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Yanarys Valdivia Melo (Ciego de Ávila, 1987) hace versos y dulces. Con el mismo cuidado, con idénticos resultados: la excelencia. Puedo dar fe de ello. También es artista visual.
Se hizo diseñadora en la Academia de Artes Plásticas “Raúl Corrales” (2006) y Licenciada en Estudios Socioculturales en la Universidad “Máximo Gómez Báez”, (2016), ambas instituciones de su provincia natal.
En su breve pero intensa carrera literaria, ha sido merecedora de numerosos reconocimientos. Hasta el momento ha publicado los poemarios 365 palabras (Ediciones Ávila, 2010), Desprendimientos (Voces de hoy, Miami, 2015), Matrices (Ediciones Ávila, 2016), y El lenguaje de los mapas (Editorial Guantanamera, España, 2016).
Como bien ella expresa, su poesía pulsa, de un volumen a otro, distintos registros, pero en todos es distinguible su marca, esa objetiva sensualidad con que observa lo que se mueve en su entorno vital y en los confines del sueño, si es que en su caso ambos espacios pudieran separarse.

Con cortes de electricidad tan sorpresivos como prolongados, aquejados de la bajísima conectividad que nos afecta, mientras ella mezcla las secretas proporciones que dan a sus pasteles y tartas un carácter adictivo, se dio este diálogo.
Ahí se los dejo.
Relata brevemente cómo fue tu encuentro con la poesía.
En mi camino siempre estuvo el arte. Desde pequeña, primeramente, a través de la música y el ballet. Eso fue formando esa sensibilidad. A su vez estaban los libros, la pintura y el cuestionamiento. A pesar de ser pequeña me hacía muchas preguntas que guardé solo para mí por mucho tiempo.
Luego llegaron los estudios de nivel medio de artes plásticas. Hice nuevos amigos que promovieron en mi también el amor por la lectura de poesía, principalmente. También estimularon la curiosidad por todas las artes en general.
Era un grupo de personas, casi en su totalidad, mucho mayores que yo. Nos reuníamos a conversar, a escuchar buena música y a compartir lecturas. Ahí fue donde por primera vez tuve el impulso de escribir. Experimentando en esta nueva forma expresiva encontré el mejor camino para explicarme el mundo y las respuestas de todas esas preguntas que guardaba.

¿Cómo era tu entorno cuando descubriste que había un género mediante el cual podías expresarte con mayor propiedad?
Por ese entonces estudiaba artes plásticas. Era un momento de gran ebullición de la creación en mi provincia, Ciego de Ávila. Muchos queríamos decir, exponer, romper con lo establecido, hacer escuchar nuestra voz. También había un gran coro de artistas ya consagrados, y mucha variedad, sobre todo en el campo de la poesía. Para mí fue un tiempo emocionante, vibrante, fresco. El momento perfecto para el despertar.
¿Cuáles fueron tus primeras lecturas de poesía? ¿Algunas de estas preferencias se mantienen hasta hoy?
Mis primeras lecturas, sin contar los libros de historias rusas que leía de niña y que formaron mucho de lo que soy en lo más profundo, fueron de terror o misterio. Me gustaban las historias donde lo desconocido me sorprendiera. Por ahí podemos hablar de Edgar Allan Poe o Kafka, entre otros.
Ya en la poesía, de niña comencé con Martí, Dora Alonso…; de adolescente conocí otros autores: Pessoa, la poesía japonesa, Raúl Hernández Novás, Ángel Escobar, Vallejo, son muchos los poetas que llegaron a mí y se quedaron para siempre.
Luego me encontré con la poesía romántica inglesa, y fue todo un descubrimiento maravilloso.
Autores franceses. Tantos.

Eres de Ciego de Ávila y ahora resides en La Habana. ¿Cómo era tu ciudad natal cuando te iniciaste en el movimiento de talleres literarios? ¿Son útiles esos talleres? ¿Cómo fue tu experiencia personal dentro de ellos?
Ciego de Ávila, a pesar de ser una provincia pequeña y de una actividad cultural mucho menor en comparación con La Habana, en aquella época tenía mucha variedad de gente escribiendo. Algunos afiliados a los talleres literarios. Por años asistí al taller de la poeta y amiga Carmen Hernández Peña, que me sirvió para encauzar esos primeros intentos que no eran ni remotamente poemas logrados.

