|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
El año 2026 será de contracción y supervivencia para los emprendimientos en Cuba. Ya lo sospechábamos, pero la súbita crisis de combustible ha despejado toda duda.
Partamos del principio de que ningún emprendedor cerrará su negocio sin enfrentar el contexto. A pesar de las dificultades, las personas tienden a pensar que su suerte será mejor que la del resto. La mayoría de las empresas intentará evitar el fracaso: algunas sobrevivirán un año más; otras, lamentablemente, cerrarán. Solo a muy pocas, como en toda crisis, les irá mejor que antes.
¿Se puede sortear este oscuro camino? ¿Qué estrategias pueden seguir los emprendedores y qué apoyos adoptar desde la política pública?
Quién se afecta más y cómo
Sobra mencionar la importancia de los combustibles fósiles como recurso transversal para una economía del siglo XXI. Empezando por su uso en la generación eléctrica, desde iluminar instalaciones, hacer funcionar máquinas y mantener la refrigeración de productos perecederos. La crisis energética por la interrupción del suministro desde Venezuela y el bloqueo petrolero de Estados Unidos ponen a la economía cubana en el peor escenario posible tras el secuestro de Nicolás Maduro el 3 de enero.
A priori, todos los emprendimientos se perjudican. Sin electricidad, la operación se paraliza, retrasando la producción y provocando pérdida de rentabilidad. La escasez y altos costos de transporte y distribución afectan la previsibilidad de materias primas y ventas. El aumento del costo de vida reduce el poder adquisitivo de los consumidores, contrayendo el mercado. Esto puede llevar al despido de trabajadores, quienes por otro lado disminuyen su rendimiento ante las dificultades de la vida cotidiana. Los emprendimientos pueden incursionar en operaciones informales antes de, finalmente, cerrar.
Aunque hay conmociones comunes, la afectación es asimétrica según la dependencia energética de cada modelo de negocio:
- Afectación crítica: emprendimientos donde el combustible es un insumo básico. Los negocios de transporte, desde el botero hasta la mipyme de distribución interprovincial de mercancías, verán seriamente afectada su operación diaria. La suspensión de la venta liberada de combustible corta el acceso formal al recurso. La respuesta del mercado negro ha sido la aparición de gasolina y otros portadores energéticos a precios exorbitantes. Otros emprendimientos que dependen del diésel para maquinaria y equipos se verán ante un desafío mayúsculo.
- Afectación grave: negocios electrodependientes. Son aquellos que técnicamente podrían operar, pero cuya propuesta de valor o inventario depende totalmente del suministro ininterrumpido de energía eléctrica. Hablo de restaurantes, cafeterías, carpinterías, talleres de reparación, barberías y peluquerías, etc. Los cortes eléctricos deterioran materia prima perecedera (como alimentos), recortan las horas laborales y comprimen la capacidad productiva.
- Afectación menos grave: la falsa inmunidad. Oficios artesanales, limpieza manual, manufactura ligera no mecanizada y algunos servicios profesionales como consultores individuales o tenedores de libros parecen quedar mejor parados en la crisis. Pero como nadie vive en una burbuja, los clientes y proveedores de estos negocios son los afectados en los dos puntos anteriores, por lo que sufren los efectos indirectos: menor demanda, dificultades logísticas para obtener insumos o entregar productos.
- Ganadores relativos: Toda crisis de oferta crea una demanda de sustitución. El mercado abre oportunidades para negocios que proveen soluciones directas a la crisis. Por ejemplo: importadores y comercializadores de paneles solares y tecnologías de energía renovable, vendedores de plantas eléctricas y artículos recargables, ensambladores o vendedores de bicicletas como medio de transporte alternativo. Asimismo, cualquier negocio con capacidad de generar la electricidad que consume (con paneles solares, biogás o plantas eléctricas) tiene una ventaja competitiva esencial.
Estrategias de supervivencia
Encarar la crisis desde el emprendimiento no es sencillo ni barato, sobre todo cuando las expectativas no apuntan a una recuperación de la economía a corto plazo. Tanto el discurso oficial como la percepción popular coinciden en el agravamiento inmediato de la crisis.
Pero nadie entrega sus armas sin luchar. Aplicando estrategias más o menos estructuradas, métodos innovadores o repetitivos y con propósito o improvisación, la mayoría de los emprendedores intentará proteger el negocio que sostiene a su familia y a sus trabajadores.
