicas. Entonces ya llevaba años trabajando en obras de teatro.

¿Qué tipo de teatro has hecho?
Trabajé con varias compañías, sobre todo teatro contemporáneo, desde autores clásicos, pero rompiendo con la dramaturgia clásica o convencional. Trabajé con la obra de autores granadinos como Sara Molina, Enrique Torres y otros clásicos como Bertolt Brecht. Teatro performativo —que me gusta mucho— y fragmentario.
También he interpretado obras de Federico García Lorca y creé con Sara Almohalla, pianista y también actriz afincada en Granada. Justo el año antes de la pandemia, llevamos por varias ciudades un espectáculo de teatro y jazz, basado en la biografía de Billie Holliday, para contar un poco cómo era en su tiempo ser mujer, negra, y cómo lo es ahora. Muchas cosas no han cambiado.
Ahora, con este concierto que presento por primera vez en Cuba, también haré una puesta en escena. No me considero músico como tal, así que me gusta incluirle a la interpretación musical otros elementos.
Mi conexión profunda con la música cubana fue hace 3 o 4 años, en Suiza, donde vivo actualmente. En Granada había bastantes grupos de música cubana, pero yo me decantaba por el blues, el soul y el reggae. Como vocalista de muchos proyectos en los que he trabajado, he pasado por estilos y géneros diferentes porque me gusta.
Mis creaciones son muy intimistas, apelan a mis esencias. En Suiza me propusieron trabajar como corista en una banda de músicos cubanos y ahí fue cuando me enamoré. Fue de esos momentos de la vida en que algo te llega y es casi perfecto, todo encaja y vas hacia adelante con ello.
¿Es cuando Cuba aparece en tu mapa musical?
Sí, había escuchado antes clásicos de la música cubana, pero no me había llegado. En ese momento sí porque estaba en una búsqueda hacia mi raíz, entonces tengo esa mirada hacia África y Cuba. De repente, en Cuba empiezo a encontrar parte de mi origen. Me informo sobre lo afrocubano y me doy cuenta de que aquí viven la cultura yoruba, muy extendida en África y en contacto directo con la etnia de la que provengo: la fang. Para mí son mensajes de mis ancestros hacia el camino, la conexión con mis orígenes. Me fascina.
Entonces, a partir del trabajo con estos músicos cubanos en Suiza, quise trabajar con otros y surgió la posibilidad de hacer este disco. Busqué quien me ayudara a componer, a crear, a conocer esta música, esta cultura, y me topé con mi productor, Gastón Joya, de los mejores músicos cubanos.
He tenido la suerte de poder trabajar con ellos y, gracias a eso, hoy estoy aquí.

Para mí, como artista emergente, es un verdadero privilegio compartir con músicos que tienen tanta historia —tanto aquí como fuera de Cuba—, que han vivido y recorrido tanto camino. Personas que han formado parte de proyectos como Irakere, que han trabajado con Omara Portuondo y con Silvio Rodríguez: músicos cuya obra yo ya conocía y admiraba. Estoy aquí para aprender y eso, para mí, es un honor.
Actualmente me formo en distintos géneros: estudio percusión, batá en San Miguel del Padrón y tumbadoras con Adel González. La percusión es una seña de identidad cubana y siento que forma parte de mí, de alguna manera.
¿Qué ha representado el vínculo profesional con Gastón Joya para ti?
Llegó a través de Mónica Alonso, que es una actriz muy conocida aquí. Ella fue quien me pasó un contacto para que me ayudara a componer y crear con los códigos de la música cubana. También me acerqué a Cucurucho Valdés, Adrián Estévez y El Wiwi. De la coincidencia con Gastón empezamos a trabajar juntos en varios conciertos y de ahí surgió un tema juntos. Cuando grabamos, a él se le ocurrió que debíamos hacer un disco.
Este viaje a Cuba es la presentación oficial, un momento especial. El disco se llama Manantial.
¿Qué hay dentro de ese manantial musical?
Manantial representa lo que hoy me nutre: algo nuevo que me alimenta y me permite desarrollarme de otras maneras y tomar otros caminos. También tiene que ver con la matriz, con el origen. Es un homenaje a mi madre, que falleció recientemente y está muy presente en mí. Para mí, el agua es lo primero que nutre y, aunque a veces parezca en calma, también puede tener momentos de mucha fuerza.
En cuanto a la sonoridad, es un disco atravesado por ritmos afrocubanos, caribeños y por el jazz. Las letras son de mi autoría; me encanta escribir, y este trabajo es también un homenaje a mi madre y a mi abuela, a esas mujeres de las que vengo. Es un disco de empoderamiento, donde lo afro y lo femenino están muy presentes, junto con toda la fuerza que nace de ahí.
Las canciones surgen de momentos frágiles. El dolor no me inspira directamente, pero puede ser el punto de partida de algo nuevo: hay transformación en ese proceso, como en el agua que todo se lleva y todo lo limpia.
¿Cuán importante es para un artista poder canalizar sus preocupaciones y sentimientos a través de la creación, en medio de contextos sociales que, a veces, son adversos?
Es muy importante para mí. Creo que la libertad de expresión es esencial, y la política también lo es. No me asusta hablar de política aquí ni en ningún lugar, porque —parafraseando a Bertolt Brecht— el peor analfabeto es el analfabeto político: aquel que no se da cuenta de que lo que come, lo que viste y hacia dónde puede ir depende de la política.
Eso está presente en mis discos, porque el feminismo forma parte de esa mirada. También hago una denuncia de la situación política en Cuba con Lamento cubano, incluida en el disco: una canción protesta de 1935, un clásico.
Da pena ver cómo está el mundo, cómo en Europa surgen grupos políticos que quieren limitar derechos y cómo la sociedad no siempre reacciona. Frente a eso, lo que nos queda es expresarnos.