¿Te consideras una persona comunicativa?
Quizás lo sea, pero no porque me agrade mucho serlo o me haya sido fácil. La vida me ha llevado a desarrollarme y ser más extrovertida. Siempre tuve mucho temor de hablar, y aún más de leer, en público. Todavía hoy, cuando tengo que participar en una lectura, me dan mis nervios. No me gustan las muchedumbres, y por bastante tiempo me consideré como alguien muy tímida.
¿Crees que la poesía es un instrumento para penetrar hasta donde el lenguaje cotidiano no alcanza?
Por supuesto. A veces las palabras del día a día no son suficientes para entender ciertas cosas que nos rodean, y más aún ciertas cosas que desconocemos de nosotros mismos. La poesía viene a ser ese ejercicio de desenmascaramiento y cuestionamiento.


¿Desde cuándo, bajo cuáles circunstancias, llegaste a asumirte como poeta?
Desde que me atreví a enviar a un concurso de haikus por primera vez, y tuve algún reconocimiento. Luego, cuando pude conformar mi primer libro, que pasó por muchas variaciones, luego de ser rechazado en la editorial en un primer intento. No me di por vencida y lo seguí trabajando hasta llegar a 365 palabras, que finalmente fuera aprobado para su publicación, luego de ganar en 2009 el concurso Raúl Doblado del Rosario.

¿Es cierto que los poetas padecen de una suerte de hiperestesia? ¿Es tu caso?
Es posible que la sensibilidad súper desarrollada pueda estar rondando al poeta. No sé si esto sea bueno o malo, pero la sensibilidad especial que tiene un artista o un poeta en particular, le permite filtrar todo lo que llega a su entorno, todo lo que ve, todo lo que toca, todo lo que escucha e, incluso, todo lo que sueña.
Creo que la emoción desbordada, acompañada del pensamiento y la paciencia, hacen del poeta alguien único. Tal vez los estímulos que recibe sean sobredimensionados, mayormente el dolor, pues todas las cosas que podemos sufrir o apreciar en esta vida se hacen más presentes en la vida de un poeta y, por supuesto, en su obra.

Partiendo del criterio de que la poesía es mucho más que un género literario, ¿cuál sería el hecho de mayor trascendencia poética de tu vida?
El hecho de mayor trascendencia poética en mi vida ha sido el camino, y me niego a pensar que no queden calles por recorrer. Me considero una poeta incipiente aún. Una poeta tal vez interrumpida por la vida, pero que muy dentro aun lleva el impulso y el deseo de explotar, de aullar, de cantar. No obstante, mis mayores alegrías han sido poder ver varios de mis libros publicados dentro y fuera de Cuba, haber podido conocer autores de sitios diferentes, respirar con otros ese aroma sutil que es la poesía.

La poesía cubana —es mi criterio personal— es el género más aportador de nuestra literatura al ámbito universal. ¿Cómo te sientes formando parte de ese corpus? ¿Con cuáles poetas cubanos te sientes emparentada?
Sin lugar a dudas hubo y hay muchísimos autores de gran calidad que han aportado a la literatura, no solo cubana. La poesía es y siempre ha sido el medidor fundamental. Cuba no puede ser explicada si no es a través del verso; captada, fotografiada si no es a través del ritmo; amada y sufrida si no es a través de los silencios.
Para mí es un honor ser heredera de esa larga tradición de poetisas cubanas, y aunque creo que no llego ni a los talones de las grandes de este país, agradezco haber alcanzado a tocar esta comprensión y este sitio del espacio que ocupa la poesía.
Entre las autoras que amo no pueden faltar Dulce María Loynaz, Juana Borrero, Fina García Marruz, por solo citar algunas. Admiro la obra de muchas autoras contemporáneas cubanas, a las que he escuchado leer en público, de diferentes generaciones.
¿Cuáles serían los 10 poemarios que recomendarías a los jóvenes poetas en sus inicios? De cualquier literatura, de cualquier época, de cualquier escuela literaria.
Yo diría que hay que contar con la poesía completa de Martí.
La obra de Whitman, la obra de los grandes poetas románticos, la obra de Vallejo, de Pessoa, de Federico García Lorca, Emily Dickinson, T. S. Elliot, Bukowski, Rimbaud, Oscar Wilde. Es difícil dejar tantos afuera, hay muchas lecturas geniales para recomendar.