La adaptabilidad se convierte en una habilidad estratégica. Si no lo están haciendo ya, los emprendimientos deberán evaluar ágilmente una estrategia que contemple variables críticas como: nivel de afectación del mercado, grado de dependencia energética, efectos previsibles en los procesos internos a corto plazo, y capital disponible para invertir en las soluciones necesarias. Así, en cada estrategia coinciden elementos básicos pero la profundidad o pertinencia de su aplicación requiere un análisis específico.
Las estrategias de sobrevivencia pueden incluir una o varias líneas de trabajo, ninguna de las cuales tiene costo cero:
- Transición energética forzosa. Independizarse del sistema electroenergético nacional es un “blindaje”. El objetivo de instalar tecnologías renovables deja de ser ahorrar electricidad, sino garantizar la continuidad operativa. Sin embargo, no es una opción accesible para la mayoría, ya que a corto plazo significa una inversión significativa de capital. En vez de eso, evaluar una estrategia de largo plazo, comenzando con una inversión pequeña para procesos básicos es una buena apuesta.
- Adaptación operativa. Las empresas pueden reducir la jornada laboral y desplazarla a horarios con electricidad, aprovechando turnos nocturnos o fines de semana. Esto, por supuesto, depende de la predictibilidad del suministro energético. Por su parte, los servicios gastronómicos tienen la posibilidad de modificar la oferta de alimentos hacia opciones menos intensivas en frío (por ejemplo, adquirir conservas) o reducir la variedad del menú (de 25 a 10 platos) para mitigar la necesidad de almacenamiento de más productos perecederos. Las barberías y peluquerías pueden cambiar a máquinas inalámbricas y recargables. Como parte de la adaptación, es probable que algunos negocios tengan que reducir plantillas y despedir a trabajadores (contemplando en todos los casos las protecciones laborales previstas en el Código de Trabajo). En compensación, y para reducir costos, los familiares pueden asumir las tareas.
- Colaboración con otros emprendimientos. Unirse es una estrategia válida ante el aumento de los costos de transporte. Varios negocios pueden aliarse para alquilar o contratar el traslado interprovincial de sus mercancías, lo que abarata el flete. Negocios con locales cercanos en la misma comunidad pueden rentar o comprar equipos de energía renovable para generar y compartir electricidad. Aquellos con más solvencia pueden subcontratar a otros para diversificar capacidades en una relación ganar-ganar.
- Reconfiguración del modelo de negocio. Es deseable, en la medida de lo posible, el traslado a productos y servicios que dependan menos del fluido eléctrico. Por ejemplo, un bodegón puede incrementar la venta de comida enlatada y disminuir la oferta de alimentos frescos. Otra estrategia es priorizar la venta por encargo y la precompra (pedidos cerrados y pagos por adelantado) para reducir inventarios perecederos y capital inmovilizado. En los servicios, la atención remota o el aprovechamiento de espacios públicos o de fácil acceso con mejor disponibilidad eléctrica es aconsejable.
- Regreso a la tecnología “low cost”. No todos pueden seguir las estrategias más costosas u operativamente demandantes. Algunos, como restaurantes o panaderías, tendrán que usar hornos de leña o carbón. Aunque es una regresión tecnológica que comprime la productividad, salva al emprendimiento de la paralización. Claro, al adoptar esta estrategia habrá aumentos de precios de la leña y el carbón.
- Flexibilidad laboral. En la época del apagón, los trabajadores enfrentan sus propios malabares familiares: conseguir alimentos, criar a los hijos, pasar malas noches, etc. Luego les toca gestionar las peripecias laborales de los negocios donde están empleados. El salario nunca ha sido el único factor motivacional, y menos ahora. La flexibilidad en horarios y la adopción del trabajo remoto son fundamentales para gestionar la fuerza de trabajo. Un ambiente laboral armónico ayuda mucho a combatir las penurias diarias. En estos tiempos es tan importante encontrar buenos empleados como retenerlos.