¿Cantarás Lamento cubano en La Habana?
Por supuesto.
El momento que vive Cuba es muy delicado. ¿Cuál ha sido tu impresión de estos días?
Vivo en Suiza. También emigré para mejorar la vida que tenía en España. Suiza me recibió de manera distinta; es otra cultura. España es un país donde hay mucho racismo.
Estar en Cuba era algo que quería hacer desde hace tiempo, aunque mucha gente me decía que no viniera. Pero hay un pueblo aquí, y es importante ver lo que están viviendo. No es lo mismo que te lo cuenten a vivirlo. Te das cuenta de cuánto limita tener que existir así cada día, y pienso que no es justa la opresión de ningún pueblo. Hay que estar con la gente, y el camino no puede ser el conformismo.
Después de recorrer las calles habaneras, llegas a este microcosmos que es el estudio. ¿Cómo es para ti conectar con estos músicos cubanos durante los ensayos?
Es un reto, porque estoy rodeada de virtuosos. Músicos como Jorge Reyes, que lleva décadas dedicándose a la música y ha tocado para miles de personas. Si estoy aquí es por un propósito, y lo asumo como un regalo para dar lo que sé hacer. Estar aquí es un aprendizaje enorme.
Me encantaría quedarme más tiempo después del festival y volver en próximos viajes para formarme en otros aspectos de la música cubana y escuchar a otros grandes músicos en directo. Estoy muy feliz de estar aquí, aunque también carguemos con una parte de dolor y de aceptación de la realidad. Agradezco que se mantenga este festival, que da vida y oportunidades a artistas internacionales como yo. Vivir esta experiencia, seas famoso o no, es importante.
¿Cómo es ser artista independiente en un mercado musical que funciona como una selva?
Es muy difícil. Hoy parece que la productividad lo es todo, y tener que hacerlo todo a la vez a veces impide disfrutar plenamente de lo que estás viviendo. Pero una busca cumplir sueños y desarrollar proyectos, y lo hago con gusto.
Encontré en el arte la posibilidad de ser muchas personas distintas, todas capaces. Cuando me preguntan si soy música, respondo: “Soy lo que elijo ser en cada momento”. Esa sensación de poder elegir quién eres te hace crecer como persona. Eso libera.
¿Cómo te ves en el futuro?
Siempre digo que el futuro no existe, pero confieso que uno de mis sueños es tocar para mucha gente: con cinco mil me conformaría (sonríe).
Ahora sé que este disco tendrá éxito, y para mí ese éxito está en el proceso: en lo que estoy haciendo, en lo que estoy viviendo. Poder mirar atrás y decir que compartí con estos músicos, que viajé a tantos países, y que mi música pudo conectar con alguien, para mí ya es un logro enorme. No voy a parar.