¿Cómo es tu “cocina” literaria? ¿Escribes por raptos? ¿Elaboras los poemas en la cabeza y los vuelcas al papel cuando ya no puedes seguirlos sosteniendo?
En gran medida casi toda mi poesía ha sido escrita así por raptos, pero también por sueños, por observación, por liberación y por una idea inicial que luego se va gestando. Cuando era jovencita y comenzaba a escribir, iba con mi libreta de apuntes a todos lados. Es una costumbre que he perdido lamentablemente, casi no salgo ya. En gran medida era como un acto de exorcismo.
Cuando escribes, ¿piensas en un lector determinado? ¿Sabes quiénes te leen? ¿Recibes opiniones de tus lectores?
Realmente no pienso en un lector físico, pero sí en que alguien lo escucha. Puede ser un sujeto X, o yo misma. Me sorprende que me lean. Es una grata sorpresa encontrarme con personas a las que les ha gustado algún poema mío, y lo recuerdan aun después de un tiempo.
¿Cómo te ha tratado la crítica?
No soy alguien tan visible como para despertar el interés de la crítica. Pero siempre que se ha hablado de mi poesía y de mí, me han tratado con mucho cariño y con mucho respeto, cosa que agradezco profundamente.

¿Cómo definirías tu poesía? ¿Hay temas recurrentes en ella? ¿Crees que tu forma de “decir” ha ido mutando con el tiempo? ¿Es puramente autorreferencial?
Yo la definiría como autorreferencial en parte y un poco más abierta por otra. Hay diferencias entre un libro y otro, porque precisamente yo he sido diferentes poetas a través del tiempo, así podemos ver una poesía más zen y desde la observación, hasta algo mas íntimo y familiar, más filosófico quizás, más intuitivo en otros momentos, más desde lo amoroso o desde el desamor. Pero en todos y cada uno de esos poemarios está el cuestionamiento de la existencia, de la muerte y de quién soy.
¿Tienes algún volumen de versos inéditos?
Varios. Tengo un bestiario inédito que lleva años engavetado; también un libro de poesía breve que no me atrevería a calificar de haikus; en proyecto anda otro volumen que tiene que ver con el arte.
Posees un emprendimiento de repostería. ¿Ocupa todo tu tiempo? ¿Es tan creativo reinventar la receta de un dulce como escribir un poema?
El tema de la repostería es hermoso pero también desgastante, aún más en este país, con las dificultades que todos sabemos. No obstante, desde que comencé la abordé de la misma manera que he abordado un poema o una obra plástica. Para mí es importante hacer algo que no se quede en un pastel normal.
No solo he aplicado la plástica en este emprendimiento, sino también mi sensibilidad como poeta; siempre estoy estudiando, buscando y probando sabores como probaría las palabras, lamentablemente esto toma casi todo mi tiempo, además de mi familia y mi niña, que es especial.




