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David Riondino y Cuba, la décima y el cine

Todavía yo no conocía personalmente a David Riondino cuando él hizo una de sus películas más reconocidas, que desde el mismo título es una declaración de intenciones: Cuba libre-Velocipedi ai tropici.

por
  • Alexis Díaz-Pimienta
    Alexis Díaz-Pimienta
abril 1, 2026
en On-Décimas
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Alexis Díaz-Pimienta y David Riondino. Foto: Gian Franci Guilli.

Alexis Díaz-Pimienta y David Riondino. Foto: Gian Franci Guilli.

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Como hubiera dicho el poeta Miguel Hernández, y repetido el cantautor Joan Manuel Serrat al cantar sus versos, digo yo: “En Roma, su ciudad y la mía, se me ha muerto como del rayo David Riondino, con quien tanto quería”. 

 

ADIÓS, RIONDINO

Adiós, Riondino, mi mejor amigo.

Se dice fácil, pero duele hondo.

Una nueva orfandad, otro castigo.

Un pozo ciego y uno, yo, en el fondo.

 

Acabo de perder a un gran amigo.

Vine a verlo, llegué y ya había muerto.

Qué sábado tan lunes. Soy testigo

del más desconcertante desconcierto.

 

Hablamos por WhatsApp hace unos días.

Teníamos proyectos, más proyectos.

Estábamos venciendo lo imposible.

 

Pero la vida suma tropelías.

Pero la muerte tiene mil defectos.

Y el defecto mayor: lo irreversible.

 

Creo, sinceramente, que ese ente casi abstracto llamado “Cultura Cubana” —unas veces más abstracto que otras— tiene deudas con personas que ni siquiera sabe. Hoy voy a hablar de una de ellas: David Riondino. Advierto que no son pocos los artistas, promotores o activistas extranjeros que han sido conocidos y reconocidos por las instituciones cubanas y por la población, gente con una obra sólida y/o cierto reconocimiento público.

Pienso en la madrileña Pilar Zumel, un pilar de la canción de autor cubana en España; en el canario-leonés Maximiano Trapero, máximo promotor de la décima y el repentismo insular en Europa; o en la estadounidense Estela Bravo, quien hasta se nacionalizó cubana y nos legó una obra fílmica de hondo calado histórico y justificada trascendencia. 

Pero la Cultura Cubana, así, en mayúscula, le debe al italiano David Riondino tanto como a ellos, y es una pena que muchos de los nuestros ni siquiera sepan su nombre. Y menos saben sobre su obra de profundo amor por lo cubano. En este artículo voy a centrarme solo en dos mundos que parecen distintos y distantes, pero que en la figura de Riondino se unieron por primera vez y para siempre el cine y el repentismo, para intentar que conozcamos y reconozcamos sus aportes.

Todavía yo no conocía personalmente a David Riondino cuando él hizo una de sus películas más reconocidas, que desde el mismo título es una declaración de intenciones: Cuba libre-Velocipedi ai tropici. Lo polisémico del título es una marca de la casa: ¿Cuba libre?, ¿el cóctel o el eslogan político? En todo caso, fue una mirada a Cuba con humor toscano, un guiño al neorrealismo (al Ladrones de bicicletas de Vittorio De Sica), una película que aún funciona como comentario metacinematográfico: intentar filmar Cuba desde los esquemas europeos reveló, precisamente, la imposibilidad de capturarla desde fuera.

En este filme Riondino no pretendió hacer un retrato profundo ni político de Cuba, de su Cuba y la mía, sino, más bien, una aproximación irónica, donde el verdadero objeto de observación son los propios italianos y su relación con “lo exótico”. Todo ello muy Riondino, muy teatral, muy crónica. 

Nuestro amigo común Vladimir Cruz, me cuenta ahora, al respecto: “Él llegó a Cuba a finales del 95, a rodar su película Cuba libre, una especie de remake de Ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica, donde trabajé con él. Ahí conoció a todos mis amigos y toda la gente de cine y se quedó enganchado para colaborar con muchos de ellos”. Y luego rememora algo íntimo, que también lo retrata: “Mi primera vez en Italia fue con él, y me llevó a Roma y a Florencia, su tierra, por primera vez. Incluso, la primera vez que él fue al Vaticano, donde nunca había entrado, fue para llevarme a mí”.

