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A primera hora de la mañana, los dos candidatos a la presidencia de Brasil, el líder del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva, y su adversario ultraderechista Flavio Bolsonaro (PL), dieron su voto en las urnas en São Bernardo do Campo (São Paulo) y Río de Janeiro, respectivamente.
Es la última contienda electoral del petista, quien está a punto de cumplir los 81 años y ha sido tres veces presidente de la república.
Durante la primera vuelta, Lula perdió ante su adversario por más de dos millones de votos. En ese momento, como ninguno de los dos candidatos obtuvo más del 50 % del balotaje, el Tribunal Superior Electoral de Brasil convocó a una segunda vuelta que se desarrolla este 25 de octubre.
Manifestaciones populares la víspera
Cientos de miles de brasileños salieron el sábado a las calles para expresar su apoyo al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en la víspera de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. En São Paulo, una multitud vestida de rojo acompañó al mandatario en el cierre de su campaña en la avenida Paulista, entre consignas, música y muestras de entusiasmo. Según recogió EFE, en un ambiente marcado por la preocupación ante el avance de la extrema derecha, los manifestantes reivindicaron la defensa de la democracia, los derechos sociales y la lucha contra la desigualdad.
Las movilizaciones también tuvieron como escenario a Río de Janeiro, donde Lula participó en un acto en la playa de Copacabana antes de trasladarse a São Paulo. Las concentraciones buscaron reforzar la candidatura del presidente, que aspira a una remontada frente al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, tras quedar en segundo lugar en la primera vuelta. Los últimos sondeos apuntaban a un empate técnico entre ambos, con una ligera ventaja para Bolsonaro dentro del margen de error. Para los simpatizantes de Lula, la elección representa una decisión sobre el futuro de la democracia brasileña y el rumbo político del país, según reportaron fuentes como Swissinfo y Brasil de Fato.
En el exterior, miles de brasileños tomaron las calles de ciudades como Barcelona, provincia española donde la diáspora de ese país sobrepasa los 16 mil. En un acto en el que se reunieron artistas y ciudadanos, los brasileños ofrecieron su apoyo masivo a Lula. Durante la primera vuelta de las elecciones, celebrada el pasado 4 de octubre, Lula ganó los centros electorales en 26 países, como es el caso de España, Francia, Alemania, Países Bajos, China, Singapur y Dinamarca. Por su parte, Bolsonaro lideró en otros como Japón, Portugal y Estados Unidos.

Propuestas de gobierno distintas
Las propuestas económicas de Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro reflejan dos visiones distintas sobre el papel del Estado y las prioridades sociales de Brasil. El presidente apuesta por la valorización del salario mínimo, el fortalecimiento de los sindicatos, la regulación del trabajo en plataformas digitales y la ampliación de programas sociales como Bolsa Família y Minha Casa, Minha Vida (Mi Casa, Mi Vida). En salud, propone reforzar el Sistema Único de Salud (SUS), un programa de acceso público y gratuito, ampliar la atención especializada y recuperar las campañas de vacunación infantil. En educación, defiende la expansión de la enseñanza a tiempo completo, los Institutos Federales y las universidades públicas, además de mantener el programa Pé-de-Meia para combatir el abandono escolar. Su agenda económica también contempla el impulso a la industria mediante financiación pública, la transición ecológica y la meta de alcanzar el desmatamiento neto cero en 2030, según detalló el medio Gazeta do Povo en su análisis comparativo de los programas de gobierno de los candidatos.

Flávio Bolsonaro, por su parte, plantea una agenda centrada en el libre mercado, la reducción de los costes laborales, la contención del gasto público y la flexibilización de los contratos de trabajo. En materia social, propone mantener las transferencias de ingresos vinculándolas a programas de capacitación profesional, mientras que en educación defiende el método fónico de alfabetización, la ampliación de las escuelas cívico-militares y la creación de vouchers para acceder a centros privados cuando falten plazas públicas. En seguridad, aboga por endurecer las penas, reducir la edad de responsabilidad penal a los 16 años y reforzar la vigilancia fronteriza.
Su programa también prioriza la regularización de tierras, la simplificación de los permisos ambientales y la atracción de inversiones tecnológicas, especialmente en inteligencia artificial y centros de datos. En política exterior, propone una diplomacia orientada al comercio, una mayor apertura económica y el acercamiento a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

