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Hasta febrero próximo, el proyecto “Nos vemos pronto, cocodrilo”, promovido por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Cuba (PNUD), recibirá a través del sitio Every.org donativos con un objetivo claro y urgente para la conservación ambiental endémica: el monitoreo del cocodrilo cubano, especie en peligro de extinción debido, entre otros factores, a la caza ilegal.
El Crocodylus rhombifer (conocido como cocodrilo cubano) habita la región de la Ciénaga de Zapata, un ecosistema pantanoso y peninsular localizado en la provincia de Matanzas. La especie, que solo puede encontrarse en este humedal, ha sido catalogada en estado de Peligro Crítico por la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, por sus siglas en inglés).
“Esto se debe al número reducido de ejemplares adultos estimados en vida libre (unos 2400), su pequeño rango de distribución geográfica (300 km²), la caza ilegal, la hibridación con el cocodrilo americano (Crocodylus acutus) y la modificación del hábitat”, contó a OnCuba vía WhatsApp el biólogo Etiam Pérez, encargado del proyecto.
Una vez concluida la campaña de recaudación de fondos, que permitirán al equipo comprar equipamiento adecuado para las tareas de etiquetado y seguimiento de los ejemplares, estarán a cargo de Pérez y de Gustavo Sosa, veterinario. Ambos lideran el trabajo de campo y conservación.

Para conocer más sobre el proyecto, que forma parte de una alianza entre la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre (FANJ), la Empresa para la Conservación de la Ciénaga de Zapata (ECOCIENZAP), el Grupo de Especialistas en Cocodrilos de Cuba (GECC), el CITMA y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Cuba, OnCuba conversó con Etiam Pérez, Licenciado en Biología (2002) y Máster en Zoología y Ecología Animal (2013), quien desde su graduación se desempeña en el Criadero de Cocodrilos de la Empresa para la Conservación de la Ciénaga de Zapata, aportando su experiencia al cuidado y preservación de esta especie única de Cuba.

¿Qué factores han puesto históricamente al cocodrilo cubano en peligro y qué amenazas persisten hoy?
Existen evidencias que sugieren que la hibridación es ancestral y probablemente se deba a la cercanía evolutiva entre las especies, ya que hay poco tiempo de divergencia.
La caza, ilegal o no, ha tenido un impacto considerable sobre las poblaciones de C. rhombifer. Registros fósiles encontrados en algunas islas del Caribe y en las Bahamas muestran que la especie tuvo una distribución más amplia, que se redujo drásticamente con la llegada de los europeos.
Durante la primera mitad del siglo XX, el comercio de pieles provocó la extracción de aproximadamente 90 mil cocodrilos en la Ciénaga de Zapata. Aunque no siempre se distinguía entre especies, se estima que la mayoría eran C. rhombifer, debido a la mejor calidad de su piel y a su comportamiento más agresivo, que los hacía muy vulnerables a los cazadores. Después de años de veda, la población sufre nuevamente la presión de la caza ilegal, especialmente durante la crisis de los años 90, y actualmente esta sigue siendo la mayor amenaza.
La modificación del hábitat por actividades humanas también ha afectado negativamente a la especie. Desde la llegada de los europeos a Cuba se han producido cambios en los ecosistemas que habita, como deforestación, construcción de canales para extracción de madera y carbón vegetal, y la desecación de pequeños cuerpos de agua dulce para la agricultura y el abastecimiento humano.

¿En qué consiste el trabajo conjunto que realizan para la preservación del cocodrilo cubano?
Mira, más que un proyecto para conservar el cocodrilo cubano, lo que tenemos es un programa para la conservación del género Crocodilus en la Ciénaga de Zapata. Como ya mencioné antes, la hibridación ocurre entre el cocodrilo cubano y el cocodrilo americano, las dos especies de este género que tenemos en la zona.
Ahora, muchos consideran la hibridación como una amenaza, pero para algunos especialistas, como en mi caso, no necesariamente tiene que serlo. Lo que está ocurriendo es que tenemos una población muy local; el cocodrilo cubano solo está aquí en la Ciénaga, y probablemente lo que estamos viendo sea un proceso natural donde dos especies se están juntando. Lo más probable es que eventualmente ocurra una especiación, o sea, que nazca una nueva especie.

La población de cocodrilo americano aquí no es tan grande como para desplazar al cubano, y hoy en día lo que más vemos son ejemplares híbridos. Por eso, para nosotros también es importante la población de cocodrilo americano y el proceso de hibridación; no se pueden ver separados.
Ahora, hablando de la conservación del cocodrilo cubano dentro de este programa, tenemos dos líneas fundamentales: conservación in situ y ex situ. La in situ se refiere a las acciones sobre las poblaciones naturales de cocodrilo cubano, y la ex situ es lo que hacemos en cautiverio, desde nuestra institución.

En cautiverio nos dedicamos a mantener una población que sirve para estudiar biología, comportamiento, fisiología, en fin, aspectos que pueden ser complicados de investigar en la vida silvestre. Estos resultados nos sirven como línea base para después explorar en vida libre, con experimentos y diseños de investigación más concretos.
Además, utilizamos algunos ejemplares para reintroducción. Hacemos liberaciones de cocodrilos criados en cautiverio, especialmente pequeños, en zonas cercanas al criadero. También los usamos con estudiantes nacionales y extranjeros, y como parte de nuestra investigación sobre la efectividad de estas liberaciones en vida libre.