Después de aquella aventura “en bicicleta” se sucedieron muchos viajes de David a la isla, enamorado del cine cubano y de un proyecto social que entronizaba con su espectro ideológico. Pero fue dos años después, en 1997, cuando Riondino descubrió, seguramente sorprendido, el repentismo. Lo descubrió conmigo, y no en Cuba, sino en Grosseto y Lerici, Italia. Nunca hablamos de esto, pero supongo que en su aventura fílmica cubana David no descubrió el mundo del punto guajiro, porque ese mundo y el mundillo del cine en la isla no se tocan; se reconocen, sí, pero no se conocen. 

Fui yo, precisamente, ahora que lo pienso, quien más acercó, sin darme cuenta, dos mundos tan distantes. Con la excepción del dueto Justo Vega-Pastor Vega, padre-hijo, repentista uno y cineasta el otro; y de los clásicos documentales, Hablando del punto cubano, de Octavio Cortázar (1972) y La última controversia, de Sergio Núñez (1988), el cine cubano y el repentismo han dialogado poco.

Pero en los años 90, 91 y 92, yo, guajiro citadino, comencé a llevar el punto guajiro al mundillo teatral habanero, secundado por Emiliano Sardiñas y Bernardito Cárdenas, con espectáculos en el Karl Marx, el cine Teatro Acapulco, el ISA y algunas facultades de la Universidad de La Habana. Y entonces entablé amistad y relación profesional con grandes actores y cineastas que luego terminé arrastrando al mundo del punto guajiro, a la guajirá real, una fiesta bucólica y pintoresca protagonizada por los repentistas. Recuerdo hasta el simpático eslogan que nos inventamos José Antonio Roche: “¡Esto sí es repentismo, no el de Palmas y cañas!”, una defensa del repentismo puro frente a la improvisación guionizada y mediatizada del famoso programa. 

Y así, poco a poco, les descubrí la magia de los guateques y las canturías a grandes artistas del teatro, la televisión y el cine cubano. Recuerdo el entusiasmo real de actores como Osvaldo Doimeadiós, Patricio Wood, Néstor Jiménez , José Antonio Roche y Renecito de la Cruz; o de teatristas como Carlos Cremata o teatrólogas como Lira Campoamor.

Creo que todos describían, asombrados, la teatralidad del repentismo, su componente escénico tan desconocido. Pero repito: no creo que David Riondino haya tenido la suerte de enlazar en la isla su ottava rima toscana (el equivalente a nuestra décima) con el punto guajiro nuestro, tan rural, tan alejado del ambiente cinematográfico.

Así que fue en Italia, en 1997, dos años después del rodaje y estreno de Cuba libre, cuando coincidió conmigo en un festival de improvisación en Grosseto, cuando se cierra el círculo: “Italia, Toscana, ottava rima, Cuba, La Habana, repentismo”. David y yo compartimos festival en Grosseto y Lerici, intercambiamos versos (endecasílabos, él; octonarios, yo), estrofas (octavas reales, él; décimas espinelas, yo) y risas bilingües. Y esto fortaleció una amistad que duró el resto de su vida y la mitad de la mía. Casi 30 años de amistad sostenida por varios pilares: la literatura, la improvisación, el teatro, la música, el cine. 

Y fue en el cine, precisamente, donde David Riondino y yo hicimos más proyectos y donde Cuba tiene una enorme deuda con este intelectual poliédrico italiano. ¡Hicimos tanto! Y, sobre todo, nos quedó tanto por hacer. Intentaré que no se me escape nada en este artículo.

 

Adiós, poeta, Don Quijote en Roma.

Se queda Sancho a pie y desorientado.

Adiós, amigo. El mundo se desploma

y no lo quieres ver: te has hecho a un lado.

