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La televisión estatal iraní confirmó finalmente el fallecimiento del ayatolá Alí Jamenei, líder supremo durante 35 años, en los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel iniciados la madrugada del sábado.
La confirmación llegó en tono solemne desde la emisora estatal IRIB pocas horas después de que funcionarios israelíes y estadounidenses anunciaran la muerte del líder supremo. “El Líder Supremo de Irán ha alcanzado el martirio”, dijo la televisión estatal, que decretó cuarenta días de luto nacional.



Junto a Jamenei murieron varios de sus familiares —su hija, su yerno, su nieto— y figuras clave de su círculo más cercano, entre ellos el almirante Alí Shamkhani, asesor principal del líder, y el general Mohammad Pakpour, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC).
Los ataques, denominados “Operación Furia Épica” por el Pentágono y “Operación Rugido del León” por Israel, afectaron a 24 provincias iraníes y alcanzaron el palacio presidencial y sedes de seguridad en Teherán, Tabriz e Isfahán.
Más de 200 personas murieron, según la Media Luna Roja iraní, entre ellas al menos 85 estudiantes en una escuela primaria de niñas en la ciudad sureña de Minab, en un golpe que ya genera cuestionamientos internacionales.
Mientras el gobierno iraní declaraba el luto, en las calles de Irán —según imágenes filtradas pese al apagón de Internet— algunas personas celebraban.


La apuesta de Trump por las fuerzas de seguridad
Antes de que la televisión estatal confirmara la muerte de Jamenei, Trump publicó en Truth Social un mensaje dirigido explícitamente a la IRGC, la policía y las fuerzas militares: “Estamos escuchando que muchos de sus miembros ya no quieren pelear y buscan inmunidad de nuestra parte”.
La oferta, ampliada horas después en un nuevo mensaje, invitaba a esas fuerzas a “fusionarse pacíficamente con los Patriotas iraníes”.
La lógica detrás de ese mensaje es la que Washington ha venido construyendo en semanas recientes: los regímenes autoritarios no caen en las plazas, caen cuando quienes tienen las armas deciden dejar de usarlas. Si la IRGC —un cuerpo de entre 150 mil y 190 mil efectivos con ramificaciones en la economía, la política y el sistema judicial iraní— se fractura, el régimen pierde su columna vertebral.


Un vacío sin heredero
Jamenei gobernó 35 años sin designar sucesor oficial. La Constitución iraní establece que la Asamblea de Expertos, un cuerpo de 88 clérigos de alto rango, debe elegir al próximo líder supremo, una tarea que ese órgano solo ha realizado una vez, en 1989, cuando el propio Jamenei fue elegido apresuradamente tras la muerte del ayatolá Jomeini.
Israel afirma haber decapitado también siete escalones de la cadena de mando militar, lo que complica aún más cualquier proceso ordenado.
Alí Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, emergió este domingo como la voz más audible del régimen. Prometió represalias y anunció el establecimiento de una estructura de liderazgo temporal encabezada por el presidente Masoud Pezeshkian y el jefe del Poder Judicial.
Pezeshkian declaró a Jamenei mártir y juró venganza.
Reza Pahlavi, heredero de la dinastía derrocada en 1979, instó desde el exterior a las fuerzas de seguridad a “unirse a la nación y garantizar una transición estable y segura”.
Trump, por su parte, dijo saber quién está gobernando Irán en este momento, pero se negó a ser específico. “Hay buenos candidatos”, respondió al ser preguntado sobre quién quisiera ver al frente del país.

Reacción en Cuba
En La Habana, el canciller Bruno Rodríguez condenó los ataques desde el Vaticano, donde este sábado se reunió con el papa León XIV como “enviado especial” del presidente Díaz-Canel.
“Estas irresponsables acciones quebrantan la paz y la seguridad internacionales, y constituyen una clara transgresión del Derecho Internacional y la Carta de la ONU”, escribió Rodríguez en X. No es la primera vez que La Habana condena una escalada en esta dirección: ya en octubre de 2024, cuando Israel atacó posiciones militares iraníes, Rodríguez advirtió de consecuencias “irreversibles” para la región.


¿Qué viene ahora?
Lo que viene en Irán depende de al menos tres incógnitas que se resolverán en paralelo: si las fuerzas de seguridad se fracturan o se mantienen cohesionadas; si la Asamblea de Expertos logra nombrar un sucesor en tiempo razonable; y si los bombardeos continúan o ceden espacio a una negociación.
Trump fue explícito: los ataques continuarán “sin interrupción durante la semana, o mientras sea necesario”.
El Consejo de Seguridad de la ONU sesionó de urgencia. El secretario general António Guterres advirtió que la acción militar “conlleva el riesgo de encender una cadena de eventos que nadie puede controlar en la región más volátil del mundo”.
Rusia y China condenaron los ataques. Tres estados árabes del Golfo —Arabia Saudita, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos— condenaron a Irán por los misiles que impactaron en su territorio, sin una sola crítica a la operación estadounidense-israelí, una señal de cómo ha cambiado el mapa de alianzas en la región.
Irán ya demostró en la “Guerra de los 12 Días” de junio de 2025 una capacidad de absorber golpes y mantenerse en pie. Esa resiliencia ahora enfrenta su prueba más extrema: sin el líder que la encarnó durante casi cuatro décadas, con la cadena de mando militar diezmada y con Washington ofreciendo inmunidad a quienes decidan no seguir combatiendo.