¿Qué relación tienes con tu ciudad natal?
Ciego de Ávila es donde nací, donde viví toda mi niñez y adolescencia, donde encontré y perdí amigos, donde aún encuentro gente que aprecio como familia; es donde viven mis padres, donde primero comencé a escribir y a crear.
La vida y la aventura me llevaron luego a vivir en otra hermosa ciudad: Cienfuegos; me enamoré y lo abandoné todo para descubrir una nueva experiencia. De ahí tengo hermosos recuerdos, también algunos dolorosos. Muchos de mis poemas se escribieron en Cienfuegos. Fue una época de intensa creación, de auge personal, otros amigos; arte, música y literatura me llegaron con los años que viví allí.
¿Y con La Habana?
Fue La Habana de mayor experimentación. Volví a trabajar el grabado, para subsistir. Hasta tuve un emprendimiento con una amiga. Vendíamos obras artesanales de varias personas. Yo hacía piezas personalizadas de bisutería; hacía dibujos en papeles manufacturados y los acompañaba de poemas breves. Mi amiga, con sus excelentes grabados y también con bellas piezas de bisutería.
Fue bonito. La Habana me unió a otra gran amiga cienfueguera, poeta también, que no está hoy en Cuba. Ella me abrió su casa y me entregó su cariño, Encontré el budismo, salí embarazada, tuve a mi hija… Volví a Ciego y luego regresé nuevamente aquí, ya con más estabilidad y con la familia hermosa que tengo. También los amigos.

Cinco poemas de Yanarys Valdivia
EL CUERPO ES UN MURO
Las telas imposibilitan el tacto más fiel,
el discurrir del aire sobre la piel desnuda.
El cuerpo es un muro,
los botones que cierran las puertas de entrada a la carne;
protegiéndonos de la belleza y de la luz,
a la sombra absoluta de telares infinitos, que se yerguen.
La tela es inútil sin un cuerpo que la habite,
sin piel que resarcir del sueño y la locura.
La carne es inútil sin el muro.
El muro invita a la danza de los cuerpos.
La piel respira por sobre las telas, debajo de ellas,
un aire caliente y controlado.
La libertad es la prisión, la protección y seguridad
que ofrece el muro,
las telas infranqueables.
AUTORRETRATO
Frida Kahlo me nombras
mientras fumo lentamente un tabaco.
Detrás se dibuja una luna pequeñita sobre fondo oscuro.
Frida Kahlo, te escucho
y me adentro en las guitarras, la suave música que desbordas,
desde cada, múltiple, escenario de tu vida.
Frida Kahlo, me tocas
y el tabaco va consumiéndose en mi interior,
los alcoholes que me dieron lo cierto.
Rompes mi vida, te aletargas
y solo recuerdo el sonido más allá del primer rayo de luz.
Se quiebra en mí el pasado,
aunque, Frida Kahlo me nombres.
Soy sencillamente una mujer, que fuma tabaco y bebe sola.
MÓVILES
Sonajeros, golpeando unos contra otros
sin producir ruido,
sin producir música.
Hilos de plata en mi cabeza,
suspensiones del alma,
odio al prójimo que no ofrece alivio.
Mareas, evoco mareas, pero siguen chocando los cuerpos,
como extrañas caracolas, sin mar alguno, sin armonía.
Son muchos, agolpándose a la puerta.
Un oleaje rancio invade cada sitio, cada salida.
Siguen sonando y de vez en cuando se diluyen en mis notas.
Sin producir ruido,
sin producir música.
Hilos de plata en mi cabeza,
sin otra utilidad que el placer.
Sin poesía.
VESTIDA
A todos los hombres que entregué mi cuerpo sin amor.
A los que dejé que me amaran por una noche o dos.
Todos han muerto bajo el rumor de tus besos.
Con todas mis conquistas lucí un vestido negro y desplegué mis
artilugios, mi tela de araña sin recelo.
El día que te vi, sutil, sin proponérmelo, estrené un sencillísimo
vestido blanco, que pronto dejé colgado para la vergüenza de los
que no entienden un desnudo.
El día que al fin te vi, estrené un vestido.
VOYEUR
Anoche antes de dormir vi tu sombra chinesca,
Mientras cerraba el balcón para ahuyentar a los ladrones.
Tú alimentabas a las aves.
El palomar iluminado echaba afuera las luces
dejando solo hermosas sombras de tu cuerpo.
Me entretuve con la danza de tu sombra, pequeños detalles,
tu pelo largo recogido en una pequeñísima cola, tus brazos;
parecía una escultura tu sombra.
Anoche antes de dormir hablé largo rato con tu sombra,
mientras cerraba el balcón para ahuyentar a la desidia,
esperando un mensaje desde lejos, cruzando el mar.
Anoche antes de dormir te conocí por tu sombra.