 

Adiós, poeta. El sol se queda en coma.

Queda tu voz, tu humor exagerado.

Y tu ingenio feliz en cada idioma.

Y tus ganas de estar en cualquier lado. 

 

Tantos recuerdos llegan: Cuba, Siena,

Florencia, Shakespeare, Alatiel, el vino,

San Francisco de Asís y el trompetiere.

 

Vaya nueva orfandad. Otra vez, pena.

Otra vez un entuerto y un molino.

Pero un Quijote, si hay qué hacer, no muere.

La décima y el cine

Sus obras documentales, después del debut en la ficción (Cuba libre – Velocipedi ai tropici, 1996), tuvieron una discreta proyección y presencia en festivales, pero no dejan de ser importantes para el repentismo cubano que, repito, ha vivido y sobrevivido durante más de un siglo recibiendo la espalda (no el espaldarazo) de la “alta intelectualidad” de la isla. Otello all’improvviso se proyectó en el XXIII Festival del Cinema Latino Americano de Trieste (en 2008); Shakespeare in Havana se presentó en eventos como el festival de Unione Italiana Libero Teatro, en Italia, y también en Cuba, dos veces (festival Oralitura Habana y Semana de la Cultura Italiana).

Los suyos han sido varios documentales que han circulado más en circuitos culturales y festivales especializados, de teatro y oralidad, que en competiciones mainstream del cine, y su importancia e impacto radica en la innovación conceptual (esa inusual fusión de teatro-literatura-cine-repentismo).

El Papa in versi ganó el Primer Premio en el Festival Cinema e Spiritualità di Terni (Italia) en 2016, un importante festival religioso italiano. Nos reíamos, cómplices, de que una película rodada en la Cuba comunista, por dos semiateos (creemos en San Francisco como Santo Patrón de los poetas repentistas), hubiera ganado un premio religioso. Pero así fue, y nosotros, felices. 

Este conjunto de películas constituye, en términos estrictos, un corpus autoral híbrido que articula, por un lado, el cine documental y el ensayo audiovisual; por otro, el teatro filmado con intervención escénica; y, además, la literatura oral y la improvisación (repentismo, ottava rima, etc.) junto al diálogo intercultural Italia-Cuba. Casi nada, en decir, casi todo: un ornitorrinco cinematográfico. No son películas convencionales, no; son dispositivos escénico-cinematográficos en los que la improvisación no es tema, sino método estructural, hilo conductor y conducente, algo que solo cabe en una mente superdotada e inquieta como la de Riondino. 

La primera película que hicimos juntos fue Otello all’improvviso, cuyo eje es la relectura del clásico Otelo de Shakespeare mediante la improvisación poética de décimas. O sea: reescritura de Shakespeare en tiempo real fílmico, o en varios planos secuencias, de modo que todas las décimas que aparecen en la película fueron puramente improvisadas frente a las cámaras, en rigurosa “toma uno”: un material invaluable para investigadores y curiosos de la improvisación y el cine. El formato, híbrido:  una obra a caballo entre el espectáculo teatral y la intervención documental, cuya clave está en que traslada el drama shakesperiano al terreno de la oralidad improvisada, evidenciando la vigencia de los arquetipos, y la mueve de Italia a Cuba, y de una lengua a otra, sin que pierda belleza.

La segunda fue Shakespeare in Havana, cuyo eje es, otra vez, el encuentro entre una obra de Shakespeare (Romeo y Julieta) y la tradición repentista cubana. Los protagonistas aquí somos varios improvisadores: Emiliano Sardiñas, Yunet López, Irán Caballero, Luis Quintana, Yoslay García, Oniesis Gil, Leandro Camargo, Orlando Laguardia, Vitalia Figueroa y yo, que ejerzo como en todas de narrador en verso. Aquí, otra vez, Riondino explora y expone cómo los textos clásicos pueden ser reescritos en tiempo real, en décimas, creando una obra nueva a partir de una clásica. Y vuelve, retoma el tono de ensayo cultural con fuerte componente performativo. Y vuelven a ser todas las décimas que aparecen en la película puramente improvisadas, en plano secuencia, en toma uno. Otro documental que, valga la redundancia, es un gran documento para filólogos, folcloristas, críticos de cine o de teatro.