En las poblaciones silvestres, nos centramos en estudios de salud animal bajo el concepto de “One Health” o “Una Sola Salud”. Esto significa usar a una especie para conocer enfermedades o su estado de salud y, a partir de eso, inferir la salud de los ecosistemas. Si los ecosistemas están saludables, las poblaciones humanas también estarán más saludables y serán más resilientes a cambios climáticos.
Además, hacemos estudios de genética molecular, ecología de desplazamiento, patrones de movimiento geográfico, selección de hábitat y factores que influyen en dónde viven los cocodrilos. También monitoreamos la población: cuántos hay, cuántos híbridos, cuántos machos y hembras, jóvenes y adultos. Esto toma muchísimos años, requiere muchas muestras y visitas a las áreas en distintas estaciones del año.

¿Qué instituciones y especialistas participan actualmente en el proyecto y cómo se coordina el trabajo entre biólogos, veterinarios, técnicos de campo y otros actores locales?
El programa está liderado por la Empresa para la Conservación de la Ciénaga de Zapata, y participan muy pocas instituciones en Cuba: la Universidad de La Habana, la Facultad de Biología, algunos especialistas de Flora y Fauna, y nosotros, los dos especialistas principales: yo, biólogo, y Gustavo, médico veterinario. Además, contamos con los cocodrileros, quienes manejan los cocodrilos en cautiverio, los alimentan, limpian los tanques y nos ayudan en campo.
También colaboramos ocasionalmente con CITMA y el Instituto de Medicina Veterinaria Estatal, y mantenemos relaciones con instituciones extranjeras para investigaciones particulares. En cuanto a actores locales, trabajamos con comunidades de la zona, principalmente como guías, porque conocen bien el territorio y pueden reaccionar rápido ante cualquier problema. También hemos colaborado en educación ambiental, con comunicadores locales que nos ayudan a difundir campañas de conservación.

En el caso de las liberaciones o reintroducciones, ¿qué criterios utilizan para seleccionar los sitios más adecuados para la supervivencia de los ejemplares?
Para liberar cocodrilos en cautiverio, consideramos varios factores: el área de liberación, la presencia de cocodrilos americanos, la disponibilidad de alimento, la cercanía a comunidades humanas y la protección del sitio frente a la caza ilegal. Por eso, últimamente liberamos ejemplares pequeños: son menos atractivos para cazadores y tienen tiempo de adaptarse al medio.

¿Cómo surge la idea de lanzar la iniciativa de crowdfunding “Nos vemos pronto, cocodrilo”? ¿Qué los motivó a recurrir a un modelo de financiamiento colectivo para un proyecto de conservación?
La iniciativa surgió hace un par de años. La Fundación Antonio Núñez Jiménez (FANJ) y el PNUD nos propusieron probar esta plataforma para financiar proyectos de conservación. Más que solo conseguir dinero, nos pareció interesante como experiencia en Cuba. Recolectaremos fondos hasta febrero; después tomará varios meses comprar, construir y probar los transmisores, obtener permisos, etc. Estimamos que en unos cinco o seis meses estarán funcionando, recolectando información sobre georreferenciación de los cocodrilos liberados.
¿Qué tipo de equipamiento o acciones concretas podrán financiarse con los recursos recaudados?
Además de los transmisores, hacemos acciones de educación ambiental con comunidades locales y turistas, para que comprendan la importancia de la especie y reduzcan la demanda de carne o piel de cocodrilo. Los fondos también ayudan a financiar expediciones de campo y el monitoreo de los ejemplares.

¿Qué indicadores están utilizando para evaluar si las acciones de preservación están funcionando?
Medir el impacto de la educación ambiental es complicado y toma muchos años. Por ejemplo, evaluar cuántos niños realmente cambian su comportamiento frente a la biodiversidad es algo que solo se ve con el tiempo. Estimar la población de cocodrilo cubano también es difícil debido a la hibridación: distinguir un cubano de un híbrido es fácil al principio, pero tras varias generaciones se parecen mucho y solo los análisis moleculares nos permiten identificarlo correctamente.
Actualmente estamos en un proceso de monitoreo y toma de muestras para análisis moleculares a gran escala, lo que nos permitirá evaluar el estado de la población y los efectos de nuestras acciones en los próximos 3 o 4 años.
En cuanto a la iniciativa de crowdfunding, su objetivo no es un impacto directo sobre la conservación, sino recolectar información ecológica que nos permita tomar decisiones más acertadas en el futuro, como seleccionar sitios de reintroducción óptimos.

¿Qué papel juegan las comunidades locales de la Ciénaga de Zapata en este proyecto? ¿Existe un componente educativo o participativo asociado a la campaña?
El papel de las comunidades locales también incluye la educación ambiental. Buscamos involucrarlas, identificar personas motivadas por la conservación y fomentar un uso racional de los recursos naturales.

¿Qué sueñan o visualizan para el futuro del cocodrilo cubano en los próximos 10 o 20 años?
Nos gustaría que la población de cocodrilo cubano se restableciera a los niveles históricos de hace 300 o 500 años y que sus hábitats fueran saludables. La realidad es incierta; somos pocas personas trabajando a tiempo completo y enfrentamos amenazas como la caza ilegal.
Sin nuestro programa, en cinco años podría no quedar ningún ejemplar en vida libre. Por eso, aunque el futuro es incierto, nuestro trabajo es esencial para mantener viva la especie y su hábitat.
Si quieres ayudar, saber más sobre esta iniciativa o compartir los contactos de personas, instituciones o redes que pueden ser potenciales donantes, puedes escribir a: seeyoucrocodile@gmail.com.












