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La última vez que Cuba y Puerto Rico se enfrentaron en el Clásico Mundial de Béisbol, al menos dos miembros boricuas del Salón de la Fama de Cooperstown terminaron frustrados sobre la grama artificial del parque Hiram Bithorn. El primero, Iván Rodríguez, figura en el Top-3 de los mejores receptores de Grandes Ligas entre los años 90 y la primera década del presente siglo.
“Pudge” fue el último out de aquel partido ante un picheo tan indescifrable como el nombre de quien se lo lanzó, el camagüeyano Vicyohandri Odelín, autor de un inolvidable relevo que salvó los muebles para Cuba y enterró las aspiraciones puertorriqueñas frente a 19 733 fanáticos en el corazón de San Juan.

El “garabato” de Odelín, como él mismo bautizó su mejor arma, selló una victoria memorable para los antillanos y uno de los golpes más duros en la historia del béisbol boricua, que vivió en su propio patio la eliminación del primer Clásico. Nadie sufrió tanto aquel día como Iván Rodríguez, no solo por su ponche para decretar el out 27, sino por otras jugadas en las que fue muy evidente su decepción.
En el tercer inning, le pegó un manotazo al bate tras conectar un batazo de foul frente a los envíos del santiaguero Ormari Romero. Para colmo, después fue víctima de un espectacular fildeo de Michel Enríquez en tercera base, saltando para capturar un lineazo soberbio del máscara boricua.
Su martirio continuó en la séptima entrada, cuando intentó empatar el duelo con un corrido desde primera base y fue puesto out en la goma por un gran tiro de relevo de Yulieski Gurriel. Bajo la lluvia, “Pudge”, furioso, lanzó el casco contra el suelo luego de que Ariel Pestano lo sentenciara y dejara la pizarra con ventaja mínima (4-3) para Cuba.

Ese momento, por cierto, también frustró a Carlos Beltrán, otro miembro del Salón de la Fama que vestía la casaca boricua. El estelar toletero tuvo una batalla de diez lanzamientos contra Yuniesky Maya, a quien logró vencer con un sencillo al central, pero la jugada terminó con Rodríguez liquidado en el plato.
Un antes y un después
El próximo 15 de marzo se cumplirán exactamente 20 años de aquel memorable partido entre boricuas y antillanos, el cual dio pasaje directo a los dirigidos por Higinio Vélez hasta las semifinales en San Diego. Cuba, la supuesta “Cenicienta” del Clásico al no tener a ningún pelotero del sistema de Ligas Mayores, de pronto estaba entre los cuatro grandes.
Ese resultado, unido a la posterior victoria sobre República Dominicana y el pase a la final contra Japón, ayudó a enmascarar los profundos problemas internos del béisbol cubano. Además, puso mucha presión sobre los siguientes equipos cubanos, que tuvieron que enfrentarse al mayor torneo de selecciones en medio de una terrible crisis estructural y de la estampida masiva de buena parte de su material humano más calificado.
El desenlace de 2006 también alimentó la épica y la narrativa triunfalista del deporte de las bolas y los strikes en la isla, algo similar a lo que ocurrió en la edición de 2023, cuando Cuba volvió a alcanzar las semifinales tras dar entrada en el equipo a una docena de profesionales emigrados que antes no eran considerados elegibles para defender las cuatro letras.
El denominador común entre ambos resultados es que ninguno mostró el verdadero nivel interno del béisbol en Cuba, lastrado por años de malas decisiones, daños económicos y fuga de talentos. Por otra parte, estas ubicaciones entre los cuatro grandes nos llevaron a cuestionarnos hasta dónde podría llegar una selección de la isla con la participación de todas sus estrellas profesionales, duda que todavía hoy persiste.
Y ahora viene lo bueno
Cuba tenía una ruta muy clara en la sexta edición del Clásico Mundial de Béisbol: ganar dos partidos frente a Panamá y Colombia en las primeras presentaciones y pelear luego contra Puerto Rico y Canadá, los peces gordos del grupo, según los pronósticos especializados.
La primera parte del plan se ha cumplido al pie de la letra y ahora vienen los exámenes decisivos, las pruebas que determinarán si Cuba supera la ronda inicial del Clásico por sexta ocasión consecutiva, algo que hasta ahora solo ha conseguido Japón. Los otros que pueden igualar ese récord histórico son Estados Unidos y los propios boricuas.
Clásico Mundial: Germán Mesa ve al equipo cubano con “confianza” para derrotar a Puerto Rico
Pero el béisbol no es una ciencia exacta y los resultados del pasado no aseguran nada en el presente. Eso lo tiene claro el mánager Germán Mesa, que se sabe a medio camino de una improbable clasificación a la segunda fase según los vaticinios de múltiples especialistas, basados en el convulso proceso de conformación de la nómina y la ausencia de las principales estrellas del país.
De momento, todo eso ha quedado atrás. Cuba ha superado a panameños y colombianos a golpe de buenas actuaciones monticulares, defensa certera y una ofensiva que ha mostrado destellos de casi todos sus efectivos.
“El ambiente aquí es muy positivo. Los chicos son increíbles; se divierten mucho jugando, y de ahí partimos con mucha seriedad, y conseguimos el resultado. Sobre todo por la actitud positiva que tienen con los partidos y la hermandad que se vive en el equipo. Eso es fundamental para avanzar”, apuntó este domingo Germán después de vencer a la novena cafetera.
El mismo espíritu tendrán que mantenerlo contra Puerto Rico, un rival mucho más exigente que contará con el apoyo de su fanaticada en San Juan. ¿Podrá Cuba silenciar a esa multitud como 20 años atrás o finalmente los boricuas lograrán la esperada revancha? Visto lo visto, es complicado poner las manos en el fuego. Que el terreno diga la última palabra.