Después rodamos la que sigue siendo, para mí, la mejor de todas: Dos orillas, una sola voz, una película increíblemente precursora. Cuando apenas existía ni diálogo político ni cultural entre las dos Cuba, la de Miami y la de La Habana, Riondino convocó a dos improvisadores de cada “bando” en un doble terreno neutral, Roma y Florencia, para que dilucidáramos en versos nuestras diferencias. Precursor, visionario, políticamente incorrecto. Esta vez el eje fue el diálogo entre dos Cuba, un espectáculo político y poético. De la parte floridana acudieron a la cita, el maestro de Efraín Riverón y Robertico García, poeta de Cienfuegos; de la parte habanera, por falta de visado, no pudo llegar Emiliano Sardiñas, y estuve yo (“solo ante el peligro”), de tal manera que el diálogo fue a tres voces, una trilogía: dos de Miami y uno de La Habana. 

Entonces, Efraín, Robertico y yo nos enfrentamos frente al público de Roma, en el Teatro dei Popolo, con temáticas y versos impuestos por el honorable. Y luego en Florencia, en varias locaciones. El resultado fue, otra vez, un documento fímico invaluable, inclasificable, inigualable. Esta es, probablemente, la obra más programática del proyecto y la más política (o la única política): casi un manifiesto audiovisual. David lo tenía claro: Hay dos Cuba y las dos hablan en verso y, sobre todo, las dos deben poder y saber hablar, en verso o en prosa. Eso hicimos. El filme, visto ahora, es un fuerte alegato hacia la tolerancia, el diálogo, la unidad entre cubanos, pese a las diferencias.

Luego hicimos una obra maestra, El Papa en versos, un filme que canta y cuenta la relación entre poesía improvisada y espiritualidad, aunque no tanto. En realidad, Il Papa in versi es un documental sobre la primera y única visita del Papa Francisco a Cuba, Francisco, el primer Papa latinoamericano, y el segundo que pisaba la isla revolucionaria (antes estuvo Wojtyla). 

Otra vez me tocó ser protagonista-narrador y otra vez convocamos a un grupo de improvisadores para que acompañasen al papa Francisco durante su misa en la Plaza de la Revolución habanera. Y ahí estuvimos, verso en ristre, improvisando décimas y entrevistando en versos a los asistentes a la misa, feligreses algunos, curiosos otros. 

El resultado fue una sólida película documental donde todas las décimas vuelven a ser improvisadas, y en la que participan repentistas de primer nivel como Emiliano Sardiñas, Héctor Gutiérrez, Yunet López y otros. Y allí, frente a las cámaras de sus incondicionales Rafaelle Rago y Ernesto Granados, fueron decenas las décimas improvisadas en torno a la figura papal y lo religioso, en un filme que cruza lo popular con lo institucional, lo sagrado con lo lúdico, porque intercala nuestras improvisaciones con entrevistas e intelectuales y religiosos cubanos que retrataron, en prosa, el momento histórico que estaba viviendo Cuba, entre la visita del Papa, y el gobierno aperturista de Barack Obama.

La siguiente película fue Decameron habanero: Alatiel, una clara referencia al personaje y la obra de Boccaccio. Esta es una película que mezcla, a través del repentismo, el humor, el erotismo, la narración clásica y la relectura contemporánea, con un tratamiento más literario y narrativo que otras piezas del ciclo, rodada íntegramente en locaciones habaneras (la Maqueta de La Habana, el malecón, el Bosque de la Habana, el Reparto Flores y otras). En esta ocasión, dirigidos siempre por Riondino, los repentistas cubanos trasladamos la tragicómica historia de Alatiel a La Habana del siglo XXI, y el príncipe original se convirtió en rapero, y el buque original se volvió un almendrón y Atenas fue La Habana, dando como resultado una obra nueva, única, diferente, muy Riondino todo, y todo de altos vuelos líricos.