- Aprovechamiento de incentivos fiscales vigentes. Las empresas de cualquier forma de propiedad que ejecutan proyectos de generación de electricidad con fuentes renovables pueden solicitar una exención del impuesto sobre utilidades de hasta ocho años. Esto puede incluir: montaje de una planta de biogás, fabricación de componentes o equipos para la generación con energía renovable, o soluciones empresariales que generen electricidad con esas fuentes. Por otro lado, la importación de tecnologías de energía renovable y sus componentes están exentos de aranceles. Estas bonificaciones se establecen en la Resolución 169/2025 del Ministerio de Finanzas y Precios (MFP). Aunque sean pocos los negocios que clasifiquen, estos son incentivos disponibles y a veces desconocidos.
Posibles iniciativas desde la política pública
Como dije al inicio, la efectividad de las estrategias de supervivencia depende de la audacia de los emprendedores en la gestión de sus negocios. Sin embargo, un factor externo puede allanar el camino: la política pública.
Además de priorizar la continuidad de las inversiones en parques solares, el Gobierno ya informó un conjunto de medidas enfocadas fundamentalmente en el ahorro de energía, pero dos de ellas son particularmente relevantes a los efectos de este artículo:
- Desmonopolizada la venta de energía eléctrica. Por primera vez, se autoriza a personas y entidades que generen electricidad (con fuentes renovables) a venderla directamente a terceros (empresas, industrias o personas). Hasta ahora, la comercialización debía ser solo a la Unión Eléctrica (UNE).
- Descentralizada la importación de combustibles fósiles. También por primera vez se permitiría que empresas extranjeras, mixtas e incluso privadas pudieran comprar combustible en el exterior para ingresarlo al país.
En noviembre, durante la última Feria Internacional de La Habana (FIHAV), el Ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera había adelantado esta medida para los negocios de inversión foránea en Cuba, como parte de un paquete de flexibilizaciones. Pero la semana pasada, refiriéndose a la importación, fue más allá al afirmar que el Gobierno cubano está “(…) facilitando y autorizando que cualquier empresa que tenga posibilidad de adquirir combustible lo compre”.
La medida es positiva, pero no se detalló en concreto, por lo que quedan muchas preguntas: ¿La autorización efectivamente abarca a las mipymes? ¿La importación es directa o a través de entidades estatales? ¿Hay límites a la cantidad o tipos de combustibles a importar? ¿Cómo y dónde se transporta, almacena y distribuye? ¿Solo se importará para consumo propio o se podrá vender al Estado o a terceros? ¿En qué moneda y a qué precio?
Es una medida positiva, pero me inclino a pensar que está orientada a negocios extranjeros y mixtos con operaciones en el país. No obstante, no debería excluirse a ningún agente económico con la voluntad y capacidad económica de importar combustibles fósiles. También seamos realistas: pocos negocios privados tienen el capital para importar combustible, que no se trae de barril en barril.
Es probable que se anuncien nuevas medidas en un futuro próximo, sobre todo si el desabastecimiento crónico se agudiza. Mientras tanto, desde la gestión gubernamental se pueden adoptar iniciativas para apoyar al sector privado durante la crisis energética:
Incentivos de mercado:
- Eliminar el tope al precio de venta de tecnologías de energía renovable. La mencionada Resolución 169 de Finanzas y Precios exime los aranceles a la importación de todas las tecnologías de energía renovable y sus componentes, pero topa el precio de venta al 25% de la utilidad sobre el costo. Liberalizar el precio podría incentivar a emprendimientos a importar más equipos de esta clase, aumentando su presencia en el mercado y la oportunidad de ser adquiridos por más clientes.
- Incrementar la tarifa de venta de electricidad entregada al SEN. La energía producida con fuentes renovables puede venderse a la UNE y, ahora, también a terceros. Sin embargo, la tarifa actual está topada entre 3 y 12 CUP por kilowatt hora (kWh) generado, según la Resolución 238/2023 del MFP. Este precio es de hace tres años y no incentiva la generación ni la comercialización del excedente energético por quienes lo producen.
- Venta de combustibles en consignación. Pueden establecerse modelos para la venta de combustibles en consignación, aprovechando la apertura a la importación. Esto es, un proveedor encarga la comercialización a una empresa mixta, extranjera, estatal o privada en Cuba, y solo cobra cuando se vende. Por supuesto, el retorno del proveedor se basa en que las ventas se hagan en divisas.