¿Qué está en juego?
En Brasil, buena parte del electorado que vio realizarse la victoria de Bolsonaro durante la primera vuelta ha manifestado su preocupación ante la amenaza que un nuevo mandato de la familia Bolsonaro en la presidencia puede suponer para el país.
Jair Bolsonaro, padre de Flavio Bolsonaro y expresidente de la república de 2019 a 2022, fue condenado en septiembre de 2025 por la Primera Sala del Supremo Tribunal Federal (STF) a 27 años y tres meses de prisión por su participación en una trama para impedir la toma de posesión de Luiz Inácio Lula da Silva tras las elecciones de 2022 y mantenerse en el poder. La sentencia lo declaró culpable de cinco delitos: participación en una organización criminal armada, intento de abolición violenta del Estado democrático de derecho, golpe de Estado, daños agravados por violencia o amenaza grave y deterioro de bienes protegidos por su valor histórico. Entre las pruebas examinadas figuró el plan denominado “Punhal Verde Amarelo” (“Puñal Verde Amarillo”), que contemplaba asesinar a Lula, al entonces vicepresidente electo Geraldo Alckmin y al juez del STF Alexandre de Moraes. Según la investigación de la Policía Federal, Bolsonaro tenía conocimiento del plan y de las maniobras destinadas a impedir la transición presidencial. La condena fue aprobada por cuatro votos contra uno; Bolsonaro negó las acusaciones y su defensa cuestionó la decisión.
Flávio Bolsonaro ha prometido que, si gana las elecciones presidenciales de Brasil, impulsará una amnistía para su padre y para los condenados por el intento de golpe de Estado de enero de 2023. En una entrevista con la cadena TV Globo el 28 de agosto, el candidato del Partido Liberal (PL) calificó el juicio contra su padre como una “gran farsa” y anunció que buscaría aprobar la medida durante el período de transición, antes de asumir la Presidencia. Si no consigue el respaldo del Congreso, afirmó que recurriría al indulto presidencial, una prerrogativa del jefe del Ejecutivo. Flávio también ha defendido que su padre lo acompañe en la toma de posesión en enero de 2027.
Sin embargo, ambas vías jurídicas son distintas: la amnistía requiere la aprobación del Congreso, donde los partidos de derecha y centroderecha cuentan con una amplia representación y el Partido Liberal (PL), de la familia Bolsonaro, es la principal fuerza en ambas cámaras. Tras las elecciones legislativas de octubre, los partidos que respaldan la candidatura de Flávio Bolsonaro reúnen 286 de los 513 escaños de la Cámara de Diputados y 50 de los 81 senadores, aunque esos apoyos no garantizan un voto unificado.
Ante una nueva victoria bolsonarista, además de que el control de los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) podría alinearse bajo una fuerte influencia conservadora debido a las vacantes pendientes en el Supremo Tribunal Federal, otras conquistas alcanzadas por la reciente administración de Lula podrían verse comprometidas. Es el caso de las políticas de protección ambiental en la Amazonia mediante la reactivación del Fondo Amazonia y el combate a la deforestación ilegal; los programas de inclusión social y combate al hambre, como la reestructuración de Bolsa Família; los planes de transición energética y sostenibilidad climática; y las agendas de derechos de las minorías, equidad de género y demarcación de tierras indígenas.

La última contienda de un líder sindical
Luiz Inácio Lula da Silva comenzó su trayectoria política como líder del Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo (São Paulo) en los años 70, durante la dictadura militar brasileña. Durante esa época alcanzó notoriedad nacional tras las huelgas que movilizaron a miles de trabajadores del sector metalúrgico en Brasil.
En 1980 fundó el Partido de los Trabajadores (PT) y compitió por la presidencia durante tres campañas consecutivas hasta que logró ganar las elecciones por primera vez en 2002.
Tras asumir la presidencia en 2003, implementó masivos programas sociales como Bolsa Família, logrando sacar de la pobreza a millones de brasileños y dejando el cargo en 2010 con niveles históricos de popularidad. Sin embargo, años más tarde su carrera se vio sacudida por el escándalo de corrupción del caso Lava Jato, que lo llevó a pasar 580 días en prisión y a quedar inhabilitado políticamente, a pesar de que hasta hoy no se encontraron pruebas de las acusaciones. Su panorama cambió radicalmente en 2021, cuando el Supremo Tribunal Federal anuló sus condenas por fallos procesales, abriendo el camino para su resurgimiento político en 2022, año en el que derrotó a Jair Bolsonaro en las urnas para asumir su tercer mandato presidencial, durante el cual logró conquistas importantes como sacar a Brasil del “Mapa del hambre” en julio de 2025. La vez anterior en que esto ocurrió fue durante el mandato de Dilma Rousseff (PT) en 2014.

Por su parte, Bolsonaro se ha consolidado como el principal heredero del movimiento conservador liderado por su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. Nacido en 1981 en Resende, Río de Janeiro, inició su carrera electoral a los 21 años al convertirse en el diputado estatal más joven de la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, escaño que ocupó durante cuatro mandatos consecutivos entre 2003 y 2019. Posteriormente, dio el salto a la política nacional al ser elegido senador de la República por el estado de Río de Janeiro en 2018, obteniendo más de cuatro millones de votos en una campaña que coincidió con el ascenso de su familia al poder federal.