Foto: Gian Franci Guilli.

Otro documental sublime es El campo semántico, en el que Riondino se sumerge en mis proyectos académicos en torno a la improvisación de décimas, visita los talleres de repentismo infantil, entrevista a los profesores y a los niños, y una niña habanera le regala el título del filme.

Ante la pregunta de cómo se aprende a improvisar, la niña le responde, tan pequeña y tan sabia: “Lo primero es el campo semántico”. Y la sonrisa asombrada de Riondino fue la mejor anuencia. “Certo, el campo semántico”. Esta es una película sobre el lenguaje como territorio de juego e improvisación, sobre la creación poética y la exploración de los significados, sobre el juego como herramienta y mecanismo de enseñanza. Es una de las obras más conceptuales del conjunto, cercana al ensayo cinematográfico.

Y por último, una cuasi biopic sobre mí, un seguimiento de más de una década a mi trabajo, es decir, a nuestro trabajo conjunto. Su película Alexis Díaz-Pimienta: retrato de un poeta es más que un documental biográfico protagonizado por mí; es otra vez un ensayo y un alegato sobre todo lo que puede hacerse con la improvisación, una mezcla equilibrada de práctica escénica y pedagógica. Por suerte, esta película fue estrenada en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, en diciembre de 2025, pero sigue siendo un filme prácticamente inédito en circuitos comerciales.

 

Habíamos hablado muchas veces

del posible final. Tú, haciendo chistes.

El tiempo tiene pliegues y dobleces,

y en uno de ellos duermen hoy los tristes.

 

Me asaltan otra vez tantos recuerdos:

la ottava rima, el malecón, Giovanna,

nuestra afición a ir reclutando cuerdos,

tus chaquetas romanas en La Habana.

 

Y hoy ya Roma no está. Se acabó Roma.

Baja el telón. Se esconden los sombreros.

Nadie traduce tu silencio, amigo.

 

¿O es tu último gag, tu última broma?

¿Los últimos seremos los primeros?

Yo, por si acaso, sigo aquí, contigo.

Rasgos comunes del conjunto

En general, este ciclo de documentales de Riondino está marcado por la hibridación, casi radical. No hay separación clara entre esas disciplinas que él tanto domina e intercomunica. El cine registra, pero también provoca la acción y el teatro moviliza los cuerpo que ganan entidad y densidad gracias a la improvisación de versos. Pero ojo: en sus documentales las décimas no son decorativas: son el motor narrativo, núcleo y esencia. 

Y Riondino no deja, nunca, de poner a dialogar Italia (ottava rima, tradición oral) y Cuba (repentismo, punto guajiro, tradición oral), potenciando la dimensión intercultural del proyecto; crea un puente activo, no una comparación pasiva. Y en todas destaca la presencia física de Riondino (a veces muy Hitchcock, a veces muy Paul Bowles), como mediador. David Riondino no es solo director: es actor, conductor, provocador escénico. Siempre estaba ahí, a mi lado.

Este conjunto de películas constituye un caso singular dentro del audiovisual europeo contemporáneo. Son filmes que no buscan un mercado masivo ni llevan una narrativa clásica, sino algo más ambicioso y raro: capturar el instante creativo del repentismo a partir de pautas dictadas por el teatro (Shakespeare) o la literatura (Boccaccio).

Creo que, desde un punto de vista crítico, todas tienen una sostenida originalidad, además de un real valor antropológico y artístico, algo que contrasta con su escasa circulación, entre otras cosas por su difícil clasificación industrial, y lo difícil que es moverlas fuera de los circuitos especializados.

Más que una serie de películas independientes, estamos ante un proyecto artístico unitario, sostenido durante años, que intenta demostrar una tesis que yo revalido: la improvisación poética puede dialogar de tú a tú con los grandes textos, con el cine y con la tradición cultural europea e iberoamericana. Y en ese sentido, su valor no es solo cinematográfico, sino también histórico y cultural.