Simplificación administrativa y oxígeno fiscal:
- Reducir trámites burocráticos para emprendimientos de energías renovables. Cualquier emprendimiento con un mínimo aporte a la generación eléctrica con fuentes renovables, sea directa o indirectamente, debería ser priorizado en cualquier tipo de trámite administrativo. Desde modificación de objeto social para ejercer la actividad, la autorización de cambio de local o cualquier licencia o permiso necesario. Las limitaciones burocráticas son, a veces, las más fáciles de resolver.
- Facilitar reestructuraciones de deudas y moratorias parciales a emprendimientos con pérdidas por la crisis energética. Un negocio cerrado significa un bien o servicio perdido y, peor aún, una persona o familia que pierde su sustento. Si un emprendimiento demuestra ante la oficina local de la Administración Tributaria dificultades en el pago de tributos y obligaciones fiscales, la política de actuación puede priorizar la protección ante la reacción de multar o cerrar. El beneficio debe ser temporal.
Financiamiento y recursos:
- Priorizar empresas asociadas a producciones estratégicas. Mipymes y cuentapropistas han formado alianzas con el sector estatal en rubros estratégicos como la industria alimentaria. Por ejemplo, los más de 4000 contratos vigentes entre empresas particulares y del Estado permitieron elaborar 68 mil toneladas de pan, helado, cárnicos y otros alimentos en 2025. En la asignación de combustibles y divisas se puede privilegiar a exportadores y los que garantizan producciones esenciales para la industria en estas saludables alianzas del sector público-privado.
- Financiamiento verde. Usar financiamiento para promover energías renovables es una forma de dotar de recursos. Por ejemplo: 1) en la compra de divisas en el mercado cambiario, priorizar operaciones para adquirir energías renovables; 2) apoyar proyectos de desarrollo local y negocios privados con recursos de la contribución territorial para el desarrollo local, administrada por los gobiernos municipales, y 3) diseñar un producto de microcrédito, aunque sea en CUP ante la escasez de dólares, para la compra de materias primas, insumos o mejorar procesos operacionales.
Ninguna de estas soluciones es integral ni aborda el problema estructural del déficit de combustibles y la infraestructura energética de Cuba. No hay capital ni recursos para una solución total de corto plazo. Pero pueden implementarse de inmediato como paliativos que alivian el desempeño de un tejido empresarial acorralado.
Un año de subsistencia
El periodo 2021-2024 se caracterizó por la aparición y expansión de las mipymes, la multiplicación de negocios en nuevas actividades y mercados, un ascenso notable de la participación en el comercio exterior de hasta el 20 %, y la penetración en el comercio minorista. Todo esto ocurrió, recordemos, también en tiempo de crisis. En aquel momento confluyeron el fin de la pandemia, sus consecuencias, las insuficiencias de la política económica interna y la Administración Biden, que mantuvo intocables las 243 medidas de guerra económica de su predecesor.
Desde 2024 a la fecha, el sector privado ha experimentado trabas crecientes: una política oficial dubitativa respecto a su rol en el modelo económico, una ofensiva de control extremo que ahuyenta la inversión nacional y la alimentación de prejuicios hacia el sector. En la práctica, se ralentizó la aprobación de nuevas mipymes y continúa ausente una política de promoción y fomento. En el plano económico general, el PIB continuó en contracción y, en el plano externo, Estados Unidos ha arreciado su agresión.
En ese entorno económico y regulatorio hostil, llega la crisis energética que afecta a toda la sociedad. Me atrevo a asegurar que están dados todos los ingredientes para que el sector privado de Cuba enfrente su año más duro.
A todo esto, vale la pena analizar cómo es posible pronosticar un escenario de contracción si, al mismo tiempo, el Gobierno estima que las importaciones privadas alcanzarán los 2600 millones de dólares, un crecimiento del 18 % respecto a 2025. La respuesta es relativamente sencilla: los importadores privados son un grupo limitado y altamente concentrado, con barreras burocráticas que impiden la entrada de nuevos competidores, y que manejan esas sumas millonarias.
La mayoría de los emprendimientos privados en Cuba son micro y pequeños, tanto por cantidad de ocupados como por niveles de ingresos. Con esas características, llegan a este año en el que parece haber tomado forma la “tormenta perfecta”. La capacidad de reinvención de cada negocio será clave para salir de una inercia que lleva indudablemente al cierre. No es un optimismo ingenuo, sino el pragmatismo estratégico que exige la crudeza del momento.











