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Ever Fonseca, Premio Nacional de Artes Plásticas (2012), falleció este domingo a los 88 años en La Habana. Sus cenizas serán sepultadas en el Cementerio de Colón, cumpliendo su voluntad, indicó un comunicado del Ministerio de Cultura.
Nacido el 20 de febrero de 1938 en la localidad de Ojo del Agua, provincia de Granma, Fonseca se incorporó a la lucha revolucionaria en la Sierra Maestra y luego se desempeñó como instructor del Ejército Rebelde. Posteriormente, fue fundador y primer expediente de los cursos de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de La Habana (1962-1967), donde ejerció durante más de dos décadas en los tres niveles de enseñanza. Su trayectoria lo convirtió en referente pedagógico y en un puente entre generaciones de artistas.
En la década del 60, fue el primer pintor cubano invitado a realizar una exposición personal en el Museo Nacional de Bellas Artes, titulada Óleos de Ever Fonseca. Hacia 1970, esas obras pasaron a formar parte de la colección permanente de la institución, consolidando su lugar en la historia del arte cubano.

Reconocimientos y presencia internacional
Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos (AIAP), Fonseca realizó decenas de exposiciones personales y más de 400 colectivas en más de 25 países.
Su obra forma parte de colecciones permanentes y privadas en Estados Unidos, Suiza, Lituania, Polonia, Alemania, Yugoslavia, Colombia, Puerto Rico y Ecuador, entre otros.
El Consejo de Estado de la República de Cuba le otorgó la Distinción por la Cultura Nacional y la Medalla Alejo Carpentier. También recibió la Medalla Raúl Gómez García, conferida por el Sindicato de Trabajadores de la Cultura. Estos reconocimientos reflejan la magnitud de su aporte artístico y cultural.

La voz del creador
En una entrevista concedida en 2016 para el portal Cubarte, Fonseca reveló su visión íntima del arte y la vida. “El artista es un gran comunicador y cuando se puede comunicar se está haciendo el bien”, afirmó con serenidad. Para él, la pintura era un acto de espiritualidad y de conexión humana.
Sobre su proceso creativo, confesó: “Me siento plenamente creador. Lo que tengo es más información, conozco más el lenguaje, puedo expresarme más, tengo más habilidades, la experiencia del trabajo”. Su reflexión mostraba la madurez de un artista que nunca dejó de reinventarse.
Fonseca también veía la música como parte inseparable de su universo creativo: “El ritmo de la música es el mismo de la pintura. La música y las artes plásticas son la misma cosa, una con el color y la otra con el sonido”.
Más allá de los reconocimientos, Fonseca fue un hombre que valoraba la sensibilidad y la espiritualidad. “Nacer de algo es hermoso… También es bello ver el devenir y desarrollo de la cultura y no siempre le damos importancia”, expresó en aquella conversación. Su mirada trascendía lo material y se enfocaba en lo humano, en la capacidad de comunicar y transformar.
Incluso en la etapa final de su vida, marcada por problemas de salud, mantuvo el humor y la vitalidad: “Por poco me muero… No podía respirar y si me indignaba era peor”, recordó entre risas. Esa actitud refleja la fuerza interior que lo acompañó hasta el final.
Obras más sobresalientes
De acuerdo con el criterio experto de Ar’KarStudios, entre sus series más representativas se encuentran: “Cuentos de monte y río”, una serie que retrata leyendas y mitos rurales, entrelazando la fauna y la flora cubana con figuras humanas llenas de simbolismo. “Los protectores”: Pinturas que exploran la espiritualidad y la conexión entre los seres humanos y la naturaleza. “Visiones del Caribe”: Obras que evocan la riqueza cultural y la vitalidad de la región caribeña.
Estas piezas, llenas de texturas, colores vibrantes y composiciones dinámicas, han sido exhibidas en importantes galerías y museos alrededor del mundo.
Una opinión crítica
Para el crítico, curador y periodista Toni Piñera, en Ever Fonseca destaca, en primer lugar, la fuerza cromática y simbólica de su obra, capaz de atrapar al espectador en un tejido de formas y colores que revelan la esencia cubana y caribeña.
El creador construyó un lenguaje propio donde la naturaleza y el ser humano dialogan en una poética visual que lo convierte en uno de los pintores más auténticos de Cuba, estimó Piñera.
El crítico subraya que la obra de Fonseca es un itinerario vital marcado por su origen en Manzanillo y por la figura mítica del jigüe, que acompañó su sensibilidad creadora.
Sus cuadros, cargados de vegetación, animales y paisajes rurales, transmiten anécdotas y mitos que reflejan una cubanía innata.

Además, su trayectoria como fundador y profesor de la Escuela Nacional de Artes consolidó su papel como formador de generaciones, siempre con un estilo inconfundible.
Finalmente, Piñera resalta la evolución técnica y espiritual del artista: desde las líneas sensuales de los años 60 y 70 hasta la paz y madurez de sus últimas etapas.
La línea, como elemento constructivo, es central en sus composiciones, y aunque el tiempo transformó su obra, nunca perdió el toque silvestre de su personalidad.
Fonseca logró seducir a espectadores de Cuba y el mundo, acumulando premios y dejando una huella que trasciende lo pictórico para convertirse en patrimonio cultural, consideró el también profesor de arte Toni Piñera para el portal NovelaCuba.