Foto: Alexis Díaz-Pimienta.

Debo añadir que David Riondino colaboró también, como productor y actor, en dos películas de Arturo Soto: La noche de los inocentes” y Bocaccerias habaneras” (una película, por cierto, que debe mucho, incluso el título, a su Decameron habanero: Alatiel”). Y sé que tuvo una sostenida complicidad creativa con otro de sus grandes amigos cubanos, el actor y director Jorge Perugorría, tan afectado como yo con su partida: “Alexis, qué clase de noticia más triste me acabas de dar, mi hermano. Qué clase de hermano ese, qué clase de tipo más buena gente. Qué artista y qué buena persona”.

Mensajes y condolencias no han faltado tampoco desde el mundo del repentismo cubano. “Coño, pero qué noticia tan triste, un gran amigo y un excelente ser humano (Lázaro Palenzuela, repentista y promotor); “Ño, poeta, qué duro, desde ti hablas en nombre de muchos” (José Antonio Roche, actor y repentista); “Tu despedida o tu invitación al renacimiento de Riondino es más que tu voz, es Cuba que le canta y agradece (Osbel Suárez, repentista); “Nuestro amigo, poeta, cineasta y gran ser humano. Triste y sorprendente noticia ha golpeado mi corazón” (Efraín Riverón, escritor y repentista). Y también desde otros ámbitos: “Qué triste noticia. Un gran artista y una gran persona. Su relación con Cuba siempre fue muy profunda. Queda, entre otros, el recuerdo entrañable de las muchas actividades que organizamos con él en La Habana. Estoy consternado (Roberto Vellano, ex Embajador de Italia en Cuba). “Qué huérfanos somos” (Claudia Acevedo, editora y promotora cultural). Y todavía siento el llanto desconsolado de Alberta Solarino por teléfono (de la Agencia de Cooperación Italiana en Cuba, llamando desde África).

 

Traductor. Humorista. Repentista.

Poeta y cantautor. Actor. Cineasta.

Simpático juglar iconoclasta.

Cantastori de voz renacentista.

 

Con tus sombreros del siglo pasado.

Con tus bufandas de un invierno propio.

Sombra chinesca en un caleidoscopio,

así te veo en todo, eternizado.

 

Te reirías viendo mi tristeza.

Harías un guion sobre el asombro,

las ojeras, las lágrimas, las grietas.

 

Con una obra maestra en la cabeza,

estarías feliz, cámara al hombro,

rodando “Cómo lloran los poetas”.

Otras veces en Cuba 

Recuerdo que en otro de sus viajes a La Habana, a participar en nuestro festival Oralitura Habana, se orquestó la presentación en La Habana de una obra que no por desconocida deja de ser monumental: la primera novela en décimas escritas en italiano, una obra original de David Riondino traducida al español por Caterina Camastra y por mí (ella tradujo las décimas originales a prosa y yo las devolví a su forma en décimas). Una obra magnífica que gana más magnificencia al estar ilustrada por el gran Milo Manara, el maestro de la ilustración y el cómic erótico italiano.

En esta novela, tan inusual como increíble, Riondino cuenta la historia real del trompetista de Garibaldi, una historia que une a Italia con Cuba y Estados Unidos en el siglo XIX, y que comienza en La Toscana, pasa por la guerra de secesión estadounidense y termina en La Habana. Por cierto, termina con el nacimiento de Compay Segundo, un guiño humorístico, muy marca de la casa, Riondino en estado puro. Sobre la única presentación de este libro en La Habana, escribí para OnCuba:

“Escribir décimas, una estrofa esencialmente española, en cualquier otro idioma, siempre será una curiosidad filológica y una proeza poética”. Y luego: “llegó el momento de David Riondino, el performer mayor, quien, con su novela ya en la mano, hizo gala de lo que bien sabe hacer: actuar, improvisar, hablar en público (…) Su emoción era real: tenía en sus manos, hecho realidad, su libro soñado, nuestro libro, porque yo me siento parte, en tanto traductor al español de sus versos, como Manara, en tanto ilustrador. Han sido largos años de trabajo que parecieron mucho más largos gracias a la pandemia, o por su culpa”.

