La administración del presidente Donald Trump fijó condiciones drásticas al Gobierno chavista de Venezuela al exigirle romper relaciones con Cuba, Rusia, China e Irán, a cambio de permitir la reactivación de su limitada producción petrolera, que ronda el millón de barriles diarios.
La decisión coloca a La Habana en el centro de la ofensiva estadounidense, pero también busca aislar a otros aliados estratégicos de Caracas y reforzar el control de Washington sobre el sector energético, espina dorsal de la economía venezolana, cuyo PIB depende en cerca de 90 % de la renta petrolera.
Ello ocurre luego de que, durante una alocución el martes, la presidenta encargada Delcy Rodríguez afirmara que el Gobierno que ahora lidera en calidad de presidenta encargada —tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses— dirige plenamente el país.
“Ningún agente externo gobierna a Venezuela” dijo la mandataria Rodríguez en la instalación del Estado Mayor Agroalimentario e Industrial y Comunal.
Igualmente afirmó que es “su gobierno constitucional y el poder popular” quienes conducen el destino de la nación sudamericana, lo cual deberá probarlo ahora ante este dilema impuesto por la Casa Blanca.
Este miércoles, en otra declaración, la mandataria aseveró que su país vive “un nuevo momento político” luego del ataque de EE.UU., lo que describió como “una mancha” en la relación bilateral, pero aseguró que Venezuela “no está en guerra”, reseña CNN.
Además, llamó a la oposición venezolana a “sanar lo que han sido las consecuencias del extremismo y del fascismo en Venezuela”.
Ruptura con Cuba, Rusia, China e Irán
Según fuentes citadas por la cadena ABC News, la Casa Blanca comunicó a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, que Caracas debe cortar vínculos políticos y económicos con esos aliados como requisito indispensable para retomar la extracción y comercialización de crudo.
La exigencia supone un golpe directo a la cooperación energética, médica y en otros sectores con Cuba, así como a las alianzas estratégicas con Moscú, Pekín y Teherán, que han sido pilares de apoyo económico y militar para el Gobierno chavista.
Para Cuba, la interrupción del suministro venezolano tendría consecuencias inmediatas en su sistema eléctrico y económico, ahora mismo en bancarrota. Para Rusia, China e Irán, la medida representa un intento de Washington de desplazar su influencia en América Latina y consolidar un monopolio energético.
Según diversas fuentes, en los últimos meses Cuba estaría recibiendo entre 35 000 y 40 000 barriles diarios de crudo. Otras hablan de que Venezuela envió más de 9 millones de barriles de petróleo a la isla de enero a noviembre de 2025, que serían casi 27 000 barriles diarios.
Hasta el momento, no se tienen reacciones oficiales de La Habana ante la nueva demanda de Washington a Caracas, donde este miércoles volvieron a registrarse manifestaciones chavistas contra la captura de Maduro y la intervención estadounidense en Venezuela.
Exclusividad para empresas estadounidenses
Washington también exige que Venezuela se asocie de forma exclusiva con compañías estadounidenses en la producción de petróleo. Estados Unidos reclama prioridad en la compra del crudo pesado y un papel dominante en la gestión de la infraestructura energética, lo que deja fuera a socios tradicionales de Caracas.
El secretario de Estado, Marco Rubio, explicó en reuniones privadas que Venezuela atraviesa una situación crítica: sus petroleros están completamente llenos y el país dispone de pocas semanas antes de caer en insolvencia si no logra vender sus reservas.
“Estados Unidos puede forzar la mano de Venezuela porque sus petroleros actuales están llenos”, amenazó.
Por su parte, el senador Roger Wicker confirmó que el plan depende del control directo de los barcos y del petróleo. “El gobierno pretende hacerse cargo de los petroleros, y ninguno va a ir a La Habana”, declaró el político republicano y añadió que Venezuela no cuenta con buques disponibles para transportar más crudo, lo que refuerza la capacidad de presión de Washington.
El presidente Donald Trump aseguró que entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano serían entregados a Estados Unidos para su venta en el mercado internacional. Según el mandatario, esos fondos serían controlados directamente por su administración para destinarlos “al pueblo venezolano y al estadounidense”.
En su red propia Truth Social, el mandatario anunció que había sido informado de que “Venezuela va a comprar ÚNICAMENTE productos fabricados en Estados Unidos con el dinero que reciba de nuestro nuevo acuerdo petrolero”.
“Estas compras incluirán, entre otras cosas, productos agrícolas estadounidenses y medicamentos, dispositivos médicos y equipos fabricados en Estados Unidos para mejorar la red eléctrica y las instalaciones energéticas de Venezuela”, aseguró el republicano.
Entretanto, la petrolera estatal de Venezuela, PDVSA, anunció este miércoles que cursa actualmente una negociación con Estados Unidos para la venta de volúmenes de petróleo, en el marco de las relaciones comerciales que existen entre ambos países.
De acuerdo con un comunicado emitido por la empresa venezolana, el proceso se desarrolla “bajo esquemas similares a los vigentes con Chevron y se basa en una transacción “estrictamente comercial, con criterios de legalidad, transparencia y beneficio para ambas partes”.
Funeral de soldados en Caracas
Las consecuencias de la ofensiva militar de Washington el sábado se sintieron en Caracas, donde el ejército venezolano celebró funerales para al menos 24 soldados muertos durante el ataque estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro, ahora preso en una cárcel de máxima seguridad y rigor en Nueva York.
El fiscal general Tarek William Saab calificó las muertes como un “crimen de guerra” y prometió investigar los hechos, en los que también perdieron la vida 32 militares cubanos y una cifra de civiles venezolanos aún no precisada oficialmente.
Hombres cargaron ataúdes de madera cubiertos con la bandera venezolana frente a filas de oficiales uniformados.
Durante el homenaje se escucharon cantos desde una iglesia en Caracas y la música de una orquesta militar en el cementerio, mientras multitudes de familiares y soldados marcharon detrás de una fila de ataúdes, según despachos de agencias internacionales.
La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) de Venezuela rinde homenaje en un funeral a 24 soldados que murieron en los ataques de Estados Unidos en el país suramericano el pasado sábado.https://t.co/cpr39Uhdqt
— EFE Noticias (@EFEnoticias) January 6, 2026
Reacciones desde Pekín, Moscú y Teherán
En reacción a las exigencias de la Administración Trump a Caracas, China denunció lo que calificó como “acoso” y “uso descarado de la fuerza” por parte de Estados Unidos. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Mao Ning, acusó a Washington de intimidación y de imponer un esquema de “Estados Unidos Primero” sobre recursos que pertenecen a Venezuela.
Por su parte, Rusia también condenó la incautación de buques y advirtió sobre el riesgo de una escalada militar. Irán, por su parte, calificó la ofensiva como un intento de “colonización energética” en América Latina.
En Maracaibo, cuna de la industria petrolera venezolana, la incertidumbre domina. Los tanques de almacenamiento están llenos y las empresas mixtas han recibido órdenes de reducir la producción a la espera de barcos que puedan transportar el crudo.
“Tenemos los tanques full de petróleo y eso es peligroso”, señaló un operador. La producción actual ronda un millón de barriles diarios, muy por debajo de los más de tres millones que Venezuela aspiraba recuperar.
Expertos estiman que serían necesarios alrededor de 150 mil millones de dólares en inversiones para regresar a niveles de alta producción. La debacle, coinciden analistas, responde tanto a las sanciones de Washington como a años de desinversión y corrupción.












