Nadie podrá decir que el reguetón no emociona y que bailarlo con "Debí Tirar Más Fotos" es, sobre todo en los tiempos actuales, un acto de profunda resistencia.
A partir de ahora nadie podrá decir que el reguetón no emociona. Quien pretenda vilipendiarlo tendría primero que ver a Benito Antonio Martínez Ocasio, el Bad Bunny del mundo, en el medio tiempo de la Super Bowl este domingo, reivindicando a América Latina a base de reguetón, dembow y pura salsa. Benito salió “en el verde monte adentro”, rodeado de palmeras, cañas y platanales.
Foto: EFE/ Chris Torres
En el corazón de California, mientras se ataca al que no hable inglés y huela a mestizaje y no “pureza”, y venga de otras tierras, Bad Bunny cantó y contó en español y con acento boricua. Fue un show en toda regla: el tipo nos malacostumbró, sobre todo con Debí Tirar Más Fotos, a contar historias no solo desde la música, sino también desde la visualidad.
Su último álbum fue un antes y un después que unió, en medio de tanta polarización, a los latinos dispersos por todo el mundo. Y nos unió alrededor de algo que es sagrado para muchos, vivamos donde vivamos y profesemos la creencia que profesemos: el amor por la tierra y la familia de uno. Bad Bunny, “benito” seas, lo ha sabido contar —permiso— como nadie. Ha internacionalizado a Puerto Rico, que ha sido internacionalizar a América Latina, la música del barrio, el mestizaje del Caribe, los derechos de los pobres, de los siempre marginados y de los que se ven forzados a dejar el sitio donde fueron felices.
Por eso la Super Bowl de este 2026 no fue solo fútbol americano, fue también boxeo, dominó en una calle del barrio, granizado (que se lo sirvió un cubano, por cierto), tacos, café recién colado y ron, por supuesto. Por primera vez en la historia, la Super Bowl vio a un comprador de oro y plata en su terreno, sombreritos de guano y a un mulato pelando en una barbería. Pero lo más latino, y en esto coincidiremos muchos, fue el niño dormido en las tres sillas, con la inocencia de la infancia y esos tiempos que tanto añora el que se fue. Bad Bunny cantó y contó, repito, la historia de un continente en trece minutos.
También por eso Trump chilló, como era de esperar. Pero ni caso. Nadie se asombre si, tras bambalinas, el naranja haya tirado sus pasos prohibidos —al nivel del perreo, imposible— en la Casa Blanca, aunque le falte sazón, batería y reguetón. No se resistió a verlo.
Lo que digo: nadie podrá decir que el reguetón no emociona y que bailarlo con Debí Tirar Más Fotos es, sobre todo en los tiempos actuales, un acto de profunda resistencia. “Baila sin miedo, ama sin miedo”.
Definitivamente, y lo dice alguien que no es el más fanático, Benito es otra cosa. América Latina es otra cosa. Hay gente que no sabe lo que es estar con abuelo todo el día jugando dominó en la casita. La misma gente que no sabe que lo único más fuerte que el odio es el amor. Al final todo radica en amar lo más que se pueda, mientras uno está vivo. A eso deberíamos aspirar todos. A eso y a que ojalá los nuestros no tuvieran que mudarse nunca más.
No es hipérbole: el tipo está siendo no solo la voz, sino la más amorosa y pura declaración y reivindicación de un continente. Contra el racismo, la xenofobia, los abusos, los apagones y todo tipo de poder supremacista, el show de Benito fue identidad pura y defensa de las raíces. Está cantando por Puerto Rico, pero también por Cuba y toda América Latina. Y eso es suficiente para saber que está haciendo historia.
Ya lo dijo el San Benito de la Super Bowl. “Seguimo’ aquí. No suelte’ la bandera, asere”. Qué lindo cuando vi la mía.
Periodista cubano. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana en 2020. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Máster en Comunicación y Cultura (2023) y en Escritura Creativa (2025), ambos por la Universidad de Sevilla. Autor del libro de entrevistas La guerra no espera (Ocean Sur, 2023).
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