Y continué, intentando retratarlo: “Riondino es un hombre de teatro, de cine, de literatura, un intelectual de corte decimonónico y mentalidad áurea, embutido en el cuerpo de un adulto con mente de millenials. Eso es: un millennial madurísimo. Y así va por la vida. No lo detienen ni las enfermedades. Lo conozco bien. Llegó a Cuba unos días antes preocupado y salió de Cuba más vivo que nunca, escribiendo en su cabeza odas al alacrán cubano y al amor invisible. Riondino en estado puro”.

Rematé: “La excepcionalidad de este trabajo se verá con el tiempo. Para empezar es un libro único, obra para bibliófilos: una novela en décimas escritas en italiano originalmente y traducidas al español, en la que se salva en la traducción (dificultad añadida allí donde la haya) la perfecta estructura clásica de la estrofa: el abbaaccddc espineliano”.

Y no puedo dejar de nombrar, por lo que tuvo de autorretrato mutuo, nuestra obra de teatro en verso improvisado “Don Quijote”, una puesta en escena en la Casa de la Poesía de La Habana, durante una edición del festival Oralitura Habana. Esa noche —Héctor Gutiérrez, Sindy Manuel Torres, Roly Avalos, Alex Díaz, Yunet López, Emiliano Sardiñas y yo, en escena— vi a Riondino emocionarse hasta las lágrimas porque, en algún pasaje de nuestras décimas, cuando glosábamos la muerte de Don Quijote, exactamente, recordó a su padre. 

En fin, Riondino y Cuba, la décima y el cine. La vida y la obra de iun gran intelectual que, en silencio, sin alaraca ni ambiciones espurias, retrató nuestra isla con sus armas y lentes: la palabra, la cámara, las tablas. Y ahora, se ha ido. Ya no está. Se ha ido con la cabeza llena de proyectos que seguían uniendo a Italia y Cuba, que seguían entrelazando ottava rima y décima guajira, teatro y repentismo.

David Riondino, genio y figura, más genio que figura. Un hombre y un amigo y un maestro, con el que Cuba, los cubanos, seguiremos en deuda. A mí me tocó despedirlo in situ, en su Roma, nuestra Roma tan cómplice, con su esposa Giovana y su incondicional Rafaelle Rago, otro escudero, cámara al hombre siempre.

Y de allí vengo, de velarlo en la sala de su casa, la que tantas veces fue la mía. y no puedo dejar de pensarlo, de recordarlo, de escribirle, en prosa y en verso. Escribo endecasílabos, sonetos clásicos y blancos, pero se me queda dentro, y me quema, la tremenda desazón de no poder mandárselos a él mismo, por WhatsApp, con un lacónico: “David, bróder, tradúcelos”. ¡Ay, poeta, cómo pesa el silencio! Entre ayer y hoy te he escrito unos doce sonetos de despedida, intentado echar fuera del pecho esta piedra que no me deja respirar, este llanto tan sólido. Pero prefiero cerrar este artículo con una décima de otro repentista cubano al que admiraste mucho y te admiraba igual, Emiliano Sardiñas. Dice Emiliano:

 

La muerte el final no es. 

Es un viaje a otro sendero

que unos lo han hecho primero 

y otros lo haremos después 

Me guiaré por tus pies

cuando me toque a mí el viaje

y tendré como un tatuaje

en mi voluntad tu euforia 

cuando hagamos, en la gloria, 

el próximo reportaje.

 

Con un emotivo ¡buen viaje, querido amigo!, remata Emiliano su mensaje. Y buen viaje, y gracias, añado yo, en nombre de Cuba, en nombre de ese ente abstracto llamado Cultura Cubana, que debe, en lo adelante, revisitar tu obra y colocarla —o sea, colocarte— en el sitial de honor que te mereces.

Etiquetas: cine cubanodécimasPortada
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